viernes, 7 de octubre de 2011

Hospital Santa Lucía

Hay gente que simplifica su percepción hasta quedar ciega.
Hay otros que, de tan profundos, no pueden ver lo que es evidente.
Hay algunos se sumergen con los ojos cerrados en cuanta cosa se les cruza.
Hay los que pusieron el ojo donde habían puesto la bala y les estalló el globo ocular.
Hay ciertas personas a las que, si algo las asusta, se tapan con las manos.
Hay quienes se dilatan las pupilas para que se les abra la percepción y terminan dándose contra la pared del desespero.
Hay algunos individuos se colocan anteojeras para captar tan solo lo que les ponen en su senda.
Hay algunos que criaron cuervos y ya no pueden ver.
Hay otros que ven a primera vista y se confunden con vanos artificios.
Hay daltónicos que ven lo que su determinación genética les permite ver.
Hay quienes tienen las niñas de sus ojos y se soslazan de cadera a pechos sin cesar.
Hay miopes a los que el futuro se les esacapa.
Hay quienes se niegan a ver y se vuelven los peores ciegos.
Hay astigmáticos a los que no hay forma de hacer que vean el presente minucioso y detallado.
Hay gente que multiplicó ojo por ojo y se quedó sin dentadura y sin poder reconocer su cara en el espejo.
Hay hipermétropes a los que las circunstancias se les borran y difuminan.
Hay quienes no sienten con el corazón y para qué van a mirar con los ojos.
Hay tuertos que solo observan la mitad de las cosasy se niegan a completar su percepción.
Hay quienes se sentaron a mirar el ganado y sus vacas se murieron de hambre.
Hay de todo en la óptica del Señor.



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