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No se sabe

No se sabe con certeza: una mano distraída, una caricia al pasar, una palabra, una cierta memoria, un aire generoso, una voz que se dora en la hora tardía, un dormir en los brazos, una presencia hoy/una ausencia mañana, un pronombre en plural, un corazón que rompe los latidos de la orilla, un alma que se llena y se vacía, un perfume, una piel sorprendida, un deseo y otro, una vez y más allá silencio, un relato. Y no hay certezas porque de eso se trata: de que nunca se sabe.

El secreto

"Voy a contarte un secreto.", dijo. Él la miró directo al rostro y vio que los ojos le brillaban con una irisada luz verde. El corazón se le encogió apenas un milímetro para expandirse rápido en el perfume de bosque que tenían sus cabellos cuando ella sacudía la cabeza. La mujer se sonrió y él también. "¿Qué secreto?", preguntó. Ella tenía una risa de cueva submarina con peces fosforescentes y saladas estrellas repentinas. "Un secreto mío.", susurró la mujer. "Decímelo.", apuró el hombre. "¿Qué me darás a cambio?" Él pensó qué tenía para entregar por un secreto. ¿Dinero, joyas, propiedades? Nada tenía, pero deseaba el secreto de esa mujer que olía a mar, a bosque, a electricidad. Ella enredó una pierna con otra esperando la oferta. El hombre suspiró y dijo, "No tengo nada, nada puedo ofrecer: ni un hogar, ni una familia, ni siquiera una hora de absoluta seguridad. Me pierdo tu secreto porque soy el más pobre, el más huidizo, el…

Viaje

Él le besó los pies y le acarició las rodillas con sus labios .
Ella, entonces, se rió como si hubiera un mundo detrás de su sonrisa.
Las palabras se hicieron un columpio de luz y el cielo estuvo cerca.
La hora se hizo extensa:
se hamacaron hasta que la piel se les llenó de estrellas
y atravesaron la noche a bordo de su sueño.

Quiero

No es difícil: que no haya ideas y me enciendas la piel; que no haya palabras y me habites la boca; que no haya piedras y me pintes el vientre; que no haya pasados y me des un presente; que no haya cartografías ni caminos trazados y me hundas en el fondo de tu mar. No es difícil: que haya cielo y alas y una taza de té al regresar.

Árboles

Árboles en el borde del camino, troncos ásperos y oscuros uno tras otro, veloces, como una cinta movida de luz. Árboles con hojas: verdes, ocres, amarillas, anaranjadas, secas, vivaces, sujetas, cayendo, en el suelo, en las ramas, enteras, comidas, tan solo nervaduras como alas de hadas, como telas de araña. Árboles con raíces, profundas, superficiales, gruesas, enteras, divididas como los bronquios en los pulmones rosados, hundidas en la tierra negra con insectos de cáscaras crocantes y azules y antenas con lunares de colores, gusanos como pequeñas serpientes en miniatura que los niños toman entre sus dedos pegoteados con asco y ensartan en sus cañas de bambú para sacar del río verde peces plateados que coletean ahogados en la orilla de pasto. Árboles que tejen un encaje de cielo con sus hojas y dejan filtrar la luz como ojos en el suelo, tupidos como copas desbordadas, sutiles como telas de arañas, como hilos de viento, como saliva de amantes. Árboles que bailan cuando se encrespa …

Te toco el alma

Con los ojos te toco el alma, miro en ella el espejo que refleja mis palabras, rozo apenas el soplido que te habita para inflamarlo con mi propia luz. Enciendo los corpúsculos donde viven tus sensaciones como gotas de agua que se expanden, que chorrean, que mojan la tierra seca y la perfuman con colores: añil, índigo, un violento naranja, un encendido amarillo de sol sobre la arena, verde hoja nueva brotando del tallo, rojo hematí, violeta fondo de mar.
Toco tu alma. Mis yemas acarician sus bordes, no para suavizarlos sino para sentir cuán filosos pueden cortar, para que me hieran los dedos tus dolores más oscuros y mi sangre brote mojándote la superficie platinada. Toco tu alma y despierto los peces que la atraviesan, los árboles que la cubren, las cuerdas que la atan, los rayos que la iluminan. Toco tu alma y muevo el telar en el que dibujás tus imágenes.
Sacudo apenas los hilos cristalinos que zurcen el bastidor y las manos veloces que se sumergen y emergen entre los hilos para…

escrito en el agua

Nada de lo que pueda decir quedará dibujado en el agua; pero lo que tu boca trajo fue una tormenta de ternuras sobre mi piel dormida y me escondí en el campo profundo de tu abrazo para soñar con barcos deslizándose por la pequeña curva de tu húmeda nuca.

He vuelto a casa

Apenas la boca se posa sobre la piel desnuda, bajo el sol y entre los labios nace un río de luz, una mañana se hace nido y van los verbos como peces hilvanando los restos de los árboles entre la lluvia de perfumes que los mecen.
La hora redondea su aventura y no deja que nada se enfríe en el aire que sopla como una brisa clara de molino en el campo.
Es como estar en casa otra vez: haber perdido en un hueco de muerte el camino de vuelta y haber llegado entonces: la cancela, el zaguán, los vidrios de colores y soy yo y mi alma que hemos regresado después de un largo viaje: que nada me lastime cuando irizo los pliegues de mi cuerpo con todos mis colores.
Quiero pasear por todos los jardines de la risa y ver los peces nadar entre mis dedos mientras me alzás junto a la gente que camina.
Puedo cerrar los ojos para que el tiempo encienda el color de las horas estivales sobre los primeros manteles.
Voy a bailar hasta caer rendida: he vuelto a casa.

El tiempo

Hay un mundo que se ha deshojado y ya no está. En ese tiempo –que puede parecernos inmemorial y perdido- las cosas tenían otra impensable duración. Eso cargaba la sustancia de todo lo que hacíamos con otra densidad. Los minutos podían demorarse horas en transcurrir, porque todavía había más horas para ser gastadas, usadas, diluidas, finalmente, en un devenir del que parecíamos no tener conciencia. El sol –en ese entonces- tardaba más en irse de los manteles y mucho más de las paredes del mediodía. Algunos hasta quedaban prendidos del movimiento de una luz en el fondo de su pupila. Mirábamos cómo las hojas se abrían desenroscando sus verdes al girar y cómo las agujas de las tejedoras encimaban un punto sobre otro para enlazarlo en otra vuelta de lana roja y llegar a un final que parecía no arribar jamás. Los amigos se oían y las palabras de uno caminaban por los brazos del otro hasta alcanzar sus oídos donde dormían dulcemente acunadas. Ese era otro tiempo, inmemorial y perdido.
Hoy …

Miradas

El que saca una foto, mira y, si el que es fotografiado mira, lo que la foto muestra es un hilván de miradas: invisible, pero que sostiene un hilo que va de una pupila a otra que se miran.

Matemática pura

Dame un deseo: uno solo.
Que sea nuevo, que sea frágil, que apenas se despunte entre tus hojas, que tenga frío y la médula ardiendo, que tenga aire verde, que tenga agua azul, que tenga luz naranja, que tenga enredaderas amuradas, que tenga peces en un fondo del mar, que huela a limoneros y nade en cuencos repletos de frambuesas, que flamee en el viento como un trapo de seda, que sepa a taza tibia, que sea tierra húmeda y lluvia de mañana, que tenga insectos en los bordes y lentejuelas rojas.
Dame un deseo: uno solo.
Y yo te lo devolveré multiplicado por cien.

Sábados

Pasó la tarde brillando como una bola verde con luces estivales. A lo lejos el sol calentaba el filo de las cosas. Nadie pensaba en nada y las horas pasaban, livianas y exactas como lágrimas. No te conozco, porque no hay forma de conocer lo repentino. Una puerta se cierra con el viento y los vidrios se anegan en el agua. Yo querría decir palabras que tuvieran algún tipo de médula y solo despliego mis alas en el aire nocturno que ya llega. Huele a casa vacía donde se cuecen las uvas maduras y el perfume caliente de limones se guarda en anaqueles veraniegos. Miro hacia afuera: dicen que está la vida y golpea mi puerta. Me pongo mi vestido para salir a abrir de par en par los ventanales para que entre la luz con todas las palabras que se vengan.

