Sábado de lluvia


En las yemas que rozan la superficie nace un juego de códigos que se encienden cada vez. En esa milimétrica distancia que va de la mano a la piel no hay ninguna palabra que pueda resbalarse para decir. Ni vos ni yo sabemos qué color tiene el cielo nocturno a la hora exacta en que empieza a llover. Sumergidos estamos en el resquicio preciso de la luz.

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