viernes, 11 de junio de 2010

Musée du Moyen Age: La dame et le licorne



Me bajé en Cluny y caminé bordeando el parque medieval detrás de la abadía. Había algo sagrado en el momento que no quería apurar. La mañana ardía de calor. Me senté en el patio y esperé mirando las paredes, el aljibe, las gárgolas. Ella estaba allí, tras esas puertas, aguardando mi llegada después de tantos años. Era una cita programada a la distancia. Voy a París a verla, dije, Y su recuerdo apretaba mi corazón. Paseé por las salas, una tras otra, demorándome hasta lo infinito. Nada agudiza tanto el deseo como saber que está allí, al alcance de las manos, y podemos posponer el momento del placer con entera conciencia de la factibilidad de la felicidad. Finalmente, la escalera. Tuve en ese instante la sensación de una epifanía: allí arriba, después que yo subiera uno por uno esos escalones, estaba ella para hablarme de su sólo deseo, de los sentidos como única puerta de acceso al conocimiento. Lejos de cualquier alegoría propia del pensamiento medieval, el encuentro era mío con ella: con su fina figura, con sus manos delgadas que prueban las uvas y rozan al unicornio. Y al cabo del ascenso, la sala en penumbras, la gente en susurros y ella allí. Para mí, sólo para mí.

1 comentario:

Acuática dijo...

Tamén a min me quedou gravada esta dama, un descubrimento por casualidade.

Saúdos

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