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Mostrando entradas de 2012

Fin de año de mis palabras

Me quiero adormecer.
Me lo impongo.
Por eso infantil de llegar a la noche más despabilada.
Y las palabras empiezan a cargar sus cajones de piedras, de tallos, sus bordaditos, sus tazas, sus almohadones. Las palabras sacan de sus letras los manteles, tienden las mesas y baten palmas. Se acomodan para formar una frase y hop! la desordenan para armar otra nueva. Se entretienen un rato en ese divertimento que yo llamo sintaxis. Después beben un té de pausas y muerden unas masas de puntos, de comas, de tildes predispuestas. Se colocan  de un lado señores sustantivos y sacan a bailar a adjetivos en trajes de colores. Los verbos tocan, cantan, tararean y las preposiciones se acercan para cumplir su parte indicando quién es de quién, con qué debe bailarse o por dónde seguir hasta los baños. En un rincón, los ceñudos pronombres esperan que los llenen de aire, de luz, de primavera porque andan vacíos y a la espera.
Y yo intento dormir: una siesta, una humilde siesta de 31.
Y hay algarabía en mi…

El tejedor de corazones

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Me tejiste el corazón.
Con zurcidos porque el pobre ya venía maltrecho.
A veces te detuviste a bordarle unos pÁjaros amarillos y te empeñaste en darles migas y agua fresca cada mañana mientras yo dormía.
Otras veces hiciste ojales y pegaste botones para que yo pudiera abrir  y cerrar el corazón  como tuviera ganas.
Hubo un lugar en el que dejaste unas estrellas de lentejuelas rojas para que mis noches iluminadas.
En un rincón pusiste tu silloncito y me sentaste en tus rodillas, a oscuras, para que yo te oyera cantar.
Después llenaste mi corazón con tus semillas. De girasol, para que fuera fuerte.
¿Y para qué? -te pregunté- Si yo te tengo a vos...
Entonces hiciste un nudo en el hilo, lo cortaste con tu boca y te acostaste a morir.
Y yo seguí viviendo, con mi corazón bordado y zurcido.
Intentando reír.
Intentando querer.
Intentando soñar. 
A veces las personas se acercan y me hablan de vos. Y me dicen que eras un gran tejedor de corazones.
Eso yo ya lo sé.
Lo que ellas no saben es el nudo que adentro…

Carta para Maïa al final de 2012

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Buenos Aires, 30 de diciembre de 2012 Mi querida, mi pequeña querida:
Espero que al recibo de la misma te encuentres bien. Acá las festividades del fin de año han llegado con mucho calor y sin un mar donde refrescarnos. Pero no es este el motivo de mi carta, ya tendremos tiempo para decirnos nimiedades así.
La razón por la que te escribo es para proponerte un sueño, de esos que se tejen con hilos de rocío en telares de hada. Si todo sale bien, este año que comienza podría viajar para visitarlos. Desearía hacerlo en julio; pero septiembre es también un buen momento. Te ofrezco unos días las dos solas, vos y yo, en París. Pasearíamos por la orilla izquierda y la derecha contándonos cuentos de cosas que todavía no pudieron suceder, tomaríamos el té en la confitería verde y rosada del Musée d'Orsay donde parece que una está adentro de un pastel, subiríamos juntas hasta la punta de la Torre e imaginaríamos que somos pájaros a punto de volar entre la bruma de gasa gris, nos atragantar…

La hora del silencio

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No importa por donde empiece,
de nuevo otra vez llegaré hasta allí.

