sábado, 26 de noviembre de 2011

Sábados

Pasó la tarde brillando como una bola verde con luces estivales. A lo lejos el sol calentaba el filo de las cosas. Nadie pensaba en nada y las horas pasaban, livianas y exactas como lágrimas. No te conozco, porque no hay forma de conocer lo repentino. Una puerta se cierra con el viento y los vidrios se anegan en el agua. Yo querría decir palabras que tuvieran algún tipo de médula y solo despliego mis alas en el aire nocturno que ya llega. Huele a casa vacía donde se cuecen las uvas maduras y el perfume caliente de limones se guarda en anaqueles veraniegos. Miro hacia afuera: dicen que está la vida y golpea mi puerta. Me pongo mi vestido para salir a abrir de par en par los ventanales para que entre la luz con todas las palabras que se vengan.

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