domingo, 22 de agosto de 2010

Mutación

Te desvestís de tus fracasos
para emerger con una piel distinta.
Atrás quedaron las violencias,
adormecidas en el lado de la desolación.
Con paciencia infinita
te visitan las palomas de la alborada
para construir sus nidos
en la ternura que va creciendo en su lugar.
Unos bichitos verdes trazan sendas de fulgurante brillo
en el revés de tu cuerpo;
cuando te tensás de tristeza
y hacen ruido de lentejuelas en cada una de las lágrimas
que saturan tus párpados.
Te mirás las manos vestidas de musgos amarillos
y ves la sangre,
bajo tu piel traslúcida,
volver a correr una vez más.
A veces te estalla la cabeza
como una gran pompa de agua
y te ahoga con sus glóbulos de oxígeno irrespirable.
Caminás con el paso escurridizo de los peces plateados
hacia donde se terminan las sendas
y sólo quedan selvas silenciosas para desbrozar.

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