(Parménides, 4) No diré ninguna palabra. Dejaré que el vacío se llene con mi aleteo temeroso de pájaro, que me habite la fragilidad en una esquina de mis remolinos donde el viento se acuna con la lluvia. Dejaré que se haga ancha la curva de mis piernas delgadas y mi nuca se desnude con el perfume nocturno de los muros. Que haya luz en partículas granulosas y densas y el agua se derrame en los huecos del aire. Me callaré cuando mi boca se entreabra y el mar sea un aroma en mis cláviculas aladas. Nadie sabrá mejor que el tiempo lo que debe ocurrir. Por donde sea que comience siempre llegará la hora en que prefiera el profundo silencio

Luna otra

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Sobre mi boca el perfil de  esa luna de hielo.
Después se resbala lo blanco vértebra a vértebra como harina perdida.
Me quedo adormecida, con los ojos abiertos para ver cada sueño. 
Un ovillo de agua -límpida y clara agua- enredada en estrellas.
Hablo casi dormida,
desnuda,
temerosa.
Los lobos se reúnen junto al fuego
y conversan.
Yo solo espero el abrazo que encierre mi cintura pequeña.
Luego vendrá el color danzando entre mis piernas y será perfumado en el plato repetido de los besos.
Sobre las sábanas se evapora la luz lunar de los recuerdos.
Y el alma como un chorro trepará los aleros para rozar los corazones blancos.
El sentimiento agita sus collares de risa.
Quiero dejar que me empape la luna como si yo no fuera la que era.

Helado de frambuesa

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La de las mesas redondas era París. A veces la memoria mezcla los tantos. Circulares y mínimas, donde las miradas y los cuerpos se rozan y no hay espacio para más que dos. Y los demás, aunque estén cerca, se subieron al Metro y están a cinco mil años luz. Mesitas como redondeles brillantes donde se baja la cabeza y se susurra para que nadie -los otros inexistentes- oigan las palabras que se derriten.
-¿Qué va a tomar?
-Un helado de frambuesa.
-Pero esto es un café. Y en los cafés de mesas redondas no servimos helados de frambuesa.
-Pues, le voy a decir que hacen muy mal. En todos los cafés deberían servirlos. Sobre todo si se acerca el final de un año e inauguramos un calendario que ya hemos dibujado con pinceles de colores. ¿Cómo no van a tener helado de frambuesa? ¿Con estas mesitas que son como secretos, como rueditas que aceleran las pulsasiones? ¿No oye mi corazón que gotea como si estuviera lloviendo aquí, justo debajo del esternón, en ese huequito donde se oculta el sol?
-Ahor…

Estar ahí

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Estar ahí.
Cuando ya no me esperes.
Con la ropa empapada
y la mesa tendida.
Estar ahí.
Con la luz de las doce
sobre los platos todavía lavados
y la nuca desnuda.
Estar ahí.
Cuando ya no me esperes.
Y yo diga
estoy ahí:
frágil como soplo de lluvia,
callada como aire de estío,
húmeda como mar neblinoso.
Estar ahí.
Y en ningún otro sitio.
Con la boca entreabierta,
Con las piernas delgadas,
Con el deseo alerta.
Estar ahí.
Porque de eso se trata.
Y eso es como nada mojándonos los brazos.
Estar ahí.
Cuando los besos llamen y la comida quede esperando en el plato.
Y cuando
las baldosas se doren en el crepúsculo del fuego
las estrellas olviden cuál era nuestro rostro.
Ahí,
Solo que no me esperes.
Tal vez me tarde un tanto.
Pero estaremos,
hundidos,
atrapados,
ceñidos con la furia del hambre,
de los perros que ladran,
de los lobos que aúllan,
de los tigres que aguardan.
Estar ahí.
Sí.
Cuando ya no me esperes. 



Una historia de amor (del 19/03/10)

Esta es la historia de cómo me enamoré de un hombre que, la primera noche en que me amó, en vez de dormirse, me sirvió un vaso de vino e hizo que yo oyera al poeta mexicano Jaime Sabines. Esta es la historia de cómo me enamoré de un hombre que esa noche, después de haberme amado, tendió la mesa y dejó que el poeta me penetrara en los oídos y en el alma. Y yo lloraba con el rostro entre sus manos.
Esta es la historia de cómo me enamoré de un hombre que me tendió una red infinita de palabras en la que yo caí rozando con mis dedos sus vocablos y, letra a letra, me fue atando al matiz de su voz susurrada.
Esta es la historia de cómo me enamoré de un hombre que no me miraba los ojos sino la boca y subía a mis labios con su río de tinta subterráneo para sacar a mordiscones mi léxico escondido.
Esta es la historia de cómo me enamoré de un hombre que escondía el sol en mis clavículas y despuntaba un mar en el revés de mis rodillas, y me hacía dormir en sus brazos, y me acunaba p…

Ey, vos, vení.

