La puerta de marfil

Me he servido un té, en esta hora de la mañana en que todos duermen menos yo.
Lo he bebido en silencio, vacía de palabras que acudan a explicar la soledad y la pena.
Todo sigue su rumbo tachonado de pequeños instantes de alegría en medio de la desolación. Ya sé que es así siempre la vida aunque a veces parezca doler más.
Dicen todos que admiran mi fortaleza frente al viento que arrecia con frecuencia.
Sólo yo sé cuánto hay de coraza y cuánto de medular fragilidad.
El té se agota con rapidez y hay que volver a servirlo.
A mis pies hay una madeja de hilos deshilachados que ya no se puede anudar.
Las sábanas flotan tendidas en la brisa que sopla desde el mar.
Querría que estuvieras a mi lado, con tu taza en la mano, viendo subir el sol.
Pero -como Eneas- siempre me toca la puerta labrada en marfil.

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