domingo, 4 de septiembre de 2011

Julián: se lo fueron

Para Julian S., en un oscuro día de principios de abril de 1976



Julián tenía ojos azules. Tan azules que a veces se le veían las nubes pasando por detrás. Julián decía "nena" y yo me ovillaba como lana sedosa en el hueco perfecto de su abrazo. Julián daba besos que eran pasos de pajaritos en mi cuello y dormía su boca en mi vientre de raíces y tallos. Julián me llevaba de la mano por las calles soleadas de los setenta y pico e íbamos los dos como se iba entonces: con sueños en los brazos, con los pies en el barro profundo de la historia, con el viento en el pelo, con la risa en la sangre. Julián decía "nena" y su piel me rozaba e imprimía su huella en toda la textura de la mía, nos latían a la par los corazones y sabíamos que el amor es infinito mientras dura, sumergidos como estábamos, en plena adolescencia, en el mar de sentidos que se abría en la tarde cuando sobraban horas con que bordar el mundo que era nuevo y justo y, sobre todo, nuestro. Se lo fueron un día: sintaxis imposible, incorrecta, infamante porque a él se lo fueron los lobos en la noche y aullaba la luna, pero nadie la oía; y gritaban los árboles, pero las puertas se habían cerrado para siempre. Se lo fueron a golpes de mis brazos y me quedó el cuerpo manchado con su sangre y en la cabeza me martillaba el fuego de un lamento que debía callarse para seguir con vida. Y el amor se hizo odio, se hizo dolor agudo, se convirtió en pena, melancolía y más tarde nostalgia, eso que tiene el "nostos" de regreso imposible. Julián tenía ojos azules: tanto que los peces nadaban en sus tibias pupilas cuando yo lo besaba. Seguir con vida o no, regresar o perderse, enterrar huesos inexistentes mientras los lobos masticaban su cuerpo que había sido mío y su boca infinita. La vida fue la única forma que tuve para decir estoy.


1 comentario:

La Co dijo...

Ir y quedarse, y con quedar, partirse...
Sólo que vos no vas sin alma, pero sí cargás con un par de ajenas.

Mis sentidas reverencias a ese vientre que no descuajó las raíces dejó crecer sus tallos. Sos un árbol (de la vida, de los recuerdos, de los sueños) formidable y se nota a la legua.

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