(In) Capacidades

¿Seré capaz de decir que tu voz es una cinta que anuda mis sentidos y me ata a la idea que trae, lejana y olvidada en la noche sin fin en que se fue mi padre? ¿Seré capaz de decir que, en todo, intervienen el azar y su forma sutil de caricia bajo una lámpara donde se ve mi rostro de cerca, tanto que es inexacto y profuso? ¿Seré capaz de decir que esto ha sido un cuento y evito mirar al narrador, ese elusivo sujeto que enuncia y se oculta en el pliegue húmedo de mis cinturas? ¿Quién podría ahora hablar de lo que ni fue, de lo que no es ni ha sido más que nada en la arena? ¿Quién abrirá las puertas de la tarde para que entre el sol a dorar los antiguos anaqueles donde habían quedado cerrados los volúmenes de mi infancia temprana? No yo, al menos, que espero, oculta detrás de alguna puerta, que me digas que no ha sido el azar, sino el destino quien me moja en tu boca.

Dueña

Mi madre me parió como si fuera perra. Me dio dos meros lengüetazos y me dejó que fuera, desde niña, una planta solita movida por el viento. El frío me entraba por los ojos y tuve que aprender a cerrar ambos párpados para cuidar la vista. Y en ese acto, instintivo y orgánico, descubrí que podía yo mirar hacia adentro: hubo entonces vergeles, palacios de cuartos carmesíes, lloviznas azules sobre el pecho, ciervos dorados en pos de unas manzanas . Mi madre no quiso acompañarme en el acto profuso de la vida: ella hizo la suya, aparte, prolongada y me dejó en algún congelado rincón de su memoria. Yo supe abrir la puerta y salir a la calle. Era tan bueno el mundo que caminé sin rumbo, con los ojos abiertos y nunca regresé al incendio de lo que era mi casa, mi madre, los dolores agudos con que ella claveteaba mi alma que se iba por siempre y para siempre hacia los territorios en que fui única dueña.

Piel de sapa

De pronto la casa se puso sola y hace falta poblarla.
De pronto hay silencios que antes no existían y voces que no tengo.
De pronto hay alguien que se ha ido y es una mezcla ásperosuave de ternuras.
De pronto hay una piel que no hace falta y estoy en carne viva.
De pronto hay una vida que termina y otra que al ratito comienza.

Atrás

Miro hacia atrás y te pienso. Y veo incorpóreos fantasmas de papel de arroz.

Fantasías

Una boca se calla y encalla las palabras que no dice. Después se abre la mano sobre la piel dormida y habla. Se despiertan los labios y vuelan pájaros desaforados en el borde mojado de la sábana. Tengo los ojos abiertos en la noche para pegar la dentellada furibunda que cave una fosa de salivas perfectas. Y caen los verbos como cántaros abiertos por donde corre el agua. El resto es fantasía.

Aguas

No hay secretos.
Sin espacio posible se borran los recuerdos
y pequeñísimos barcos de papel de calcar los llevan lejos por la corriente sin fin del río de los tiempos.
Sopla una brisa suave que escribe sus palabras en el aro apretado de mi pelo
y el vestido se moja en las orillas
sobre la hierba
entre las piernas.
No hay secretos:
sólo humedades recónditas
y un sudor de finas burbujas
que cae por la línea ondulada de las vértebras.
Quise decirte lo que había callado
pero el agua se iba
se disolvía el aire en la corriente
mientras el sol doraba los párpados y el cuello desnudo sobre el agua.
No hay secretos:
sólo son verbos que se pliegan para hacerlos cometas contra el viento.
Solo eso.
El agua se lleva el resto y limpia lo que tuvo de sagrado.

Escritura

La piel es una superficie de escritura.
Los relatos se agolpan y golpean galopes en los poros.
Desmayada en sudor se tensa en su dérmica honda.
Yo escribo.
Escribo como posesa,
resistiendo la posesión después de la escritura.
Piel en la boca,
palabra en la lengua que conozco, que invado, que estremezco, que digo a mi pesar debajo de la lluvia que me moja.
Escribo para arrimar los verbos a las pieles,
a la carne cautiva detrás de la frontera del lenguaje.
Escribo para decir lo que no tiene sentido y se anega en sentidos chorreantes de salobres marinos.
Escribo para que suba el día escalando peldaños en los huesos.
Huele a siembra de peces en suaves cavidades.
Y yo, que aquí,
escribo.

El lenguaje es un virus

Las palabras me cercan:
tendré que resistir y dejarlas pasar,
no ver su superficie dérmica llena de bocas que murmuran "bébeme".
No soy Alicia, no deseo crecer.
Cierro los ojos para no verlas en un afán inútil porque se trepan por mi espalda,
me rozan,
penetran mis oídos,
los llenan con sus sílabas,
los lamen con sus fricatividades curiosamente explosivas y bilabiales,
y se encadenan en una sintaxis deshilachada que se muestra a sí misma qué incorrecta que es.
Se paran en las fronteras de los desiertos para conquistar el exterminio de las sustancias pre-verbales con el golpe de lanza de su futura entonación.
Las palabras me cercan:
exponen impúdicas su punto de articulación
mientras escupen a cada uno de los animales que soy.
Como siempre lo supe: el lenguaje es un virus y hace tiempo que perdí el carnet de vacunación.

Puente

El puente cuelga en medio del abismo: de un lado está la ciudadela y del otro, el camino que se pierde en el bosque umbrío. Debajo, a miles de metros sumergido entre piedras, corre un río de aguas torrentosas y azules. Salgo de un punto para llegar al otro. Ya no quiero los palacios de mármol, las torres de cristal donde quiseron mantenerme los sabios y los buenos, los malvados guardianes y los reyes de melenas violentas, los comerciantes astutos y los que navegaban otras tierras que habían recibido el nombre de mujeres pretéritas y otras. Camino sobre el puente con los pies lastimados y el viento se enreda entre mis piernas y sube por mi vientre que supo de dolores antes de dar a luz una tibia mañana. Camino porque lo hice desde siempre en las inhóspitas regiones donde me hablaron de cosas que no supe hasta mucho después. Puedo caer, es cierto; puedo rasgar mi carne con las rocas agudas; puedo morir, incluso. Pero no hay otro modo que ir: pie tras pie hacia el bosque oscuro donde m…

Imposible

Si yo supiera,
si tuviera tan solo la certeza,
si me hubieran sido concedidas las horas
y no el hartazgo
y no la saturada paciencia que se torna impaciente
y no el retorcido hilo del pensamiento,
tal vez habría podido hablar
con la boca que refresca las aguas
para decir que sí,
que era suficiente,
que había otras maneras de mirar el futuro
que no fuera la que yo siento ahora
con mi silencio en medio de la lengua
haciéndose palabras que no diré
porque jamás me pertenecen.
Yo voy a construir un mundo como luz corriendo por mis yemas.
Me veo en él y lo recorro con suntuosidad dormida de pantera.
Entre sus muros de cristal encendido pasa solo mi cuerpo.
Nadie responde.
Tanto que ya he dejado de formular preguntas
que sepan a mañana de siembra.
El aire reverbera y yo aspiro sus burbujas de tibia carne verde.
No digo lo que sea: es tan solo imposible.
Y me detengo entonces para que nadie trace sendas que no recorreré aunque me llamen en todos los idiomas que conozco.
El tiempo dirá cómo er…

Límites

Trataré de ser simple.
Trataré de ser clara.
No me jodas más.

Casa de lobos

te duplico la apuesta solo para verte a la hora en que los lobos se sientan en la ronda del fuego para contar. te oigo decir tu larga historia de territorios donde llegaste, viste y venciste y me sonrío deseándote en el tiempo inmemorial en que no quise conocerte. te observo los anchos ojos tristes en que la vida se sabe otra que la narrada y querría que supieras cuánto aguardo tu ficcionalidad. te paso entonces la mano por el lomo: los lobos aullan de frío y desesperación. no hay nada que no pueda ser reparado con el resbalado amparo de mi dorso en tus vértebras desnudas debajo de la nieve que cae y no deja jamás de caer. allá lejos hay una casa con fuego que supo ser mi casa. si me sigues te haré sitio para dormir junto a mí.

