jueves, 8 de marzo de 2007

Sus palabras

Está de pie en su balcón y yo me he sentado en un costado. El viento de un marzo caluroso pasa rozando los edificios y abre las palabras. Yo trato de explicar lo inexplicable y él oye lo que digo, siempre de pie, y el viento que se enreda entre mis labios. Se hacen silencios hondos como espadas y temo haberlo lastimado sin desearlo -yo que sólo quería tener manos de agua curadora-. y entonces él lo dice: "Si te ponés a llorar y no me decís qué te pasa, yo nada puedo hacer por consolarte porque hay un abismo y me dejaste afuera." Son tan simples las escasas palabras que me dice, tan simplemente claras, tan contundentes, exactas. Son como flechas que alcanzan el centro de mi alma y me desarmo porque dan en el blanco, en el azul, el verde. Más allá no existen más palabras: ni antes ni después nadie me ha dicho algo que tenga la dimensión exacta de lo que él me dice, de pie, y en su balcón, mientras el viento pasa. El cielo se hace rojo que es color que tiene el amor que me nace en el alma.

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