miércoles, 15 de diciembre de 2010

Muerto el perro no se acabó la rabia

El día jueves 9 de diciembre he sido despedida de uno de mis trabajos después de 14 años de desempeño impecable sin que haya mediado controversia, conflicto o discusión. Ese día creí que mi alma se rompía y no tenía remedio en un año donde sólo he vivido pérdidas y dolores, algunos irreparables.
Pero desde el mismo momento en que fui despedida, mis alumnos -todos, los de ahora y los de estos catorce años- me abrazaron, me protegieron y defendieron con una lealtad y una entrega que me conmueve y me llena de orgullo. Sí, algo debo haber hecho, seguramente. Algo que que merecía esta conclusión y, si hubieran sido otros años, cosas peores.
Los chicos -esos adolescentes que creemos apáticos y desganados; esos jóvenes adultos a los que nada parace conmover- están comprometidos con su vida, con sus derechos y si algo aporté en que eso se hiciera carne, me siento satisfecha.
Lo demás, (los patios, las aulas, los pasillos...) van y vienen; pero la llama de la conciencia y del corazón permanece inalterable a través de los años. Esa llama no la enciendo yo, la encendemos todos juntos y la cuidamos y alimentamos, sentados en una ronda en la que nos vemos el brillo de los ojos repetido de uno en otro.
Como dije en mi Facebook: "Donde se me hizo silencio, otros abrieron huecos y sembraron palabras que estallaron como flores sorpresivas en mi vida. Desde el viernes a mediodía yo vivo en un jardín que nadie podrá quitarme porque es todo mío."


Lo que sigue abajo lo escribió Bernarda García, una ex alumna de la promoción 2002, socióloga ya, que cumple la difícil tarea de trabajar con los Derechos Humanos en la cárceles de este país. En su nombre, reproduzco y agradezco los miles de mensajes, cartas, palabras, abrazos que recibo desde el viernes y que me sostienen en medio de la pena y la tristeza.

Muerto el perro no se acabó la rabiaMe tomé unos días para escribirte… Lo cierto es que estaba muy enojada y sé –por cosas que leí en tu facebook y por otras que me fueron contando alumnos y ex alumnos- que adoptaste una postura de mucha tranquilidad y te llamaste al silencio. Hoy, que algo se apaciguó la violencia inicial que me generó la decisión del colegio, estoy más serena y, precisamente por eso, quiero dedicarte algunas palabras. Lo que me llevó a esperar este tiempo prudente se vinculó no sólo con el respeto hacia el camino que elegiste para lidiar con la situación sino –y sobre todo- con el intento de canalizar mi furia y mi dolor, y transformar toda esa energía en palabras, expresiones e ideas que te ayuden a atravesar este momento tan de mierda.
Más allá de que fuiste la persona que me condujo de la mano hacia el maravilloso mundo de la literatura, y que me permitió conocer esa forma de placer tan particular que ofrecen las diversas manifestaciones del arte (me iniciaste en el campo literario pero también disparaste otras inquietudes artísticas) tuviste una responsabilidad mucho mayor en mi formación. Siempre, por siempre, voy a mantener una deuda vital con vos, y con la contigencia de este mundo que hizo que yo estuviera sentada en el aula correcta, en el momento correcto, escuchando a la profesora correcta.
Gran parte de la persona que soy en la actualidad, casi todo aquello que me enorgullece de mí se vincula con vos. Porque con vos aprendí que las cosas pueden, y deben, ser cuestionadas. Con vos entendí, y escuché por primera vez, que la crítica debe empezar por casa y trasladarse a todas y cada una de las cosas que profundizan la injusticia y la inequidad tan características de nuestros tiempos. Gracias a vos entendí que hay un sentido posible en la vida y que debemos vivir buscándolo, comprometiéndonos con nosotros y con el resto. Con vos sentí lo que es la admiración profunda, intelectual y afectiva hacia un adulto. Y eso iluminó mi camino y me ayudó a tomar las decisiones centrales en mi vida. Sos la responsable del origen, o tal vez de la manifestación, de mi espíritu crítico. Esa es la herencia invaluable que dejaste, y dejás, en mi y en muchos otros.
Ahora no puedo evitar sentir una pena profunda por todos esos chicos, potenciales alumnos, que se perderán, por la decisión tan política de los nefastos de turno, la posibilidad de que “las puertas de su percepción” sean abiertas y sean llamadas a la expansión. Se perderán la sensación física, tan hermosa, de ser interpelados a desafiar las verdades establecidas. No tendrán, al menos durante su adolescencia, la complicidad de una mujer protectora pero paradójicamente tan liberadora. Crecerán, Juli, sin tu presencia y vivirán sin la dulce cicatriz, irreversible, de haber pasado por tus manos, tus abrazos y tus palabras. Cicatriz porque, como ya dijo Platón, luego de vivir con los ojos cerrados, el enfrentamiento con la luz los lastima. Y vos Juli queridísima, representás la luz que se prende en cada uno tus alumnos, los que vamos a ser eternos deudores de la magia que conlleva la apertura de nuestras mentes y corazones hacia lo más hermoso que tiene la vida: las ideas y la capacidad de pensamiento. Ya sabemos que el autoritarismo confunde, en una perversa operación ideológica, libertad con libertinaje. Y que no tolerará nunca las mentes con brillo crítico que dedican gran parte de su vida a la siembra de ideas contestatarias y cuestionamientos a la autoridad. Pero todos los adultos que pasamos por tu vida siendo adolescentes nos llamamos a demostrar que muerto el perro no se acabó la rabia… Hoy nos sumamos todos y repudiamos en forma colectiva las maniobras tendientes a la desestabilización de la educación responsable y comprometida. Lo que sembraste en nosotros ya lo estamos cosechando…
Te quiero Juli, te quiero con el alma. Y gracias por haberme dejado ser parte de tu “alumnado influenciado”. Ojalá todos pudiéramos cruzarnos, en algún momento de nuestras trayectorias, con seres tan influyentes como aquellos que tienen la facultad de cambiar el curso de una vida. O de muchas. Y vos, tamaña responsabilidad, sos uno de esos grandes seres humanos.
Infinitas gracias. Y mucha fuerza.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Julieta:
Soy madre de uno de tus actuales alumnos y vivo, desde casa, la orfandad que siente mi hijo por esto que ha sucedido en un colegio que ya no es el mismo. Me sigue llamando la atención cómo los chicos salen a defender a una profesora-la única en ese establecimiento-que conjugó un nivel académico de excelencia y una exigencia constante con un afecto y una calidez próximos. Quiero que sepas que los chicos no te van a olvidar jamás, que los padres te vamos a agradecer siempre que les hayas enseñado a uestros hijos que el esfuerzo es necesario, que la vida es defender quien uno es y sacar fuerzas en medio de las peores adversidades.
Como mamá te digo gracias y me pongo a tu disposición para lo que necesites.

Gabrielle Luna dijo...

Que noticia tan desagradable, seguramente no saben lo que estan perdiendo al dejar ir a una mujer tan genial como usted. Aqui en México, seria un gran honor tener una maestra tan maravillosa como usted. (no es un cumplido, es una invitación...)

Animo! usted siempre puede!!!!!!♥

Anónimo dijo...

Aprendi mucho

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