sábado, 24 de diciembre de 2011

Viaje

Él le besó los pies y le acarició las rodillas con sus labios .
Ella, entonces, se rió como si hubiera un mundo detrás de su sonrisa.
Las palabras se hicieron un columpio de luz y el cielo estuvo cerca.
La hora se hizo extensa:
se hamacaron hasta que la piel se les llenó de estrellas
y atravesaron la noche a bordo de su sueño.

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