El amor

Sólo nos enamoramos de aquellos que, de una u otra forma, reproducen imágenes de nuestra infancia. Si la reproducción es de instantes luminosos, habremos alcanzado la felicidad; pero si lo revivido son esos densos momentos de viscosa oscuridad sólo nos aguarda una sempiterna prolongación del infierno infantil.
Y todo esto porque nos recordé hace un año comiendo a la orilla de la ruta tres, como, cuando era pequeña, con mi papá.

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