domingo, 1 de mayo de 2011

Daga

Ahora llueve.
En este instante mismo en que lo digo acontecen las gotas sobre el borde de vidrio.
Su ruido se amontona en mis oídos que estaban dormidos.
Bajan sobre la superficie helada de los muros,
y se amontonan como burbujas en las ventanas.
El viento sacude los marcos y se eterniza en el ritmo del agua.
Ahora llueve.
Es un día robado a las nueces del tiempo y hay que abrirlo lento.
Se puede vivir como si fuera.
Nadie exige la verosimilitud coherente del realismo.
Cierro los ojos justo en el límite de la lluvia que cae y es verdadera.
El resto -mis palabras, los efímeros embates con se agita el alma, la mueca cristalina de los verbos- son ficcionales siempre y yo tengo la pluma que los dice.
Literatura: un mundo que construyo para aliviar lo que sucede más allá de la lluvia.
Que cae.
Que resuena.
Que moja.
En el aire resuenan las campanas de las nueve.
Como otras gotas.
No quiero oirlas y acallo su sonido metálico y austero.
Ahora llueve.
El resto es ficción, es un espejo, una máscara.
Sólo la lluvia es daga.

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