viernes, 23 de septiembre de 2011

Bro

Escuchame en esta hora temprana en que todos duermen y mis susurros se oyen mejor: no hay ninguna posibilidad. De tanto andar de verbo en verbo me cansé: levemente, como suelo fatigarme yo; en un gesto que parece que estoy tomando aire para continuar. Lo digo y ya sé que no podrías escuchar que, entre líneas, entremezclado, estoy diciéndotelo para que lo comprendas. Hay gestos de conciliación que se desvanecen tan pronto como fueron enunciados y nadie puede hacer para que los fantasmas se transformen en cuerpos cuando ya iniciaron la invasión los insectos y los gases de la descomposición. No digas luego que no te lo avisé, o que exagero, o que veo cosas que no son. Vos, que agrupás las palabras monosílabas y son las que usás, dormí en tus dos letritas monocordes, entregado al silencio oscuro de tu boca; que yo, aunque no lo sepas ahora ni nunca, me voy a desplegar por ahí la sintaxis desparramada y caótica de mis frases y no regresaré jamás. Amo los trenes iluminados como oraciones que serpentean en medio de la noche y no hay manera aún de que floten sobre las aguas de los ríos o los mares. Nos han matado los orígenes y esa fatal manía de exclusión. No creo en la reencarnación.

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