Caótica

Te miro, te hablo, te atormento con preguntas en catarata de palabras, me río de tus cuentos, los aguardo para hacerlos volar como si fueran pompas de colores, me oculto entre tus brazos y me duermo. Te despierto, te digo cada cosa que cruza por mi pecho, te harto de vocales, te rodeo, te asedio, me baño, regreso, leo, te oigo, vuelvo a reírme de tus cuentos, de tus poemas, de tus historias. Me visto, me desvisto, como, sueño, camino, te abrazo, te muerdo, te bordeo para llegar al centro, al nudo presuroso de tus labios, mastico tu pulpa, hinco los dientes en el corazón duro de tus semillas, te digo lo que soy, me finjo inabordable, me defiendo, me alejo, me aproximo, te deseo, te olvido, te callo, te ruego que me hables, te ordeno, te sirvo, te obedezco. Me hago feliz, quiero ser desdichada, quiero estar sola, aborrezco tu ausencia. Te beso, te digo que te espero y me voy a otro sitio, te abrazo, te amo, me enloquezco. A veces, pocas veces, finjo una coherencia de la que es casi obv…

Inter líneas

Hay un fragmento de cielo donde los pájaros se esconden y despliegan sus alas.
Hay un perfume que trae los recuerdos de otra tierra.
Hay una taza en donde se mojaron las palabras.
Hay algo que se dijo y tejió caminitos de piedras en el aire.
Hay una manta que recubre los miedos y los entibia en la torpeza.
Hay tintas que se expanden como sangres.
Hay otra voz que construye casitas en el viento.
Hay relatos que dicen los insectos en la tarde de siestas.
Hay almohadas de azúcar debajo de los besos.
Hay tantas melodías que navegan livianas en la lengua.
Hay una mano suave, perfecta, transparente y más allá el mundo como una bienvenida de palomas.
Lo que digo es exacto: hace falta moverse sigilosa entre líneas

Espejos

Superposiciones, fragmentos, intersecciones, sumas, expresiones algebraicas, curvas, parábolas. Y al final de la cuenta siempre estoy yo mirándome en el espejo de mi propio sintagma nominal.

Cansancio

Ya no sé cómo es el tiempo. No es posible su nervadura pausada que me envuelve hasta el cansancio. Apenas boqueo cuando se enciende el día y ya me apura, me indica, me deshace. Solo deseo regresar a esa hora interior en que todo se vuelve delgadísimo evento y digo que ya no sé cómo es el tiempo, pero cansa.

Un árbol verde

Ella tenía una cajita de vidrio color verde y adentro había guardado un arbolito que se moría de tristeza como se mueren de tristeza todos los arbolitos guardado adentro de cajitas de vidrio color verde. Todos los días abría su cajita y lo miraba; mientras el arbolito se amarilleaba de soledad y pena. No hay arbolito que resista a las cajitas de vidrio, dijo él y, con ternura, desenterró raíces, lustró las hojas que quedaban y llamó con sus labios a los pájaros. Y ella vio que su árbol crecía en la tierra de los bosques, hacía sombra y oxigenaba el aire con burbujas de risa color verde.

Verbos modelo

Mátame de amor, pero que sea suavemente. Así puedo reconocer en la agonía qué era lo que yo me resistía a atravesar; así puedo penetrar la densidad oscura del perfume en el trance en que se abre el pecho y se siente al alma aletear. Mátame de amor, pero sé precavido: no debo darme cuenta porque he sido una alumna ejemplar: después de "amar" viene "temer" y al final, solo restar "partir".

Tu boca

Busco tu boca por donde estuvo antes. En ese mismo sitio hablaban las hojas sobre sol que había empezado a caer. Yo, ahí, busco tu boca para decirle que sabe a húmedades pretéritas y a pájaros que vuelan con las alas abiertas. Pero los otros labios que vinieron se cansaron de esperar y han cerrado sus pliegues carentes de palabras. Nadie tuvo la manera de liberar sus pétalos sustantivados en el álgido perfume de la contemplazión. Yo busco tu boca, tu sola boca, tu mía boca de mí, en mí y para mí. He guardado en tu lengua un secreto que desearía volver a contemplar. Hay piedras en el medio del sendero y desde lejos se alcanza a contemplar la fiesta de los labios suavísimos y de los dientes pequeños de roedor infantil en mi cuello. Busco tu boca por donde estuvo antes y había un estandarte guardando mi color. Sopla un aire de tibia encarnadura y yo busco tu boca entre las tiendas que ofrecen lo que los navegantes traen siempre de más allá. Me hablan los marinos en lenguas que no enti…

Sábado de lluvia

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En las yemas que rozan la superficie nace un juego de códigos que se encienden cada vez. En esa milimétrica distancia que va de la mano a la piel no hay ninguna palabra que pueda resbalarse para decir. Ni vos ni yo sabemos qué color tiene el cielo nocturno a la hora exacta en que empieza a llover. Sumergidos estamos en el resquicio preciso de la luz.

El amor

Nadie habla a esta hora en que la casa se desentiende de todas sus palabras para volverse una luz pequeñita que titila y azul se alza .
Yo podría, entonces, repetirme los ritos con que humedezco el alba: llenar los cántaros de bocas, perfumar los estantes, despedazar las hojas y hacer una fogata con las lágrimas.
Yo podría decir que mi costado es una vena abierta por donde mana el color de las horas que no han sido; pero me veo y tengo el aroma de los días profundos y el roce de las pieles en el borde espaciado de las sábanas.
Yo podría decir los relatos que calla la voz que llevo derramada cuando abro, de dos en dos, los vidrios para que el rocío se construya en testigo dulcísimo del vértigo.
Nadie habla porque el silencio es el espacio proverbial que adivino fecundo.
No deseo que alguien interrumpa el murmullo que tienen las amapolas cuando llenan mi sangre.
Aquí o allá hay pilas de maletas en que doblo retratos, en que pliego imágenes y me digo que está bien que así sea, porque -…

Soledad primera (Don Luis de Góngora)

Pasos en tanto muros que precedo
bajo almenas de fuego entre mis dedos
de un peregrino son, que se desliza
y errante va entre prisas
del corazón que es un venablo.
Solo yo hablo
y cuantos me dictó el ansia, gigante de cristal, lo desmayó.
En tanto el cielo se hizo terso
alta cenefa de olvidados versos se oyó a la dulce Musa
purpurear en la nieve que la excusa.
Sobre el de grama césped no desnudo
apenas templa en sus ondas que no pudo
y perdió en el campo profuso del zafiro.
La soledad confusa a la que aspiro.
es duro roble de vuelo inoportuno,
pájaros de cristal perdidos unos, ybocas de sueños no deseados
los otros inspirados.

Hospital Santa Lucía

Hay gente que simplifica su percepción hasta quedar ciega.
Hay otros que, de tan profundos, no pueden ver lo que es evidente.
Hay algunos se sumergen con los ojos cerrados en cuanta cosa se les cruza.
Hay los que pusieron el ojo donde habían puesto la bala y les estalló el globo ocular.
Hay ciertas personas a las que, si algo las asusta, se tapan con las manos.
Hay quienes se dilatan las pupilas para que se les abra la percepción y terminan dándose contra la pared del desespero.
Hay algunos individuos se colocan anteojeras para captar tan solo lo que les ponen en su senda.
Hay algunos que criaron cuervos y ya no pueden ver.
Hay otros que ven a primera vista y se confunden con vanos artificios.
Hay daltónicos que ven lo que su determinación genética les permite ver.
Hay quienes tienen las niñas de sus ojos y se soslazan de cadera a pechos sin cesar.
Hay miopes a los que el futuro se les esacapa.
Hay quienes se niegan a ver y se vuelven los peores ciegos.
Hay astigmáticos a los que …

Un martes de octubre

La distancia que uno toma con la vida que lo tiene como protagonista varía de individuo a individuo, y la calidad de la persona que -día a día- intentamos ser no se mide con el centimetraje que ponemos entre nuestras emociones y nuestros relatos. La calidad se mide -solamente- con la honestidad que tenemos al mirarnos, con la verdad con que decimos quiénes somos, qué somos capaces de dar, de qué carecemos. Lo que nos transforma en personas -en seres únicos y diferentes al resto- es la aceptación de lo que somos. Plantearse las cosas, preguntarse los por qué, sentir que tenemos agujeros, fallas, abismos por donde huimos, es el comienzo. Es un largo, larguísimo camino. Cada cual hace lo que puede con lo que le tocó en suerte. No pueden controlarse todas las variables de la vida: tan solo -y a veces- unas pocas que son, justamente, las que de verdad nos importan. Cuando hoy me escuchabas, yo vi un chico con un enorme deseo de encontrar la punta de su ovillo, de comprender cuál es el…

Él

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Habla, pero las palabras son trajes de otros donde no se revela su sustancia y pasa su carnadura sin que una pueda observar qué queda en el cedazo.
Es esquivo y se ríe ocultando qué cosa lo estremece, de qué forma se dobla su historia de selvas y trofeos, cómo sabe el sendero que conduce a su alma.
A veces, sólo a veces, su corazón le asoma por los ojos y los verbos se llenan de caricias antiguas, de reclamos de niño, de ternuras pretéritas.
Entonces crece el amor como una planta de raíces profusas, de humedades y soles, de hojas verdinuevas, de frutos sempiternos.
Crece el amor y es sombra suficiente aunque se haga la noche y él rechace los fungibles vocablos por otros que sean solo suyos, pertenencia de leones que rugen en la jungla del presente limando los barrotes del pasado.

