jueves, 24 de junio de 2010

Invierno


Extraño tus brazos envolviendo mi cuerpo como una manta de viaje contra el frío y la humedad del invierno. En el mundo no hay edredones que puedan compensar tu ausencia y las almohadas suspiran de desolación porque no tienen sueños que puedan habitarlas, ni secretos que escuchar en la penumbra entibiecida de la noche. Afuera sopla el Austro y la tormenta intenta cuajarse mientras a tantas cuadras tus huesecitos se mueren una vez y otra vez de soledad irremediable y de silencio y yo tirito con mi pullover rojo que te extraña sobre la piel desnuda para siempre sin tus manos, sobre mi cuello llovido sin tu boca, sobre mi nuca sola sin tu aire. ¿Con quién hablaré cuando las cosas que tengo que decir me empujen las entrañas y no cesen ya de doler? ¿A quien acunaré para que no lamente las cosas que no fueron, la historia que se pudo, la vida que pasó? Desde tu muerte tan próxima le hablás a mi presente y yo siento el frío entre los dientes una vez más.

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