sábado, 6 de agosto de 2011

La loca de la casa


Las palabras se precipitan, se juntan, se resbalan. Mojan los intersticios con sílabas viscosas, se clavan en el cuello con colmillos de sangre, se alzan las polleras en las escalinatas, apuran un trago en el confesionario, mientras rezan algún Ave María. Las palabras insultan, acarician, suspiran, escriben sus guarradas personales en la puerta de un baño. Andan sobre la ruta en autos descapotables, fuman hasta enfermarse, se ponen portaligas con batones, amasan con harina unos panes monstruosos que untan con manteca mientras suena algún tango. Las palabras se bañan y las cercan las algas: alguna que otra vez se sintieron amadas y creyeron morirse debajo de los párpados; pero se despertaron luego y era una resaca andar pasando el día. Las palabras quisieron ser honestas y decir que no había sido ni siquiera una noche mejor que alguna otra, que no era tan bueno y qué tal si te callás y te dormís, cariño. Las palabras dijeron lo que era necesario que se dijera entonces, cerraron la maleta y se marcharon sin regalar, siquiera, la dicha de un portazo. Cuando el frío del día les pegó en las mejillas, dijeron estoy viva, abrieron su boca de sirena y se rieron.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Nena, has vuelto.
Un auténtico Julieta Pinasco.
Me gustás más cuando escribís así.
Diego S.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...