Melodrama

No me mires.
Me pondré tacones tan altos que nunca podrás alcanzarme.
Un vestido tan suave que no podrás siquiera rozarme.
No me hables.
Tendré pendientes tan agudos que tus palabras no se atreverán a acercarse.
Me pintaré la boca tan violenta que mis verbos tendrán temor de pronunciarse.
No hay nada.
Solo
fue un buen melodrama.
Ha terminado la función.
Algunos aplauden.
Y se cierra la sala.

Cuestiones a resolver

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John Waterhouse, "Ulises y las sirenas"
Las sirenas, digo yo, cantaban...
¿para enloquecer a Odiseo atado al palo de su erótico deseo y que tuviera tema de conversación?
¿para seducir con su voz lo que no podrían concretar con su inútil sexo de pescado?
¿porque,como dijo T. S. Elliot, lo hacían para oírse una a otra?
¿para encantar a Walt en el casting de su película de animación?
¿porque no tenían ducha en medio del mar y se les daba por entonar en cualquier lugar?
¿para que Kafka dijera que hacían silencio y entonces transformarlo en el ridículo insecto de su propia afirmación?
¿porque ya sabían que eran un pescado hecho y derecho aunque sus pechos estuvieran recubiertos de escamas pornoshow?
¿para arruinarle la vida a Penélope que, sin marido regresante, iba a sufrir la inutilidad de su fidelidad?
¿porque Andersen les robaría la voz y querían aprovechar?
¿para pasar a la posteridad como símbolo freudiano de la histeria y el inexistente goce sexual de la mujer?
¿porque…

La menina

Te miro.
Vuelvo a mirarte.
Hay algo de hilo que se tiende, algo sutil que se anuda y se escapa.
Hay un telar de bocas que se mojan y dicen lo que sopla en el aire.
Te miro.
Vuelvo a mirarte.
Veo que me mirás.

La rueda de la Fortuna

A la larga o a la corta todo se sabe...ya salieron a la luz tus amores con Emilio, Gracielita.

Cuando una mujer da sexo a cambio de poder, debería venderse al inmutable dios de los panteones del ayer. Solo él -dicen- permanece idéntico a través de los tiempos. Solo para él son impunes las momentáneas consecuencias de su ira descargada sobre los débiles. Solo para él es la esencia que, desprendida de su materialidad, no trasmuta jamás y no hace ceniza de su propio y personal fuego. Pero, para el resto de los mortales - los que aún viven y los que no, pero no han sido cubiertos por el manto piadoso de la muerte que nos convierte en algo mejor de lo que supimos ser- para nosotros, el tiempo es un factor de peso. No en vano los antiguos representaron la Fortuna con una rueda para indicar el cambio de la suerte humana: los que antes estaban en la cima son raudamente precipitados al abismo.
Quienes vendieron sus favores (curioso vocablo que interpreta la sexualidad femenina como una dádiva…

Frase

¿Quién soy? ¿Cuál es mi Predicativo subjetivo obligativisísimo? ¿Qué predico de mí? ¿Dónde coloco mis múltiples circunstanciales y el único OD que me permite el español? ¿Soy un sujeto tácito? ¿O abusivamente expreso? ¿Cuántas proposiciones incluidas soy capaz de tolerar? ¿Admito un complemento: agente, comparativo, preposicional...? ¿Me acechan mis objetos indirectos? ¿Prefiero coordinación o yuxtaposición? ¿Me veo como una construcción endo o exocéntrica? ¿Impersonales, bimembres o complejas, según el grado de involucramiento situacional? ¿Adversar, disyuntar, consecutar o, simplemente, copular? ¿ALGUIEN QUIERE SEGUIR PREGUNTANDO PARA QUÉ SIRVE LA SINTAXIS?

Ofelia

Tener o no una madre castradora...¿he ahí la cuestión?
La cuestión es tener una madre: esa es la cuestión.

Bro

Escuchame en esta hora temprana en que todos duermen y mis susurros se oyen mejor: no hay ninguna posibilidad. De tanto andar de verbo en verbo me cansé: levemente, como suelo fatigarme yo; en un gesto que parece que estoy tomando aire para continuar. Lo digo y ya sé que no podrías escuchar que, entre líneas, entremezclado, estoy diciéndotelo para que lo comprendas. Hay gestos de conciliación que se desvanecen tan pronto como fueron enunciados y nadie puede hacer para que los fantasmas se transformen en cuerpos cuando ya iniciaron la invasión los insectos y los gases de la descomposición. No digas luego que no te lo avisé, o que exagero, o que veo cosas que no son. Vos, que agrupás las palabras monosílabas y son las que usás, dormí en tus dos letritas monocordes, entregado al silencio oscuro de tu boca; que yo, aunque no lo sepas ahora ni nunca, me voy a desplegar por ahí la sintaxis desparramada y caótica de mis frases y no regresaré jamás. Amo los trenes iluminados como oraciones…

Dos mujeres en el 113 de las diez

A ella la veo cada tanto en el 113 de las diez. Habla sola, gesticula, se sonríe con un pudor de colegiala, pese a sus largos sesenta y su cabeza casi blanca. Ayer me llamaron la atención su short, su remerón color coral y sus zapatillas deportivas. A la otra era la primera vez. Se sentó en un asiento individual : hábito gris, toca monjil, crucifijo en el pecho y gruesos anteojos a través de los que miraba una revista: Consolata. Eran una rara mixtura la monja consagrada y la otra que es capaz de hablar con quien se le coloca al lado en el colectivo lleno. Y le conversaba, sin parar, preguntándole cosas que yo no alcanzaba a distinguir. La monja apenas respondía, incómoda por la explosión de vitalidad medio desbordada que emanaba de la de short y remerón coral. Era un tour de force e incomodidad. De pronto la descocada sacó un billete de cien.
-Te la compro. -dijo señalando la revista- A mí me gusta leer. Dame cincuenta y te la compro.
La monja la miró.
-¿Cincuenta?
-Dame cincuenta y es …

Viaje

Con los ojos cerrados podías decir dónde estaban cada una de mis cicatrices y uno por uno todos mis lunares infinitos. Después los barcos de tus ojos avizoraban las tormentas, los posibles tornados y la calma que era azul y soleada. En las yemas de tus dedos, las rutas se hacían paseos de donde regresábamos repletos de peces, caracolas y brillantes estrellas. Yo me dormía hecha un ovillo en tus redes que eran amplísimos secretos de pescador de historias y vos bebías la sal que había quedado en el pocito de mi esternón y mis calvículas mientras me acariciabas los cabellos. Hiciste una ruta de viajes en mi alma y ahora, a bordo de la nave de tu muerte, espero que regreses algún día para decirme que hago bien esto de continuar viviendo, pese a todo lo que faltaba de maletas y de velas en la brisa marina que soñábamos.

