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Mostrando entradas de marzo, 2011

El perro

Soy un perro que se muerde la cola. El problema es que el rabo se acabó y ya me devoré medio lomo. Si sigo así, no me dejaré nada con qué vivir.

Propuesta

-¿Qué dijiste?- susurró ella con los ojos anegados de lágrimas que intentaba reterner.
Él la miró sin entender.
Ella se levantó de golpe y, con su movimiento brusco, empujó un poco la mesa.
-¡Pará! -exclamó él- ¿Qué te pasa?
Pero ella ya corría para el baño del bar y él, atónito, la miraba perderse en la puerta blanca del cartel "Damas". Y se quedaba sin entender. Diez largos minutos sin entender.
Al rato, ella salió con la cara roja y los párpados refregados.
Se volvió a sentar sin mirarlo.
-¿Me querés decir qué carajo te pasa? -preguntó él ahogando la rabia.- ¿Por qué saliste corriendo así?
-¿Así? ¿Así cómo?
-Como una loca. Sólo tenías que decir que no si no querías. ¡Quien te entiende!
Ella respiró profundo y mirando por la ventana dijo:
-Pensé que nunca me ibas a decir que nos casásemos y hace diez días que empecé a salir con Mario. No sabía...
Él sacó las cuentas de los últimos diez días, metió una mano en su bolsillo, dejó un billete sobre la mesa y salió, mientras el…

La caja

Yo le di la caja. Era lunes, 21 de diciembre, un calor que pegaba los pájaros al suelo. Habíamos caminado en procesión -informal y desarticulada- hacia la casa; yo con la caja. Como si llevara una ofrenda. La gente ya festejaba una Navidad deslucida e imprecisa, pero yo llevaba la caja.
Ella venía apoyada en el brazo varonil de mi hermano, como siempre. Y él se inclinaba, ligero, hacia ella, protegiéndola de las circunstancias que se habían instalado entre nosotros desde el jueves anterior. Todo perfecto, pero la que llevaba la caja era yo. E iba sola, adelante, por la calle Olleros que parecía una boca de aire quemado de tan caliente.
Al llegar, ella sacó la llave y me la extendió. La introduje en la cerradura y la puerta sonó oxidada sobre las bisagras. Esperé que todos pasaran -ella, mi hermano, y la vecina infaltable que ella solía prohijar como si fuera su propio riñón-, y cerré la reja. Con el llavero me dirigí a la puerta de entrada donde me aguardaban. La casa estaba fresca y o…

Tu nombre

Cierro los ojos un segundo para poder mirar la esencia ventajosa del verano. La nuca se irisa de sudor como un collar de frescura aduraznada y huelo su perfume mojado. Debajo de mis párpados crece tu nombre húmedo y fecundo. Siento cómo echa sus raíces en la densa tierra de mis pupilas y da sus hojas asomando en las líneas sutiles con que se teje el iris. Mis pestañas aspan el viento en medio de tus letras y las refrescan una por una hasta que tiemblan movidas por el aire. En mis cejas se limpia la tormenta veraniega de tus sílabas y te veo con los ojos cerrados abriéndome un camino que me diga cómo era lo que yo esperaba y nunca acontecía. Después cuando entra la luz calurosa de marzo, tu nombre me acompaña con los ojos abiertos.