domingo, 4 de julio de 2010

Nosotros


En este país siempre hay culpables que se señalan con el dedo después.
En este país siempre hay que doblar las rodillas y agacharse.
En este país siempre hay dueños de cada cosa: de la tierra, del sudor ajeno, de las palabras, de los triunfos.
En este país los que ganaron siempre marcan la piel de los que siempre pierden.
En este país hay quienes creen que la verdad también tuvo y tendrá dueño.
En este país hay quienes callan y esperan que caigan los que hacen para matarlos.
En este país hay quienes fueron videlistas y se volvieron demócratas, peronistas y se hicieron gorilas, comunistas y luego liberales, galtieristas y después vengadores.
No puedo hablar de fútbol (a duras penas entiendo la posición adelantada): hablo de historia.
La palabra patria les queda grande a los trajeados de la tele que la invocan antes de cada verbo.
Esos que no se bancan el sudor de un par de negritos que tienen la arrogancia de decir quiénes somos, de sostener una identidad con la que los "patriotas" no comulgan porque no va a venir nadie a decirnos cómo jugar al fútbol y cuando las cosas salen mal, brotan como vampiros a sorber la sangre que pisotearon antes.
Y nosotros gritamos porque no estuvimos en los aviones del 55 ni molimos a palos a nadie con los Bastones Largos ni agujereamos cuerpos aquel mediodía en Ezeiza. Nosotros fuimos torturados con cada secuestrado, tenemos desaparecidos y exilados que nos parten el alma, acumulamos muertos, golpeados, chicos asesinados en una guerra ilógica. Nosotros no firmamos puntos finales ni obediencias debidas, no multiplicamos vinchucas en los ranchos ni quemamos los libros, nosotros no firmamos pactos avergonzantes, indultos lamentables.
Nosotros somos los que ahora lloramos no porque tengamos que volvernos, sino porque ya prendieron la hoguera y acercan los carbones de sus frases para quemarte, Diego. No te preocupes, Gordo, nosotros resistimos a cosas más difíciles y seguimos cantando.
¡Vamos, putos, canten!
¡Diegó, Diegó!

Hay una clase de hombres que siguen conmoviéndome: los que hacen de su hacer lo que son.
Maradona es uno de ellos: porque salió de la nada, porque es arrogante y nadie lo perdona, porque atravesó infiernos, porque tiene el alma quebrada por sus sueños, porque dice lo que todos se callan, porque es soberbio, porque tiene el tupé de reivindicar su origen y mezclarse con todos los indeseables que siguen habitando este planeta, porque se contradice, se enoja, se fragmenta: no te vayas a ningun lado, Diego, no te vayas: vos sos esto que hacés, si no lo hacés vas a morir de pena. Nosotros te seguimos bancando y la sabemos larga de resistir tormentos, vendavales, gente que dice "patria" y se vendió hace siglos al que le puso plata. No te vayas, Diego, no te vayas.

3 comentarios:

dip dijo...

Alto y claro!!! Diegó Diegó!!!

Mónica Volonteri dijo...

Es increible, Juli, como yo sin vivir hace años en ese que fue mi país y lo sigue siendo, pensé y sentí lo mismo que escribiste. Quizá no pensando en Maradona específicamente, pero sí en la rueda perversa de usar a los de abajo y callarlos cuando molestan. Creo que lo único que podemos hacer todos nosotros es seguir molestando, diciendo, insistiendo hasta al cansancio que somos mestizos, zambos,mulatos, indígena y negro como toda América y que los europeos "blancos" que trajero los de émulos de Sarmiento y companía para blanqueranos no eran tan blancos, eran una horda de gente muerta de hambre y los muertos de hambre no tienen color, tienen hambre. En fin, el fútbol es una gran metáfora del juego de la historia y en este juego, como en todos, si no se puede ganar, por lo menos se molesta.

Silvia dijo...

Algunos dicen: "sí, Maradona como jugador es indiscutible, pero como persona..." Será que no entiendo nada de fútbol, pero yo al Diego lo quiero entero. Porque, como decís, salió de la nada, llegó a todo, cayó al abismo una y mil veces, se levantó y siguió cacareando y sacando pechito;el negrito, el villero, el grasa, el gordo; el amigo de Fidel, el que no puede pisar los EEUU, el que dice cosas geniales y barrabasadas, y se hace cargo, siempre.Cómo me gustó verlo salir a la cancha de nuevo acompañando a sus muchachos con esa estampa de patriarca gaucho. Cómo me alegró su alegría y cuánto me entristeció su tristeza.
Me alivió el gesto de solidaridad de los que fueron a esperar el equipo y les dieron una bienvenida a casa tan cálida. Tan mal no estamos.
Aguante el Diego, ahora y siempre.

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