Dinner in the garden

Los pequeños gestos se aposentan en el borde de las pupilas y desde allí comandan una suerte de desfile con el que quedo absorta: pasan como en un vuelo raudo el tintineo de las copas de cristal sobre un mantel blanquísimo, salsas de texturas untuosas, frutas de colores abusivos y una fragancia que se instala en todos los rincones del jardín para abrazarse con la música que, suave, se desliza. Afuera, más alla de este espacio ancho y atrapado de azaleas, que se abre a la noche clara de una temprana primavera sin lluvias, pasan, como siempre lejanos, los ruidos de transportes y las voces de la gente, mientras los farolitos y las velas iluminan con ternura la medianoche frágil para evitar la oscuridad. En las manecillas del reloj se enredan de a poco los relatos, las palabras y sube una quietud parecida a la calma del mar en la madrugada. Una mariposa se posa sobre las fuentes vacíos y con ella la risa es una tibia oleada de placer.

Palabras de amor

Bordeemos la carretera en marcha lenta para poder ver el mar.
En el malecón de gastadas maderas besémonos como si fuera desde siempre aunque no tengamos nada para agregar.
Dejemos que pasen los segundos hasta que sean horas, días, meses, años y el sol salga por el mismo y exacto lugar.
Sintamos la arena como una lengua larga bajo las plantas de los pies.
Pensemos en la nada, en las palabras que no perduran y en que deseamos rescatar.
Miremos en las pupilas los resquicios por donde llaman las verdades.
Enredemos los brazos en la cintura con un tacto apurado de densidades.
Y despidámonos como si no tuviésemos ayer, como si no aguardásemos lo que trae el mañana.
Y no digamos palabras de amor: no hay para qué.

Lengua

Para llegar a vos debí atravesar los muros de la ciudad dormida y en medio de la noche trepar las puertas que estaban cerradas como piedras. He deslizado mi cuerpo brevísimo entre las rendijas por donde pasa el viento y susurré a las aves que me han dicho dónde quedaba el sitio donde dormís acompañado de toda tu fatiga. He visto entonces el borde de tu cuerpo, he sentido el perfume de jengibre que emana de tu cuarto y me he sentado en tu umbral a esperarte mientras las horas se fueron deshaciendo entre mis palmas. Cuando te despertaste, al alba, como siempre, me viste dormida en el borde del lecho y me alzaste en tus manos. Hasta que el sol subió he dormido en tus brazos y al despertar amanecí en tu boca para que me nombraras con aquel viejo nombre que yo tenía entonces. Cuando me hice palabra, pude reír y nos sumergimos en el agua tempranísima de los verbos que nos pertenecieron desde siempre. Esto era el amor: añejado silencio que poblaron tus perfectas vocales y mis antiguas conso…

Tacto

Deslizo mi mano: apenas la rugosa superficie de la hoja y un par de glóbulos que se anegan como vasos en el licor sorpresivo de la madrugada. Después la lisura del mármol y su frialdad intempestiva de témpano, alguna que otra grieta por donde emana la música de las raíces y la salada temperatura del océano. Mis dedos se acurrucan mecidos por las ondas descalzas del sonido, entre las vaporosas telas que se deslizan sin colores agudos. Los animales huyen por los caminos en sombra y el bosque desnuda su silueta azul por las mañanas antes de sumergirse en las aguas del río. Yo deslizo mi mano en la piel que se aclara de tanto mediodía de luz y de fragancia. Después cierro los vidrios bajo la luna redonda y amarilla y me duermo mientras flamean los estandartes perfectos del recuerdo.

Zetas

Hay que escucharte hablar: tu voz es una cuna donde se mecen limoneros movidos por el viento, y el silencio se puebla de luciérnagas. Brilla la oscuridad con el susurro de tus zetas y el cántaro se llena de agua en la profundidad del pozo verdinegro en el que mojo hasta ahogarlo el filo de mi sed. Es solo aire que pasa entre nosotros y un mar extensísimo y hondo donde navegan las palabras hasta alcanzar mi nuca y hacerla florecer.

Metonimia, metonimia...¿entendés?

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Septiembre 12 , Luis Paredes

Descubrimiento

Alguna mano sobre la mejilla y el frescor de un cántaro de barro en una tarde soleada de verano.

Azar de azahares

Azahares blancos de puro azar -podrían haber quedado rojos después de que manara la herida y su perfume dulzático y selvón-.
Azahares azabaches y azulinos que se derraman por las alcantarillas hasta caer en bañeras enlozadas donde se pone un agua tibia y vos te sumergís.
Azahares en azafates de mimbre que crujen cuando los llevan las doncellas entregadas al roce de plumas y organdí.
Azahares y azafranes por los azarbes donde cae la tarde reflejada en el agua que se quema de sol.
Azahares por los azagadores de los campos donde gritan los insectos al verse tachonados por la sombra en todas las azancas.
Azahares en recipientes de azófar donde la luz se quiebra y se repite fragmentada en los cristales azulgrana de la noche.
Azahares azogados por el frío, azurados de hielo y muertos ya.
Azahares de limón en medio de las piernas al pie de la alfaguara y llegando la mora con los alfileres de azar enterrados en medio de los ojos: verdes azogues sus nítricas pupilas de cítrico perfume.
Y yo qu…

Nocturnitancia

Como una línea delicada rozando apenas la columna vertebral.
Dientes.
Burbujas de agua jabonosa.
Unas yemas de árboles acuáticos que viven bajo el mar.
Así se pasa el sol.
De boca en boca.
De lengua en lengua.
¿Y después?
Después susurran las alondras en el oscuro reparo de la intimidad.
Secretos.
Tazas de té azul.
Voladitos de azúcar.
Después llega la noche, pero mucho después.

Larga tarde

A esta hora del día, exacta y precisa, el cansancio me sube como una serpientita por la nuca y pienso en vos, en haberte nombrado con la voz quebrada en algún momento de esta larga tarde que ha pasado. Hacía mucho tiempo, habían pasado tantísimos días sin que yo te nombrara con la tristezade tus huesitos durmiendo bajo tierra. Será que llega el sol y tu risa se ha ido para siempre. Será que hay un vidrio que separa mi vida de tu muerte y no puedo tocarte. Será que pasa el tiempo, que se pasan los días y el amor es una maleta donde pliego tu cuerpo humedecido en hierbas con pañuelos y lágrimas y no se va la pena para nunca. Será que el tiempo no ha sido reversible y las migas que comían tus pajaritos suenan como piedras con las que es imposible poder volver a casa. Qué dolor más tristísimo, más lejano, más hondo y más distante; pero cuán cierto es que jamás se regresa al sitio donde aquella médica tan jovencita ella me apretó estas manos y yo te vi en ese cuarto blando mientras me desp…

Tiempo y espacio

A veces el tiempo se hace un pequeño bollo en un rincón de la exietncia y se demora, estirado en todos sus minutos. Miro a los otros y ellos no perciben que ha empezado a correr de otra manera en el espacio. Siguen andando como si alguien los siguiera en medio de la frágil mañana. Yo, en cambio, veo los puesto repletos de gerberas, el sol que cae a pico rompiendo simetrías en los frentes, la sonrisa de alguien que se escapa, los hombres que no saben estar solos y atormentan, una voz que se tiñen de perfumes perdidos, alguien que te sujeta por un brazo y te ayuda, las lágrimas que caen sin poder detenerlas. Y entonces sé que vivo mientras los tallos crecen y los veo. No hay perfección más ardua que ver el tiempo como si fuera un espacio lento y conocer lo que tiene la vida de finito.

