Acuarelas: primera vez

Puse el agua limpia -bajaba el río entre las piedras-.
Mojé el pincel -corrían animales sedosos bajo la lluvia-.
Humedecí la hoja hasta inundarla -las gotas perfumaban la tierra-.
Elegí el color - amanecía el alba como un cuenco en el campo-.
Dejé caer los puntos de colores y miré.
Hay pocos milagros que me quedan: el azul se expandía con venas de sutileza extrema y, entre ellas, el verde sacudía sus hojas de rocío donde el violeta anclaba su poderosa estirpe de profundo misterio; entre todos, el rojo se expandía avasallante como una lengua gorda y el amarillo hundía su luz de invitado a la fiesta.
Sin límites se abrían impensadas figuras hechas de sucesivos nados del color en el agua: ríos, animales, lluvia, sol, campos.
Había que mirar y descubrir los rumbos como un viajero que abre los ojos y está en otro sitio que revela sus cortes, sus perfiles, que le golpea el alma como lo que se sabe nuevo e irrepetible porque el viajero ya se pone en marcha y busca otro paisaje que lo llame a sentarse y ver el color expandirse como acuarelas nadando por el agua.

Comentarios

Silvia ha dicho que…
Toda primera vez es un nacimiento y debe celebrarse. Que las acuarelas sean como barcas que lleven tus hermosos dibujos a nuevos puertos y nuevos mundos por descubrir.
Un beso.

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