viernes, 4 de noviembre de 2011

Puente

El puente cuelga en medio del abismo: de un lado está la ciudadela y del otro, el camino que se pierde en el bosque umbrío. Debajo, a miles de metros sumergido entre piedras, corre un río de aguas torrentosas y azules. Salgo de un punto para llegar al otro. Ya no quiero los palacios de mármol, las torres de cristal donde quiseron mantenerme los sabios y los buenos, los malvados guardianes y los reyes de melenas violentas, los comerciantes astutos y los que navegaban otras tierras que habían recibido el nombre de mujeres pretéritas y otras. Camino sobre el puente con los pies lastimados y el viento se enreda entre mis piernas y sube por mi vientre que supo de dolores antes de dar a luz una tibia mañana. Camino porque lo hice desde siempre en las inhóspitas regiones donde me hablaron de cosas que no supe hasta mucho después. Puedo caer, es cierto; puedo rasgar mi carne con las rocas agudas; puedo morir, incluso. Pero no hay otro modo que ir: pie tras pie hacia el bosque oscuro donde me internaré para hallar las palabras que le den vestidura a la lengua que hablo, que alen mi sustancia y me lleven, lejana, a otros territorios donde surquen el vuelo golondrinas de niebla. Dicen que el bosque tiene fieras salvajes, crudelísmas: yo camino tranquila; por fin, me aguardan quienes hablan mi idioma de sangre apasionada. Nos reuniremos a la vera del fuego a compartir la luna en medio de las hojas. Nadie sabrá quién soy porque todos olerán en mi piel el rito primigenio de la especie. Ahora camino sobre el puente. Y, como el músico sagrado, no miraré hacia atrás.

No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...