jueves, 28 de octubre de 2010

El pueblo peronista


A Néstor, lo voté en el 2003 sólo para que no ganara el otro. No la voté a Cristina en el 2007 .
Ayer a la tarde tuve miedos diferentes, sentí cosas dispares que fueron desde la rabia por las palabras de quienes ya se relamían de la supuesta fragilidad de la condición femenina, que siempre parece necesitar de tutores masculinos para resistir; al miedo por fantasmas viejos vestidos de verde militar aunque lleven traje.
A la noche fui a la Plaza, junto al pueblo peronista -al no que no pertenezco- como otras veces en que estuve a su lado con una emoción que me nace en las entrañas y me sube a la garganta sin que yo pueda explicar qué es. Y el miedo se me fue cuando mi cuerpo se mezcló con esa masa compacta en la que apenas había espacios por donde transitar. Ese pueblo eran personas encuadradas bajo una bandera; eran personas sueltas; eran rubios, morochos, castaños, pelirrojos, altos, bajos, gordos, flacos; estaban vestidos con ropa de marca o en camiseta; eran padres, abuelos y niños; y eran muchos, muchos jóvenes.
Entonces lo supe: Cristina había enviudado y con eso le iba a tocar lidiar en lo más profundo de su corazón; pero le había nacido un muro de manos agarradas, de cuerpos ensamblados que la sostenían, que la sostendrían y le levantarían la mirada cuando se sintiera decaer.
Entonces lo supe: la única verdad eran esas personas; eran esos tipos que deambulaban con una florcita en la mano; esos que ahora gritan que nadie los llevó por un choripán, que están ahí porque tienen una ideología que no ha muerto, que sigue viva -le pese a quien le pese-; esos que piden respeto a su dolor cuando los hijos de puta de siempre desembozan su alegría; esos que tantas veces fueron maltratados, golpeados, olvidados, desaparecidos, torturados. Esas personas son la sangre de la patria y ellos -sólo ellos- son la única verdad.
Entonces lo supe: esa mujer -querido Rodolfo Walsh, ahora es otra- tiene los ovarios del tamaño de una montaña para estar como está, íntegra y dignísima, junto al féretro de su marido, con la solidaridad de su pueblo que le grita cara a cara su afecto, su apoyo, su solidaridad combativa; que le trae obsequios que ella coloca -como un personaje trágico- sobre el cajón.
Entonces lo supe:
Mientras las calles y las plazas estén repletas, NO PASARÁN.
Mientras los jóvenes vuelvan a creer que es posible cambiar la realidad, NO PASARÁN.
Y quise formar parte de ese pueblo, de esas personas que lloran, ríen, piensan, sienten y son la Patria.

8 comentarios:

Mónica Volonteri dijo...

Impecable.Como siempre nuestra cuerda sensible vibra con el pueblo, porque latín más latín menos: somos el pueblo.

Anónimo dijo...

Sí Juli, y justamente esa florcita medio chamuscada que alguien tenía en la mano, el osito que colgó de la reja el muchacho alto que estaba con su mamá, la "bienvestida" y el que tenía ropa de trabajo, todos, somos el pueblo. Yo tambien tuve primero tristeza, miedo y después cuando fui ayer a la plaza entendí del porque del odio de los otros. Entendí que eso que nos hace vibrar a vos, a mi y a todos los que estabamos en la plaza no se siente en los espacios que los del odio transitan. Alicia Motta

Anónimo dijo...

Gracias! Me sentí muy identificada con tu texto y se me hizo un nudo de emoción en la garganta. ¿Puedo compartir el link para que mis amigos lo lean?

Julieta Pinasco dijo...

Por supuesto que podés compartir el link.
Gracias y un abrazo
Julieta

Anónimo dijo...

Gracias, Julieta!

Macachines dijo...

Gracias Julieta, por esta crónica, maravillosa. ¡¡Cómo me gustaría estar allí en estos días!!

Eduardo dijo...

Lo leo recién visitando tu blog, lo leo con los ojos nublados por las lágrimas que al igual que las cuentas de un rosario van pasando una tras otra. Y no son lágrimas solo por la partida de nuestro lider, sino por la lucha permamente de esta mujer hecha de amor y de hierro, que a pesar de los buitres de afuera y de adentro, sigue, sigue, tenazmente sigue, obsecadamente continúa luchando por su pueblo y su dignidad. GRACIAS JULIETA!!! TU BLOG Y TUS PALABRAS NO TIENEN DESPERDICIO!!!!!!!!!!!!!!!

Eduardo dijo...

Estoy leyendo estas líneas con mis ojos nublados por las lágrimas, no son sólo lágrimas por el recuerdo del líder muerto, son lágrimas de agradecimiento por el tiempo transcurrido viendo a la MUJER, A LA CONDUCTORA, A LA MADRE, luchar, sufrir, seguir y seguir, tenazmente, obsecadamente, sin medir dolores por su pueblo, por su gente, especialmente por LOS NADIES..., por aquellos que siempre fueron dejados fuera de la historia..., te doy gracias, desde lo más profundo de mi corazón y de mi alma, que diariamente camina estas calles de La Matanza donde ese triste día salieron miles y miles con sus florcitas arrancadas del camino de tierra que les toca patear diariamente para decirle gracias a un hombre y a una mujer que día a día construyen DIGNIDAD, A PESAR DE LOS BUITRES DE AFUERA Y DE ADENTRO QUE DESEAN COMERLE EL HIGADO A ELLA Y EL FUTURO Y LA DIGNIDAD A MILLONES DE NADIES DE AYER, QUE SON HOMBRES Y MUJERES CON DIGNIDAD DE HOY..., GRACIAS JULIETA, QUE DIOS TE BENDIGA POR ESTAS PALABRAS, POR ESTE SENTIMIENTO!!!

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