Julián: se lo fueron

Para Julian S., en un oscuro día de principios de abril de 1976



Julián tenía ojos azules. Tan azules que a veces se le veían las nubes pasando por detrás. Julián decía "nena" y yo me ovillaba como lana sedosa en el hueco perfecto de su abrazo. Julián daba besos que eran pasos de pajaritos en mi cuello y dormía su boca en mi vientre de raíces y tallos. Julián me llevaba de la mano por las calles soleadas de los setenta y pico e íbamos los dos como se iba entonces: con sueños en los brazos, con los pies en el barro profundo de la historia, con el viento en el pelo, con la risa en la sangre. Julián decía "nena" y su piel me rozaba e imprimía su huella en toda la textura de la mía, nos latían a la par los corazones y sabíamos que el amor es infinito mientras dura, sumergidos como estábamos, en plena adolescencia, en el mar de sentidos que se abría en la tarde cuando sobraban horas con que bordar el mundo que era nuevo y justo y, sobre todo, nuestro. Se lo fueron un día…

Mundo verbal

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Tejo con silencios la construcción de un mundo. Siento las bases en el vacío de un sitio con praderas en donde engarzo una por una las palabras y las veo crecer como flores fantásticas de perfumes perfectos: parvas de sustantivos que se mueven atravesados por el viento, tantos verbos hondísimos de raíces profundas, dos o tres adjetivos (hay que dejar que los hechos hablen sin adornarlos), adverbios, los que fueran apenas necesarios; y luego los pronombres: personales, nada de posesivos, algunos relativos (porque no deseo repetir los fracasos vitales de otros días), pocos demostrativos (el mundo se argumenta a sí mismo y alcanza), ciertos indefinidos (le dan misterio y asombro a la aventura), muchos enfáticos (siempre queda la duda). Y entre toda la flora de palabras andan las conjunciones sumando, separando, oponiendo la luz de la mañana y la noche; preposiciones que traen, llevan, levantan, precipitan. Así adviene la belleza del día que construyo porque quiero rodearme de todo lo q…

Las palabras

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Querría tener alas y deshacerme en el aire, liviana como un soplo; alcanzar las alturas de mi propia sustancia y comprender cada una de las palabras que sembraste en mi día: recorridos pausados de planetas que apenas puedo desmenuzar y cada uno canta como un fragmento en la luz que los mece: quien dijiste haber sido, quien decís que querrías para las sucesivas mañanas que te habitan, el dolor que te ciñe y te deja volar entre los páramos de tu propia tristeza. Querría tener la transparencia de la llama que alumbra, que late, que permite calentarse a su vera e iluminar la noche en que el alma solloza. Querría ser el agua que sacia al borde del desierto y que entre las manos tuviera yo verdes enredaderas que dieran sombra fresca y ser el sol que todo lo entibia con sus brazos brillantes. Pero tengo tan solo palabras que son piedras de colores en medio de la tierra, tengo solo palabras que son delgados vidrios donde mirar reflejados los ojos. Tengo solo palabras que pudieras mirar po…

Fieras

Aullan los animales con los ojos abiertos porque han dejado su conciencia de ser bestias sedientas y se entregaron a la perentoria marea del amor. Los vecinos murmuran qué cómo ha sido posible tanta barbarie en gente civilizada sin darse cuenta de que la envidia corroe su moral. Las fieras fieras somos, dicen ellos en los tejados de la noche mientran refriegan su pelaje a la luz de otra luna azul.

Último acto ( o algo así)

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Gustave Klimt, Dánae

Dafne prefiere el laurel al amor divino de Apolo y se da a la fuga, como tantas.
Algo se desliza impalpable entre el deseo y su verbalización.
Hay tanto néctar en los besos y sin embargo mascamos el tasajo.
Ser Dafne, o Dánae: el laurel o la lluvia metálica de oro. O quizá Leda envuelta en plumas de edredones y picos. O Psiqué que se atreve a dejarse llevar por las palabras.
Ser el ayer y nunca el hoy y menos que menos el mañana.
La cómoda seguridad de lo que ata al suelo y nunca el vuelo de alas en el cielo.
Ser siempre ninfa huyendo, es decir, nada; porque el que huye de otro escapa de sí mismo y no puede encontrarse más que cubierto de corteza y pesaroso.
No desear tener hojas, ni palmípedas patas sino huesos y manos que buscan otras manos y la luz que se cuela en los poros desde adentro hacia afuera.
Ser Isolda a la que la casualidad hace beber el filtro ponzoñoso y se enamora, trágicamente trágica, pero en estado irreversible.
Tanta literatura para …

Pájaros en busca de su vuelo propio

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Allí, en la bandada, hay dos aves primeras. Tienen las plumas suavísimas y blancas y su vuelo es liviano, perfumado e incierto. Cada tanto se miran, de lejos, mientras el aire se les cuela en el pecho y sus alas se rozan, apenas suficiente para verse los ojos. Y hay cielos profundos detrás de sus pupilas, el color de unos mares salados, casi verdes; hay praderas de flores diminutas, restos de pinos caídos en un bosque y, sobre todo, palabras en idioma de pájaros, de nido, de pastito olvidado, de memorias tremendas.; palabras que se dicen, palabras que se callan, palabras que se vuelan en el aire que surca la bandada y ellas, las dos aves primeras, se miran y guardan su distancia como una promesa en pos de otras mañanas color de mate amargo.

Un año y medio

La muerte es ese cristal que se rompe en fragmentos y permanecen todos clavados en la carne. Lo que intento decir es que, a veces, te extraño y querría morder el piedra que te cubre para decirte que no fue una buena idea lo que hiciste; que, cuanto menos, deberías haberme avisado para que yo supiera qué vestido ponerme, qué libros incendiarme, qué palabras prohibirme. No fue una buena idea irte así, de madrugada, como quien cierra la puerta para siempre, pero se quedan sus perfumes en el viento y sopla un huracán los días 28, así un domingo soleado y de brutal calor sobre mi nuca. No fue una buena idea que lloviera en mi vida y te llevaras de golpe los paraguas y yo quedara, desnuda, adelgazada, debajo del agua que me moja. No fue una buena idea que ni siquiera tuvieras la decencia de enseñarme a convivir contigo yo que siempre deseaba permanecer en casa; porque, al fin, te instalaste, saliste con la tuya y habitás mis paredes. No fue una una buena idea que te murieras siempre, cada …

18 meses

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Un domingo 28 hace un año y medio hoy tuviste una idea repentina: morirte, así como así. Recién fui al mercado y una bandada de pájaros volaba casi al ras del suelo. Fue una lástima que no estuvieras para verla remontar hacia el cielo azul. Coincidirás conmigo -aunque te daría rabia darme la razón- que te equivocaste de rabo a cabo ese 28 de febrero de 2010.



Diez respuestas a una sola pregunta.

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Porque un gato es un animal que no se impone.Porque un gato reflexiona con vos hasta altas horas de la noche y no llega -como vos- a ninguna conclusión.Porque cuando estás mal, un gato busca que lo acaricies para que recuerdes que siempre hay una posibilidad.Porque un gato no reclama afecto, lo provoca y lo concede.
Porque un gato deambula por tu desorden como si cada cosa estuviera en su justo lugar.Porque un gato está sin hacerse notar.Porque un gato, cuando leés, solo quiere que le hagas un sitio en tu regazo y lo dejes dormir.
Porque un gato se va cuando quiere y regresa si le dejás la ventana abierta.Porque cuando volvés agotado/a no te está esperando para que te ocupes de él.Porque son suavecitos acolchados invernales.

Pensar

El agua lleva mansa la tarde, la va arrastrando hacia su hondura nocturna y estrellada. Yo me quedo pensando arropada en la luz y en el pensar la emoción se atraviesa, se llena de brotes diminutos, germinaciones de días venideros, pequeños cántaros donde saciar la sed. Una brisa de colores pretéritos corre desde la orilla de lo que fuera un río y en la arena se rizan las palabras sus cabelleras de largas sílabas violetas. Llevo el pasado en una cajita de vidrio y canta su melodía con sonido de flautas y de huesos. La tristeza se duerme y nadie la quiere despertar.

Será

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Será que la hora va llegando y en un rincón del día amanecen los pájaros del tiempo.
Será que la ropa se pliega y guarece el silencio la lluvia de palabras.
Será que todo acaba y ocupa la maleta del pasado.
Será que el alba fue un escalón oculto, inexacto, acerado.
Será que en la ventana se observan las luces azuladas del mañana
y en mi boca se esconden los besos que no he dado.
Será que están tus ojos reflejados en nada.
Será que ya pasó lo que sentí que era.
Será que no era más que otra fría garúa en el patio empapado.
Será que no quisimos rescatar lo que tal vez sí hubo.
Será que el día crece con nervadura de aire, de luz, de primavera.
Será que se estremecen las ventanas del fuego y el pasado se quema para dar su tibieza.
Será que te despido porque así son las cosas.
Será que los manteles se mueven desnudos en la brisa.
Será que no eras vos y espero en el anden otra vez otro día.
Que el tiempo tiene rostro de promesa: es esa la verdad, isla desconocida de esperanza en mi carn…

