martes, 13 de septiembre de 2011

Tacto

Deslizo mi mano: apenas la rugosa superficie de la hoja y un par de glóbulos que se anegan como vasos en el licor sorpresivo de la madrugada. Después la lisura del mármol y su frialdad intempestiva de témpano, alguna que otra grieta por donde emana la música de las raíces y la salada temperatura del océano. Mis dedos se acurrucan mecidos por las ondas descalzas del sonido, entre las vaporosas telas que se deslizan sin colores agudos. Los animales huyen por los caminos en sombra y el bosque desnuda su silueta azul por las mañanas antes de sumergirse en las aguas del río. Yo deslizo mi mano en la piel que se aclara de tanto mediodía de luz y de fragancia. Después cierro los vidrios bajo la luna redonda y amarilla y me duermo mientras flamean los estandartes perfectos del recuerdo.

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