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Voy despacito.
Vos, que sos una brisita ahora, y podés oírme hasta cuando pienso, sabelo.
Después me siento en tu silla amarilla para tirar piedras al río.
Y rebotan.
Y suben por el cielo.
Y golpean tu puerta.
-Ey -te digo- salí de tu casa de nubes, que necesito hablarte. Dejá de darle de comer a los pajaritos de arriba y baja un rato a hacerme compañía en la silla amarilla.
Vos me mirás de más allá del sol y me guiñás tus ojos de muertito que son redondos, vacíos, luminosos.
Y yo quiero abrazarte, pero los cuerpos de ustedes son como gasa, como vapor y lluvia.
No pueden abrazarse.
En la silla hay lugar.
¿Viste qué cosa, en unos años los dos tendremos la misma edad? Yo seguiré creciendo y vos, vos ya estás muerto. Ha hecho muchas cosas desde entonces. Ha de ser para no escuchar cuán hondo es mi silencio.
En la puerta de nuestro amor, la Muerte está parada. Yo no la dejo entrar porque ahí guardo todos tus papelitos con letras de colores, tus caracoles, tus piedras, ese fusible que, una…

Picaderos

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A Mariano por los picaderos de Chubut (que fueron lo último que vio)
La mujer lo miraba fijo. Sin sacarle los ojos. Como queriendo penetrar en su mirada para cazar, vaya usted a saber, qué secreto. Porque él, vea lo que le digo, él guardaba un secreto. Le hizo un gesto y ella le llenó otra vez la copa, si es que a eso podía llamársele copa: un vaso alto y cilíndrico como un caño de vidrio grueso, ligeramente ensanchado en la boca. Y siguió mirándolo. Afuera, el viento soplaba como siempre desde que el tiempo empezó a andar. A veces uno tiene la sensación de que va a levantar la casa y la va a depositar algunos kilómetros más adentro. El bar se llamaba “La Esperanza”y usted se preguntará de qué…Esperanza de qué si acá todo está alejado de la mano de Dios. Ni para sembrar sirve esta tierra. Apenas unas ovejas raquíticas que mordisquean unos arbustos con la boca llagada por la sed. A los del pueblo vecino se les fue en nombre el deseo y le pusieron Buen Pasto…¡Buen Pasto! Suena hasta gracio…

Madrugar en azul

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Hay tanto azul este día en el cielo que no sé qué decir. 
Las azoteas rezuman líquidos y me empapan.
Mi piel, desnuda y tiritante, se va tiñiendo, poro a poro, con la mano ultramarina de esta luz.
El corazón grita como si todo estuviera atrapado en una burbuja índigo amanecer.
Tengo los ojos tapados por tus palabras, pero así veo mejor.
Corre una brisa de indolentes sonidos entre el ciruelo, y el gato abre sus pupilas de hielo para atrapar el color.
Ya saldrá el sol y borrará los sutiles detalles del despertar.
Se secarán las huellas mojadas de los besos y los dedos comenzarán su trabajo de día.
Las sábanas dejarán de ser hadas bordadas de caricias y el mundo perderá su interpretación.
Pero ahora,  la noche se desmaya de dicha en los filones azules que promete esta luz.
Y hay tantos secretos en la hora que no sé qué decir.

