miércoles, 23 de junio de 2010

La puerta de marfil

Me he servido un té, en esta hora de la mañana en que todos duermen menos yo.
Lo he bebido en silencio, vacía de palabras que acudan a explicar la soledad y la pena.
Todo sigue su rumbo tachonado de pequeños instantes de alegría en medio de la desolación. Ya sé que es así siempre la vida aunque a veces parezca doler más.
Dicen todos que admiran mi fortaleza frente al viento que arrecia con frecuencia.
Sólo yo sé cuánto hay de coraza y cuánto de medular fragilidad.
El té se agota con rapidez y hay que volver a servirlo.
A mis pies hay una madeja de hilos deshilachados que ya no se puede anudar.
Las sábanas flotan tendidas en la brisa que sopla desde el mar.
Querría que estuvieras a mi lado, con tu taza en la mano, viendo subir el sol.
Pero -como Eneas- siempre me toca la puerta labrada en marfil.

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