sábado, 24 de diciembre de 2011

El secreto

"Voy a contarte un secreto.", dijo. Él la miró directo al rostro y vio que los ojos le brillaban con una irisada luz verde. El corazón se le encogió apenas un milímetro para expandirse rápido en el perfume de bosque que tenían sus cabellos cuando ella sacudía la cabeza. La mujer se sonrió y él también. "¿Qué secreto?", preguntó. Ella tenía una risa de cueva submarina con peces fosforescentes y saladas estrellas repentinas. "Un secreto mío.", susurró la mujer. "Decímelo.", apuró el hombre. "¿Qué me darás a cambio?" Él pensó qué tenía para entregar por un secreto. ¿Dinero, joyas, propiedades? Nada tenía, pero deseaba el secreto de esa mujer que olía a mar, a bosque, a electricidad. Ella enredó una pierna con otra esperando la oferta. El hombre suspiró y dijo, "No tengo nada, nada puedo ofrecer: ni un hogar, ni una familia, ni siquiera una hora de absoluta seguridad. Me pierdo tu secreto porque soy el más pobre, el más huidizo, el más frágil de todos los mortales." Ella irguió su torso desnudo y el hombre vio que, en la espalda, a la mujer se le desplegaban dos alas de colores brillante. "¿No hay nada que puedas ofrecerme?", repitió con su voz ronca y mojada. El hombre negó con la cabeza. Y entonces ella lo besó con delicadeza en la oreja susurrando palabras delgadas como algas mientras el hombre sentía que el mar comenzaba a llenarlo con una marejada de color. Esa noche la orilla los mojó una y otra vez hasta que el sol salió.

1 comentario:

Gabrielle Luna dijo...

De paseo por aquí. Que grato y maravilloso es estar aquí.

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