El fin del mundo

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Hoy me levanté, y la luz estaba ahí.
Entraba por el patio como un manantial incontenible.
Estiré la espalda, y las vértebras estaban ahí.
Eran piezas del mismo esqueleto de cristal.
Aparté las sábanas, y el gato me miraba.
Tenía la misma sonrisa que el de Cheshire.
Pensé en ir a la cocina.
Y las ideas hicieron el mismo ruido de campanas al vibrar.
Hice café, y el aire se llenó de perfume.
Los pájaros cantaron a la hora exacta en que lo puse en la taza blanca.
Pinté una gallina amarilla con un gran manubrio marrón.
Y la pintura tenía sabor a sol.
Me desnudé, y abrí la ducha.
El agua me mojó a las 5:45 y el jabón era de limón y la toalla naranja.
Después vine a escribir.
Y las palabras me obedecieron hasta ahí.
Como todos los días.
Como todos los exactos días.
Y cada cosa estaba en su lugar.
Y me esperaban los libros.
Y me esperaban los diálogos que seducen con su perfume a boca.
Y me esperaba el tren pitando en el andén.
El mundo sigue estando: pesado, feliz, justo e injusto, luminoso…

Por el 2013

Ya se acaba el 2012 y es hora de pensar. Ha sido un año especial y la lista es larga: 
1) mi patria, que cada día crece como una plantita verde buscando el cielo azul y el sol;
2) mi hijo, que pelea cada día con sus males y fantasmas y a veces, como este año, pierde por goleada, pero sigue como puede;
3) la escuela, que me albergó desde el 2011 y este año me regaló unas alas extensas;
4) Laura, que confía en mi creatividad, mi capacidad intelectual, y mi hacer con las palabras;
5) Jaguit, que me ayuda a caminar por el laberinto cada día de 8 a 17;
6) mis compañeros Tarbut, que me quieren y me ayudan cada jornada de trabajo a que aprenda, a que crezca, a que sea feliz;
7) Fer, que está lejos, pero yo la quiero;
8) Majo, que se siente abandonada y no sabe cuánto la necesito;
9) mis libros -los que leo, los que escribo, los que me salen por los ojos, por la boca y por el corazón;
10) Violeta que es pura generosidad y afecto y abrazo reídor;
11) tu recuerdo, Mariano, que, a ve…

David y Goliat o cómo hacer listas de fórmulas inmilagrosas

"Levántese a la hora que se levante K,  JP ya lo hizo mucho antes," (IK)
"Por mucho que K se caiga de la cama, JP ya está en Olivos." (JP)
"Sueñe los viajes orientales que sueñe JP, K ya estuvo en Laos." (JP)

Dante, te quedaste corto.

A la hora de salida, la remake del Diluvio Universal: Noe y la rama de Olivo(s). El agua salía a borbotones por las rejillas. ¿Mantenemos las tres puertas de salida? Sí, por supuesto. 1000 y pico de chicos a la espera de sus combis, padres, remises, abuelos... Las puertas 1 y 2 no se pueden abrir. Salimos todos por la principal, mi puerta. Que levanten las mochilas porque
el agua llega al tobillo. Despejen la puerta y hagan un pasillo. Todos los chicos al edificio (está como a un cuarto de cuadra de la puerta). Cadena de directivos y docentes para ir llamando a las combis que me avisan que van llegando. Algunas quedaron del otro lado de la inundación y no pueden llegar. Los chicos salen del edificio bajo la tormenta. Sin correr que se resbalan. Levantá la mochilita que se te va a empapar todo. Vero, la 20 no llega y la 33 se rompió. ¿Y mi papá? Andá a recepción que ya llega. Oíme, traé a mi hijo que tengo el auto en la puerta. Imposible controlar fehacientemente si sub…

