Final feliz


El príncipe había dejado una estela de piedritas que conducían directas a su mansión de plata y de cristal.
La doncella las vio y pensó: "Pero, ¡qué descuidados...dejar el bosque así!"
Así que tomó una escoba y con sacudidas decididas las barrió.
Y el príncipe se quedó sin entender por qué ninguna muchacha golpeaba su puerta.
¿Y la doncella?
Ella se casó con un leñador que le construyó una modesta casa de madera -cocina inmensa, un par de cuartos y jardín-, le dio tres hijos y la abrazó en las noches de tormenta y en todas las demás.
Y este, aunque no lo parezca, es un final feliz.
A esta altura, todas sabemos, que más vale leñador en casa que príncipe en mansión de cristal...

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