miércoles, 31 de agosto de 2011

Las palabras


Querría tener alas y deshacerme en el aire, liviana como un soplo; alcanzar las alturas de mi propia sustancia y comprender cada una de las palabras que sembraste en mi día: recorridos pausados de planetas que apenas puedo desmenuzar y cada uno canta como un fragmento en la luz que los mece: quien dijiste haber sido, quien decís que querrías para las sucesivas mañanas que te habitan, el dolor que te ciñe y te deja volar entre los páramos de tu propia tristeza. Querría tener la transparencia de la llama que alumbra, que late, que permite calentarse a su vera e iluminar la noche en que el alma solloza. Querría ser el agua que sacia al borde del desierto y que entre las manos tuviera yo verdes enredaderas que dieran sombra fresca y ser el sol que todo lo entibia con sus brazos brillantes. Pero tengo tan solo palabras que son piedras de colores en medio de la tierra, tengo solo palabras que son delgados vidrios donde mirar reflejados los ojos. Tengo solo palabras que pudieras mirar porque te las estoy diciendo en esta tarde larga en que no sé qué hacer con tus propias palabras, esas que pensaste y fuiste sembrando en medio de este bosque para que yo creyera que era posible, algún día, hallar el camino de retorno a mi casa.

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