Las cosas que me gustan

Me preguntaste qué cosas me gustaban y dije:
Me gustan los botones: juntos, en pila, mezclados, de todos los tamaños y colores.
Me gustan las tazas, los bazares, los mercados.
Me gustan las frambuesas, las moras, las cerezas.
Me gustan las verduras.
Me gusta el agua: salada, dulce, fresca, en botellas, corriendo entre las piedras, flotando en la arena.
Me gustan las librerías.
Me gustan las lapiceras de pluma que te dejan los dedos manchados.
Me gustan la caligrafía en grandes hojas grises.
Me gusta el café.
Me gustan amasar pan.
Me gusta la ropa que se lleva abajo, interiormente.
Me gustan las mañanas de domingo si todos duermen.
Me gusta la soledad. Y el silencio.
Me gustan los gatos porque eligen quererte o ignorarte.
Me gustan los cuadernos y libretas, los lápices de colores, las acuarelas.
Me gustan las sábanas pero sí son blancas.
Me gustan las terrazas y sus plantas.
Me gusta Parque Chas y sus calles circulares e imprevistas.
Me gustan las nucas de los hombres porque son rectas…

Portate bien/Empezar a pensar qué hacer con los chicos en la escuela hoy

No te muevas, no te pelees, no contestes, no hagas eso porque no es el momento, no escribas con esa letra inentendible, no hables , esperá tu turno, no te olvides de tu tarea, leé este libro, hacé estas cuentas, no salgas al patio en este instante porque no es el instante, no mastiques chicle, no comás, estudiá todos estos datos, sentate, parate, vení al frente, andá al fondo, escribí, borrá, así no, así sí. Y las palabras terminan pesando tanto que aplastan, liman bordes y diferencias, aburren, se vacían.
Portate bien. ¿Bien? ¿Qué es bien? ¿Lo contrario de mal? ¿Y qué es mal? ¿Mal es para todos igual?
A veces desconfío de mí misma. ¿No será mejor empezar a decir: podés elegir qué hacer y aprender a hacerte cargo de cada cosa que elegís? La escuela tiene reglas para funcionar, y, como en toda comunidad humana,  uno puede respetarlas o trasgredirlas y cada cual no se porta bien o mal por hacerlo, simplemente debe saber qué está eligiendo y hacerse cargo. No puede ser que l…

Juicio ESMA

Voló tu cuerpo nuevecito en caída libre sobre el agua. Yo no lo vi. Alguien me lo contó. Y me dijo que tenías mis besos prendidos como estrellas. Y me dijo que te hiciste luz cuando las aguas se abrieron para dejarte pasar. Los peces se detuvieron y la espuma te abrazó. Yo te sostuve en mi memoria, pero me hice adulta mientras vos siempre tuviste esa edad en que la vida es brillo, y el amor es todo lo que se precisa saber. Voló tu cuerpo y el agua fue una cuna para tu cuerpo de ahombre, para mi otra mitad.

La muerte

Voy a ponerme mi vestido verde.
Con mis zapatos amarillo limón.
Voy a peinarme con un lazo menta.
Voy a sacar mi silla azul.
Va a pasar una golondrina violeta.
Y una mariposa naranja emperador.
Van a temblar las margaritas blancas.
Va a brillar espeso el sol.
Va a caer una lluvia celeste.
Van a crecer las lilas perfumadas.
Voy a mirar mi relojito negro.
Voy a beber un té color de miel.
Pero vos,
vos no vas a volver.

Polisemia

Verbo incluida yuxtapuesta conjugación género modo personas nominalizar pasivación el sintagma el paradigma núcleo sema fonema morfema constituyente construcción circunstancial directo subjetivo objetivo predicar proposición:
el lenguaje, ese gigante que no cesa de proliferar.

Pespuntes del amor

Cuando me alcance el viento con sus crepitaciones voy a ponerme otra vez tacones altos.
Tanto que alcanzaré las ramas más altas de los paraísos y sus flores doradas.
Tanto que la fatalidad mojada de la luna se posará en mis cabellos y yo andaré con mi vestido negro como las golondrinas de verano por ahí.

Cuando me alcance el viento con sus dulzuras raspadas de feriado me esparciré espejitos por los ojos y la luz tocará mis pupilas para entrar hasta el hueco de mi ensangrentado corazón.
¿Y qué dirán las venas cuando se columpien sobre el lecho florido?
¿O las arterias cuando se despierten de su sueño de volcanes dormidos?

