Entradas

Mostrando entradas de octubre, 2010

Las manos de Cristina

Imagen
Hubo algo de gesto trágico en esa mirada alta y en esas manos que fregaban el féretro para darle el brillo que ya tenía. "Es tu gente", parecían querer decirle al hombre que durante treinta y cinco años había sido el que entibiaba su costado en la cama, el que ahora le había sido brutalmente arrancado como cae la hiedra cuando se la quita del muro que la ampara. Frente a sus ojos empañados de lágrimas, sin que un solo movimientos delatara la hondura de su pena, desfilaba el otro protagonista de la tragedia: el coro. Esta vez eran hombres, mujeres, ancianos, niños, jóvenes -de a mares los muchachos, los que llevan la posta, los que tienen la bandera en la sangre, los entusiastas, los únicos, los nuevos. Y ella frotaba el ataúd para que él lo sintiera; para que, desde ese sitio impreciso donde el amor nos coloca a los muertos, escuchara esos gritos; a ver si con la euforia revivía y, quizá, la abrazaba. Pero los muertos son empecinados y no suelen levantarlos las manos amor…

El pueblo peronista

Imagen
A Néstor, lo voté en el 2003 sólo para que no ganara el otro. No la voté a Cristina en el 2007 .
Ayer a la tarde tuve miedos diferentes, sentí cosas dispares que fueron desde la rabia por las palabras de quienes ya se relamían de la supuesta fragilidad de la condición femenina, que siempre parece necesitar de tutores masculinos para resistir; al miedo por fantasmas viejos vestidos de verde militar aunque lleven traje.
A la noche fui a la Plaza, junto al pueblo peronista -al no que no pertenezco- como otras veces en que estuve a su lado con una emoción que me nace en las entrañas y me sube a la garganta sin que yo pueda explicar qué es. Y el miedo se me fue cuando mi cuerpo se mezcló con esa masa compacta en la que apenas había espacios por donde transitar. Ese pueblo eran personas encuadradas bajo una bandera; eran personas sueltas; eran rubios, morochos, castaños, pelirrojos, altos, bajos, gordos, flacos; estaban vestidos con ropa de marca o en camiseta; eran padres, abuelos y niños…

Cristina

Imagen
Nunca creí que iba a escribirte a vos.
Admiro tu capacidad discursiva y las cosas que hiciste contra viento y marea; sobre todo porque sos mujer y se sabe que siempre nos la hacen más difícil.
Pero más allá de esto, que poco importa en estas circunstancias, sos, ahora, una mina a la que se le acaba de morir el compañero. La muerte de un hombre amado es una horrible circunstancia: al principio una siente que es el otro quien ha muerto; después te das cuenta de que hay una parte tuya que se ha ido y no regresará jamás y entonces las sombras se ciernen en el corazón. No hay dimensión más honda y más desamparada que esa. Todos te dicen que tengas fuerzas y vos los mirás porque no entienden un carajo qué le pasa a tu pobre corazón desguarnecido. ¿Fuerza para qué si el otro se ha ido? Pero la vida sigue, se impone, se adueña de las horas y la memoria queda como un espacio de resguardo para refugiarse cuando la cama se hace ancha y las mañanas, tardes y noches tristes.
Ojalá puedas, ojalá sep…

Comparaciones

La distancia que media es apenas diminuta y pasa en mi cerebro.
No hay otra cosa afuera que químicas diversas y telares que tejen dibujos sorpresivos.
Me recuesto en el aire que pudiera tenerme para que caiga una lluvia de manos y recuerdos que me moje el centro impreciso del cuerpo, esa médula ósea que podía albergar sorpresivas sustancias y sólo dio otra muerte -enrollada como una serpentina de pinchazos-.
Después abro los ojos y veo lo que pasa: una voz que me nombra, unos ojos -azules- que me observan, una boca que me habla.
No sé cómo se sigue por la vida, pero se sigue.
La voluntad es una fuerza misteriosa, agazapada, honda.
A veces no querría recordarte, pero te nombro y tu nombre es un árbol que me ofrece dos sombras y me atormenta el tiempo con sus ráfagas claras sobre mi piel mojada.
Guardaré las palomas en un frasco de vidrio y saldré a la vereda a ver cómo el invierno se vuelve primavera.

El muelle

Imagen
Supe lo de su padre y, cuando la vi en el muelle, con la mirada perdida y la canasta sobre la falda, esperando la lancha, no pude menos que acercarme, colocarle una mano, liviana pero contenedora, en el hombro y decirle:
-Me enteré de que su papá está grave. Lo siento mucho.
Ella levantó unos ojos dolidos y suspiró:
-Y el perro. El perro también.
No comprendí sino al rato. Me senté en el banco, a su lado, y la vi llevarse a los ojos varias veces un pañuelito blanco que ocultaba en su mano izquierda. No sollozaba, - a nuestro alrededor, el silencio del delta era casi sólido- pero las lágrimas caían por sus mejillas sin que pudiera detenerlas con ningún otro gesto que el del pañuelito discreto cada tanto.
Cuando la lancha llegó, me saludó con un leve movimiento de cabeza y la miré subir para sentarse en un asiento vacío junto al conductor.
Después de eso, volví a encontrarla un par de veces más, menuda y cabizbaja.
-¿Y su papá?
-Sigue mal. -repondió con los mismos ojos acuosos para que…

Conversaciones en la madrugada

Imagen
Hablar es cavar en la tierra hasta llegar a un hueco muy profundo donde la luz se vuelve sólida y hay que nadar buscando las palabras para sembrarlas y que crezcan estrellas en la boca. El alma se desgaja como una piel desnuda para que broten yemas verdes, botones de flores anudadas y pájaros de alas desatadas. Somos todo raíces y buscamos el centro de un misterio.

Gesto caligráfico

Imagen

Gesto caligráfico

Imagen

Gesto caligráfico

Imagen

Gesto caligráfico

Imagen

Amanecer de una semana de premios incomprensibles

Me desperté a las tres de la mañana pensando que eran las seis. Hice mate, le escribí a mi hermano y prendí la tele para ver la temperatura. Cuando vi las tres, me dije "Qué boludos, tienen mal la hora" (Admitir la propia responsabilidad jamás... La culpa es siempre de los otros.) Tomé mate, cargué música en el celular y me dije: "Qué oscuro está." Miré la hora en el teléfono y vi que eran 3:25. Me fui a leer a la cama un rato. Me dormí pensando que no me gustaba ni cinco que Vargas llosa se hubiera ganado el Nobel (¿Cuándo para Gelman, eh?) y soñé que compraba tres potes de yogur griego y me los comía en una estación de tren. Me despierté a las seis para oír que el de la paz se lo dieron a un chino. Estos suecos están muy muy mal. Por eso tienen tan alto porcentaje de suicidios...

Querer

Imagen
Quiero tener la limpidez del arroyo que pasa entre las piedras sin preguntarse cómo debe hacer para sonar. Quiero tener la paciencia de la semilla que revienta de humedad para abrirse en verdor y se abandona en la convicción de la planta que será, pero aún desconoce. Quiero tener la serenidad del pájaro que cada otoño emprende el regreso por un ruta que no figura en ninguna carta más que en su mirada. Quiero tener la hondura de un cántaro que junta agua y la perfuma con su vientre de arcilla para apagar la sed. Quiero tener la belleza de una mariposa que no piensa qué color de alas la refleja más. Quiero ser la misma que fui ayer con todo lo que sé hoy y poder abrir las puertas entrecerradas de mi corazón. Del otro lado del día está el sol que me entibia los brazos y me propongo empezar a cantar.