domingo, 6 de junio de 2010

Escritura

Yo ya sé que te has muerto -cómo ignorar las noches como abismos, el frío que corrompe mi garganta, las lágrimas que agrietan mis mejillas, los silencios largos como un exilio-.
Lo que yo no sabía hasta hoy era que escribir podía ser tan solitario.
Pienso a quién darle mis libros para que los complete con comentarios hechos con lápiz negro en los bordes y sólo te veo a vos y mis libros se mueren de tristeza porque se fue quien los mecía, los despojaba, los liberaba...
Y nadie viene para decirme qué bello lo que digo con una voz suavísima en el túnel sin fin de mis orejas.
Así es estar sola.
Así es que hayas muerto.
Es escribir para nadie lea por vez primera y me diga que sí o me diga que no mientras pasa sus manos por mi cabeza que descansa en su pecho.
Entonces no sé para qué hago lo que hago si no encuentro en mis bordes tu lápiz que me amaba.

1 comentario:

Silvia dijo...

De ninguna manera es como si. Jamás podría ni siquiera acercarse a. No hay posibilidad de que sea como. No. Eso no.Pero, quizás, cada tanto puedas sentir el silencio de los que te leemos como una livianísima caricia sostenida, que te agradece por tanta belleza.

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