Cuando me alcance el viento con su lengua alrededor de mi cintura voy a saber.
Habrá miles de grifos abiertos en el aire por donde manarán fuentes de grillos y luciérnagas de gasa sobre los calendarios que acabaron por fin.

Cuando me alcance el viento con su soplido de sentidos dispersos sin parte racional diré las palabras que se duermen en el vaivén de un piano y, e…

Amores náufragos: o cómo nadar en el recuerdo

Los amores que naufragan en las aguas turbulentas de la muerte se quedan sin orillas, se quedan sin mañana ni futuros. Los peces los habitan porque se van vaciando para llenarse de recuerdos que tienen luminosas fragancias.  Y los chicos les tiran piedritas que rebotan, y ellos -amores naufragados, amares que se quedan sin ropa, desnudos, tiritando- ellos no tienen cuerpo y las piedras los atraviesan con su pura tristeza.  Si vos supieras,  si tan solo tuvieras la posibilidad de saber cómo es vivir queriendo estos casi tres años con la piel enredada en las algas,  si tan solo pudieras verme buscar como una loca entre tus cartas las palabras que dijeron que ibas a morirte y hallar dibujos, flores secas, caracoles, ramitas, papelitos pegados y plegados, alas de mariposas,  si vos supieras... pero cae la lluvia otro día y lava los cristales y no te veo ya del otro lado poniéndole miguitas a cada pajarito.  Y es temporada de tilos en las casas. Y bailo. Sola.  Los amores que mueren de pronto, sin…

Reflexión

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Una reflexión:
Yo fui una niña solitaria. De esas de vida interior. No había peor mal que ir a la plaza. Desde que aprendí a leer, me la pasaba entre libros y ahí era feliz. Mi papá me traía todos los viernes, cuando volvía de su trabajo, unos libros con unas muñecas de cartón y ropa para recortar que se sostenía con unas pestañas. Yo aprendí a dibujar haciéndole nuevas ropas a esas muñecas y entonces empecé a ocupar mis horas en leer y dibujar hasta que descubrí que también podía escribir. Creo que no tenía más de diez años. El mundo fue entonces perfecto: podía olvidar el desamor violento de mi madre inventando historias donde las mamás siempre querían, cuidaban y salían a jugar. Un día, mi papá me construyó un mueble. Era muy habilidoso con la madera mi papá (y era alto, lindo y el mejor de los papás cuando lograba ocultarse de mi madre). Era un pizarrón verde con un escritorio. Ese día empecé a jugar a la maestra. En la casa de la calle Plaza, en Belgrano R, yo ponía en fila a mi…

Después de las tormentas

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Cayó la lluvia y los cristales se lavaron. Hacían ruido a música entre las hojas, mientras su superficie se pulía y el aire se llenaba de jazmines y de tierra mojada. Yo no tenía frío, y no pensaba en otra cosa que en las migas húmedas de los pájaros y el musgo que, a veces, crece en las fuentes donde el agua se estanca. Mi vestido era una lengua verde y flotaba en la electricidad azul de la tormenta. Había remolinos de fragancias que yo desconocía anudados como lazos en mi cintura fina, y el cabello lloraba agua de cielo que se anegaba en el hueco de mis clavículas donde bajaron las mariposas para saciar gotita a gota su sed insectiva. La lluvia entonces rebalsaba mis óseos bebederos y caía mojaba por mi pecho pequeño, se anidaba en mi vientre de húmeda llanura, bajaba por mis muslos delgados, mis tobillos y se hacía charco sin que yo me moviera en medio de las gotas que lamían mi piel, mi cuello, mi boca. Después el sol reverberó en las diminutas lagunas y yo extendí las alas para …

Dimanche

Llueve sobre los peces mojados de la tarde. La ciudad es una tímida burbuja que se estira hacia sus horizontes inexistentes. En la penumbra, las palabras que hemos dicho fosforecen con la luz de lo nuevo. El resto es una brisa desde el río.

