viernes, 3 de junio de 2011

El silencio


El silencio es una boca que me traga, que lleno con palabras para que no se pinte con colores de muerte. El silencio es mi madre encerrada en su cuarto y la niña que nunca fui del otro lado de la puerta, sola, olvidada, esperando que alguien tapone el agujero que le crece en el pecho. El silencio es el agua que les falta a mis peces cuando quedo varada en oscuras orillas y me alejo -frágil, menuda, breve. El silencio es la barca que se llena hasta el borde y me hunde en todos los fantasmas que habitan en mis ojos desde siempre.
Alguien me acerca un libro que explota de vocablos, que es cofre repleto de palabras que puedo apilar como torres, llenar de transparencias, refulgir en la noche. Entonces mi mundo se hace bueno: lo que mi madre calla golpea contra mi frente blanca; pero yo tengo verbos en el borde delgado de mis labios. Nada podría sucederme si me oculto en mis libros, si pinto bailarinas y castillos de colores livianos donde no viven monstruos con los labios cosidos, donde todos se dicen buenos días y ríen. La niña que me desearía ser aún está parada al lado de esa puerta y llena el silencio con el ruido de páginas que pasan.

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