lunes, 3 de mayo de 2010

Tu casa


¿Cómo estará tu cuerpecito sin tu alma de pluma?
¿Cómo hará para dejar de lado la lluvia que lo moja sin mojarlo, el aire que lo roza sin rozarlo, el sol que nunca alcanza a calentarlo?
¿Qué harán tus manos quietecitas entre tanto silencio sin nada que tocar para saber que hay mundo?
¿De qué color se pintará la muerte para lograr que te quedes con ella allá donde te tiene?
¿Qué música le ofrecerá a los caracoles que eran tus orejas para que estén aún escuchando todas sus melodías sin oírme?
Acá quedaron vientos que soplan sin mirarte, zapatos que se aburren de caminar por calles sin tus pasos, tazas que se rompieron de tanto beber solas, maletas que se abrieron sin saber cuál era el itinerario de los mapas.
Adentro de los vasos crecen musgos azules en el rezago violáceo de la cena y la piedras se llenan de tus dedos ausentes sobre mi piel desierta.
¿Cómo estará tu cuerpecito de tantos tantos días de insectos que lo habitan?
¿Y tus ojos perdidos para siempre?
¿Y tu sangre enfermita, sin el abrigo temprano de mis manos?
¿Qué tendré que decirle a los pájaros que lleguen este invierno y vengan a buscar las migas que les dabas?
¿Qué deberé explicar a las sábanas que lloran de tristeza cada noche como si fuera cierto que te moriste y no volverás a rozarlas porque tu cuerpecito ya no duerme ni sueña y tu alma se vuela entre plumas de ángeles de largas cabelleras y cojines celestes?
No sé qué más hacer para calmar el rugido del aire adentro de mi cuerpo que espera que vengas a abrazarlo y da vueltas entre mi corazón y mis pulmones que es una sala ancha donde se oyen mis pasos solitarios.
¿Dónde estará tu risa ahora que tu boca se ha llenado de hierbas y estás siempre tan solo, tan vos, tan mío para siempre?
Hice un largo camino de colores para que sepas dónde queda tu casa: el centro de mi alma que te aguarda.

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