22 de agosto: la masacre de Trelew

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¿A vos te contaron que en Trelew murió gente? Nena, vos sos tonta, ¿no? En Trelew y en todas las ciudades muere gente. No, boba, ya sé eso. No soy tan tarada. Lo que yo te quiero decir es que ahí hubo unas personas a las que las mataron. ¿En Trelew? Sí, no sé, una vez mi mamá me contó que ahí unos tipos se habían querido escapar de una cárcel o algo así y que los habían fusilado. ¿Eso fue cuando vos vivías ahí? No, creo que no. Yo no me acuerdo. Eso ya lo sé, de nada te acordás vos. Debés tener alguna deficiencia mental. Dejá de decir gansadas y contestáme. ¿Qué? Y esa gente estaba en la cárcel, ¿por qué? No sé bien, pero mi mamá me dijo que no eran presos comunes. ¿Comunes? ¿Qué son presos comunes? Los que roban o los que matan. También los que estafan. Pero hay otros que se llaman, ¿cómo es que dice mi mamá?. Ah, sí, presos políticos, que los ponen presos por pensar. ¿Por pensar? ¿Cómo van a poner preso a alguien por pensar si todos pensamos? Ahora vos no entendés, los ponen presos …

Transparencias

En los fríos surtidores de la mañana helada, el sol penetra como una fina aguja y zurce los retazos que quedaron. Hay una calma placentera en el silencio que no hiere, una quietud de lago debajo del cielo diáfano y ligero. Hablo conmigo misma, me digo las palabras que me faltan, me acuno en la tibieza y canto a la dicha que deberá llegar, aunque no sepa.

El pincel

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Bajo, tan bajo que nadie oiga y se resbalen los sonidos como el pincel arriba del papel. Después queda la marca, pero en la piel y, entintada, el alma se estremece de tristezas. No era necesario que se posara la alondra para cantar con su voz suave en otra madrugada de silencios. Lo que se fue, lo que se anda diluyendo por el aire tiene sabor a lágrima y en los colores del papel queda una sombra, figura diminuta que no se atreve a ser. Después cae una lluvia: fina, helada, transparente. Moja el papel que se adelgaza y cae deshecho por el tiempo sin haber alcanzado su destino de barco. La tempestad arrecia y se hace nudo agudo en la carne que no dice, que no habla, que enmudeció de miedo.
Yo hubiera querido un cuarto de palabras y solo tengo hojas que el viento se empeña en embarrar.

Las tres llaves

En una vasija hay guardadas tres llaves: una es de vidrio color de viento, otra de piedra color de mar y la última tiene el color de mi alma guardada en la vasija que no pudiste encontrar.

Mañana de lunes

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Junto al olivo canta un pájaro.
Y atrás la higuera consume su porción de muro cotidiano.
Es un día nuevo,
como una hoja en blanco para llenar con horas.
Hoja a hoja los árboles se desperezan sobre mi corazón fragante.
Y cae el agua al cántaro con melodías antiguas.
En la cocina se tuesta el pan
y el café desenrolla su encantamiento perfumado.
Hablo como un susurro,
aquietada en el aire perfecto, transparente.
Se oye una ducha lejos y alguien que canta en el jardín de al lado.
Mis ojos se deslumbran
y mi alma llama al bosque de los álamos altísimos.
Voy a decirte con palabras hiladas como cuentas de vidrio
que el amor es algo que se siembra para que dé sus frutos en otros mundos.
Hay que abonar la tierra: lo demás es una suerte de lluvias y tormentas.

Letras

Mundo mineral

La piedra habló y dijo: "No te vuelvas a tropezar."

El lagarto azul

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Hay una casa desde donde me llama un lagarto de piel azul.
Paso con mi ramo de margaritas cada mañana y sigo sin detenerme.
Nunca se sabe qué esconden los lagartos entre sus bellas escamas.
Nunca se sabe cuán venenosa es su larga lengua ensalivada.
Por eso, niñas, un consejo para recordar:
desconfíen de los lagartos de piel azul y curvas pestañas doradas.

La loca de la casa

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Las palabras se precipitan, se juntan, se resbalan. Mojan los intersticios con sílabas viscosas, se clavan en el cuello con colmillos de sangre, se alzan las polleras en las escalinatas, apuran un trago en el confesionario, mientras rezan algún Ave María. Las palabras insultan, acarician, suspiran, escriben sus guarradas personales en la puerta de un baño. Andan sobre la ruta en autos descapotables, fuman hasta enfermarse, se ponen portaligas con batones, amasan con harina unos panes monstruosos que untan con manteca mientras suena algún tango. Las palabras se bañan y las cercan las algas: alguna que otra vez se sintieron amadas y creyeron morirse debajo de los párpados; pero se despertaron luego y era una resaca andar pasando el día. Las palabras quisieron ser honestas y decir que no había sido ni siquiera una noche mejor que alguna otra, que no era tan bueno y qué tal si te callás y te dormís, cariño. Las palabras dijeron lo que era necesario que se dijera entonces, cerraron la m…

Arquitecturas

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Ante las circunstancias de la existencia (esos eventos que la componen minuciosa y completamente) sólo se esperan dos actitudes: llorar desconsolada con el pecho apoyado en el murallón de una costanera cualquiera mientras el viento -más o menos violento- despeina los cabellos o emplear los restos para la construcción de un edificio. Soy dueña de incontables viviendas junto al río.

Irremediable

Yo tenía un corazón adentro de una nuez, envuelta en un tul bordado con margaritas, que un pajarito llevaba en su pico; pero no lo viste: el pájarito se enfermó, el tul se deshizo, la nuez se secó y mi corazón quedó llorando sentado en el cordón de la vereda de una calle por la que nunca vas a pasar.

Matemática pura

Uno más uno dos, pero se equivocan: uno más uno es solo eso: uno más uno sin síntesis abarcadora que pudiera dar dos.

La confianza

La confianza dice no con la cabeza y, en la mano, estruja su pañuelito de palabras. Ella quiere saber, que le cuenten una y otra vez la vieja historia en la que nunca termina de creer. Busca en su pecho, el lugar en donde se extravió su corazón y solo halla unos huequitos de colores antiguos por donde sopla el viento de la pena una vez más. Dice que ahora no, que otra vez será, que muchas gracias, que ha sido una velada encantadora, que quizá en otra circunstancia, que Dios dirá. Y en sus ojos de gacela olvidada, la confianza construye un edificio de certezas para abrir esa puerta y refugiarse en él.

Nadie quiere jugar conmigo

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Trapito

Miré tus ojos y no había luz que reflejara mi mirada;
así que tomé un trapito para lustrar la vidrierita de mi corazón y dejar que lo entibiara el sol.
Y trapo va y trapo viene,
te fuiste disolviendo y brillé.

17 años

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Llovía como llueve en julio en Buenos Aires cuando llega la sudestada: frío, finito e incesante. Algunas ráfagas más tupidas y un viento helado colándose en el pelo, en la ropa, en los guantes, entre los paraguas.
Y entonces a esa hora de siempre: la sirena sonó y pensé en los muertos: en esos, en los míos, en los que todos tenemos en algún pliegue del cuerpo.
Y la sirena penetraba en mis ojos al compás de la lluvia: fría, finita e incesante.
La sirena era un pedido de auxilio, de justicia, de memoria.
Me revolvía el alma. Volaba entre el techo de paraguas que no nos cobijaban. Hice lo que hago siempre cuando algo me asalta: lloré porque las lágrimas reparan las heridas y son el agua con que regar la confianza en que algún día el mundo será un sitio sin ninguna tormenta.

Apariencia y realidad

La única familia es la que una nunca puede alcanzar. La otra, la que existe, la que lastima es un efecto de la radiación.

Anécdota escolar XCIV: Yo quiero ser toro.

