domingo, 9 de enero de 2011

El tiempo involuntario


Trato de ver que hay más allá.
Aguardo que la tarde se haga mansa.
Espero que la vida se serene y la luz se disgregue en gránulos sombreados.
Miro los pájaros que vienen a posarse en el ceibo.
Me pregunto, al cabo, cómo es posible que haya sucedido.
Me resigno a tu ausencia definitiva.
Me ilusiono pensando que tengo el tiempo guardado en mi bolsillo.
Pienso en el sol como una fresa que no me corresponde.
Me ahogo de palabras y colores.
Te extraño irremediablemente.
Siento mi vida como una pradera donde estarás no estando.
Quiero a los que me amparan.
Lamento que hayas muerto tan de pronto.
Escribo para ponerle coto.
Leo para llenarme.
Dibujo para sentir que te reís todavía de todo.
Así se pasan los minutos y se llevan rodando mis tristezas hacia un futuro que no está en el presente ni en ningún otro lado porque el tiempo es algo que sucede, que se amontona, que ya pasó, que no te toma lista porque vos te moriste en algo que se llama pasado y que no está aunque cantes en los segmentos profundos de mi cuerpo y en ese espacio ancho que habitan mi memoria amorosa y tu recuerdo.

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