jueves, 23 de septiembre de 2010

Rojo


Hay que limpiar los senderos.
Una no puede quedarse durmiendo en los recodos donde se está tan quietamente segura.
Afuera un auto pasa y su estela roja queda suspendida unos segundos en el aire.
Me miro las manos y empiezo a reconocerlas como mías.
He subido los siete escalones de la sabiduría y cada vez sé menos de lo que creía saber cuando estaba abajo.
Sé que los muertos se murieron.
Sé que los vivos queremos morirnos junto a ellos.
Sé que entendemos que es una parte nuestra la que ha muerto.
Sé que hay otros fragmentos que continúan vivos.
Sé que nada termina y todo sigue su curso lentamente.
Sé que el duelo puede ser un refugio redondo donde nada alcanza a rozarme.
Sé que el auto pasó y su estela me golpea en el rostro y su aroma de acero me estremece el olfato y arriba el sol se refleja en sus vidrios.
Y me pregunto cómo ha sido posible -qué otra cosa debería pensar en estas circunstancias-
La tercera persona para asumir que hace ya siete meses que la vida era otra y que ahora es esta: imperfecta, insegura, vacilante, dolorosa y aciaga; pero esta: la que tengo en las manos que vuelvo a observarme y que tocan la estela roja que ha dejado el auto como una reverberación bajo el sol de la tarde.

1 comentario:

Seroma dijo...

entre tus fotos y tus letras opto por ambas... Gracias
Seroma
www.estonoesunafoto.blogspot.com

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