Los cuentos fueron colocados frente a los alumnos. Uno a uno con su texto y con sus posibilidades de interpretar lo que ese autor tenía para decirles, ahí, en esa precisa circunstancia.
-No entiendo.
-¿Qué quiere decir infortunio?
-¿Y hervor?
-¿Y nítido?
-No entiendo.
-¿Qué es el gato? ¿Un gato?
-¿Cómo alguien quiere ser toro?
-¿Qué te pasa, nena, nunca quisiste ser conejo?
-No entiendo.
En el frente, ella respiró profundo. Al fin y al cabo no era tan complejo: una carilla, un niño que recuerda, siendo adulto, un pasado doloroso que, sin embargo, valoriza porque la infancia -ya sabemos- es la edad de oro de los imbéciles inconformes con su adultaactualidad.
-No entiendo. ¿Vos entendés que yo, yo -oíme bien- yo no en-tien-do?
Tuvo la sensación de una crisis histérica al por mayor y multiplicada por cinco, seis o siete sirenas desatadas intentanto que Odiseo no llegue a casa, no por el afán de quedarse con el hombre; sino, tan solo, por arruinarle la vida a la pobre Penélope. Así que deshizo la t…

Literar en familia

Una familia en la que es imposible tejer lazos;
una familia en la que nadie hace que valga la pena llegar;
una familia en la que no se reconoce al otro como tal;
una familia donde los bebés fueron sacados al frío de julio con los piecitos desnudos y nadie se alarmó;
una familia donde la madre mira para otro lado como si nada estuviera sucediendo aquí;
una familia donde el padre vuelve, pero no está;
una familia donde los hermanos sufren la diáspora como algo sumamente natural:
una familia que hubiera podido brindarme la demencia y, en todo caso, me regaló la literatura como necesidad.

Escritura

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La superficie del día se sostiene alargándose hacia la noche en que oscurece.Es una página en la que escribo los sucesos cotidianos con suave tinta verde y una pluma delicada que no deje raspones.
A veces los asuntos se emborronan y no puedo continuar con las frases que se desmoronan sobre sí mismas. Entonces es difícil que el día continúe. La tinta se deshace seca sobre la hoja y los papeles vuelan llevados por el viento de la nada.
Pero otros días, la pluma se humedece en el cántaro tibio del silencio y saca un río de aguas torrentosas que cantan entre los sustantivos y los verbos como si fueran arroyos cristalinos donde el día se alarga para llenarse de risas, de abrazos, de perfumes.
Como si fuera el mundo rehaciéndose en tinta, la hoja se completa y en la noche se aquieta para que entren tus ojos y me escriban el alma.

El pasado.

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Todo lo que fuimos
Todo lo que hicimos
Todo lo que alguna vez aleteó en nuestros ojos
Todo lo que preferimos desechar y perderlo
Todo camino que tomamosy aquellos que ignoramos
Todo está en nuestra alma
y a veces clama por ver la luz
por sentir los perfumes que le crecen al día
por tocar con los dedos intangibles del tiempo
y abrimos esa caja que llamamos memoria
y allí está el pasado
-intacto como una jovencita-
y lo miramos con la nostalgia que sentimos por las cosas que quedaron adentro, que ya no son, que perdieron su boca.
y cerramos la tapa porque el presente reclama por sus hojas
reclama por su viento,
reclama sus espadas,
reclama sus cristales transparentes.
Y allí queda la caja como la tierra fértil donde crece la vida.

Alice, the little mermaid, in the Cocoaworld

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Lluvia de paraguas

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Abrazo

Ayer la niebla se ceñía como una débil cinta al borde de las calles y dos o tres luces titilaban perdidas. En medio de una humedad siniestra yo dormía abrazada y las tormentas no podían mojarme con su sinfin de rayos, con sus gotas de vidrio, con sus truenos de piedra. No era necesario abrir el borde de los párpados para ver cómo el mundo chorreaba fuera de mí su carga de presagios: volaban agoreras las erinias sin poder acercarse a tu abrazo. Adentro de mi cuerpo mi corazón fosforescía dispuesto a deshacerse del silencio. No hay sitio donde no pueda ir a buscar las palabras con que poblar los huecos de perfectos relatos. Nada me roza ahora en medio de tu abrazo.

Clase de palabras

En el cuerpo se tejen hilos delicados cuajados en cristales: una larga madeja donde se anudan insectos de alas incrustadas de nenúfares. En el centro de mi alma brilla una luz que huele a rosas y la alimento con fragmentitos de palabras que ella devora con avidez. En las extensas noches oscuras me alumbra para que pueda abrir los secretos que se esconden en los libros y que debo conocer. A veces nos estallan verbos entre los dedos, pero los sanamos con una infusión de adjetivos sutiles y todo dolor torna a cesar. En esa luz, cuidado por mil llaves doradas, vive tu nombre que ha sabido perdurar. Es el sustantivo más codiciado por los buscadores de milagros: solo yo lo conozco en toda la superficie del planeta. Sólo yo.

Si ves al futuro...

En el vaso no quedaba nada más que un poso oscuro donde podía leerse el futuro: borra y barro. Sólo eso.

Comunicación.

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Él tomó un ovillo de hilo y una aguja.
Ella creyó que iba a zurcirle las heridas del alma.
Él la anudó a una silla y le clavó la aguja en el corazón.
Moraleja: No creas que los demás son costureros.

Final feliz

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El príncipe había dejado una estela de piedritas que conducían directas a su mansión de plata y de cristal.
La doncella las vio y pensó: "Pero, ¡qué descuidados...dejar el bosque así!"
Así que tomó una escoba y con sacudidas decididas las barrió. Y el príncipe se quedó sin entender por qué ninguna muchacha golpeaba su puerta.
¿Y la doncella?
Ella se casó con un leñador que le construyó una modesta casa de madera -cocina inmensa, un par de cuartos y jardín-, le dio tres hijos y la abrazó en las noches de tormenta y en todas las demás.
Y este, aunque no lo parezca, es un final feliz.
A esta altura, todas sabemos, que más vale leñador en casa que príncipe en mansión de cristal...

Andando

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Un corazón

Hablo
Digo
Enuncio
Pero mi alma está en otro sitio
Y allí no hay nadie que pueda acompañarme
Paso sobre las cosas sin sentirlas
Quiero tener un corazón
Y descansar cuando caiga la tarde.

Bajo la lluvia

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Hace frío y la puerta está entornada.
Una suave luz amarillenta se filtra desde el interior.
Unas voces y risas acalladas escapan entre las rendijas abiertas.
Un aroma a horno de pan satura las moléculas de aire
y una música de flautas y campanas se oye atrás.
El hombre está parado bajo la lluvia, pero no puede entrar.

Pretérito imperfecto

He intentado hacer donde no había:
el bosque en el desierto,
el mar en la sequía,
el viento en calma chicha,
la vida en los muertos,
lo generoso en borde de avaricia.
He intentado todo
y solo he obtenido
llagas, lastimaduras, soledades.
Cultivaré entonces la sombra de mis manos
para tener abrigo cuando llegue el silencio.

Hipótesis

Para mí

Si creías
Si suponías
Si tenías la idea
Si se te cruzaba por la cabeza
Si pensabas
Si esperabas
Si se te había ocurrido
Olvidate
Hemos pasado ya tantos inviernos que uno más no es ni siquiera motivo de llanto, lágrima, grito, o desesperación escénica
Adentro es una eterna primavera
y las cuentas se saldan con la almohada.

In your eyes

Nada queda.
Todo se disuelve en el parpadeo que va desde ayer a hoy.
¿O fue hace tanto tiempo que creo que no te conocí?
Nada queda.
Solo un leve rasguño en el iris que va cicatrizando poco a poco.
Al fin y al cabo, una cucharita que da vueltas en una taza de café.

La fiesta en paz

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Hay que decir las cosas como son: nunca se habrían puesto de acuerdo para elegir el color con que pintar la pared. Él hubiera discutido media hora con el pintor y a ella le hubiera importado un céntimo el verde o el azul. Así que, ¿para qué insistir con el relato moderno del amor?
Taza taza, cada uno para su casa y la fiesta terminó como debía acabar: en paz.

El silencio

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El silencio es una boca que me traga, que lleno con palabras para que no se pinte con colores de muerte. El silencio es mi madre encerrada en su cuarto y la niña que nunca fui del otro lado de la puerta, sola, olvidada, esperando que alguien tapone el agujero que le crece en el pecho. El silencio es el agua que les falta a mis peces cuando quedo varada en oscuras orillas y me alejo -frágil, menuda, breve. El silencio es la barca que se llena hasta el borde y me hunde en todos los fantasmas que habitan en mis ojos desde siempre.
Alguien me acerca un libro que explota de vocablos, que es cofre repleto de palabras que puedo apilar como torres, llenar de transparencias, refulgir en la noche. Entonces mi mundo se hace bueno: lo que mi madre calla golpea contra mi frente blanca; pero yo tengo verbos en el borde delgado de mis labios. Nada podría sucederme si me oculto en mis libros, si pinto bailarinas y castillos de colores livianos donde no viven monstruos con los labios cosidos, donde tod…