domingo, 18 de septiembre de 2011

Dinner in the garden

Los pequeños gestos se aposentan en el borde de las pupilas y desde allí comandan una suerte de desfile con el que quedo absorta: pasan como en un vuelo raudo el tintineo de las copas de cristal sobre un mantel blanquísimo, salsas de texturas untuosas, frutas de colores abusivos y una fragancia que se instala en todos los rincones del jardín para abrazarse con la música que, suave, se desliza. Afuera, más alla de este espacio ancho y atrapado de azaleas, que se abre a la noche clara de una temprana primavera sin lluvias, pasan, como siempre lejanos, los ruidos de transportes y las voces de la gente, mientras los farolitos y las velas iluminan con ternura la medianoche frágil para evitar la oscuridad. En las manecillas del reloj se enredan de a poco los relatos, las palabras y sube una quietud parecida a la calma del mar en la madrugada. Una mariposa se posa sobre las fuentes vacíos y con ella la risa es una tibia oleada de placer.

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