El tiempo

El cansancio y no tener el tiempo para pensar que no hay tiempo para hallar el momento del descanso. La agonía del tiempo: verlo morir segundo por segundo y decir qué cosa estúpida eso de mensurarlo cuando cae la lluvia sin cronómetro sobre las paredes cerosas. El tiempo en que apoyo la cabeza en la almohada, digo se terminó y sé que estoy mintiendo; porque, en la oscuridad, mutan los signos que lo mensuran todo. Hasta el aire que sacude mi sangre, la oxigena de golpe y se lleva lo que queda en la noche latiendo dentro del saco del sueño. El tiempo que se fue sin que lo haya sentido y lo dejé partir en astillas saltando contra el viento. El tiempo en que lloré y ya te habías ido, lejos, a un mundo inaccesible, opaco, taciturno. El tiempo de las puertas que se cierran, golpéandose bajo el sol del desierto. Después me siento en el umbral y dejo pasar el tiempo: que entre, que ocupe todo con su infinito presente, que se haga el dormido y me deje unas horas en paz sin nada que me atorment…

Azul

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Azul: azulino. Azul mar. Azul cielo. Azul mosaiquitos uno al lado de otro. Azul profundo. Azul superficial. Azul ultramarino. Francia, azul Francia. Azulado, azulotrolado. Azul celeste. Azul turquesa. Azul zafiro. Azul cromo. Azul cobalto. Azul violeta. ¿Azulrojo? Azul sangre. Azul verdoso. Azul Hielo. Azul frío. Azul petroleo. Azul oscuro. Casi negro azul. Azul agua. Azul mar. Vertiente azul. Azul Prusia. ¿Azul austrohúngaro? ¿Azul Sissi emperatriz? Añil azul. Azul claro. Liviano azul. Azul de guarda griega en peplo azul. Azul Phthalo. Lapizlázuli azul. Azul de cian. Caeruleo azul. Azul kalfú. Espectral azul. Azul campos de azur. Azul señal. Azul pastel. Lejanía azul. Azul nostalgia. Azul acero. Azul mañana. Profundo noche azul. Azul pupila. Azul ahogado. Azul pupila. Azul uña de asfixia. Cianuro azul. Azul de golondrina de verano. Azul genciana. Azul gerbera. Azul anémona. Medusa azul. Índigo azul. Sombreado bosque azul. Azul orilla. A su lado es todo azul.

Nido

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Me cruzo y me descruzo sobre mí. Me anudo para que no se escapen más palabras hasta el instante en que deban partir, las anido para que crezcan bellas y aprendan a  volar: fortalezco a algún que otro verbo, sereno a un adjetivo que intenta devorar el sentido sencillo de una frase, podo las ansias de una serie de adverbios y le asevero a un sustantivo temeroso que es su hora. En el centro de mi exiguo cuerpito voy gestando los mundos que me habitan y son vorágines de colores, de agua, de tierra macerada con el tiempo. Después, mis palabras se van por las praderas blancas de los papeles a habitar otros cuerpos, hallan en otra sangre sentidos diferentes y cada tanto me envían un escueto mensaje: "Estamos bien". Yo las recuerdo con nostalgia y felicidad.

Ahora

digo que sopla un aire que me quema y es ahora y es distinto. digo que una por una van ardiendo las bocas que dicen las palabras que yo digo y es ahora y nunca se deshace la sombra. digo que a veces tengo frío pero ahora las oraciones me arropan la piel que se desnuda. ahora, aunque yo haya quedado sola porque vos tuviste la idea peregrina de morirte. ahora que no llueve digo que bailo con mis tacones altos para llegar al cielo por una escalinata de cristales. ahora es como siempre. y se abre una ventana bajo el sol encendido.

Escrito en el cuerpo

La escritura. Como una construcción. Como una palabra que se dice a la otra. Como un sistema. Como un valor. La escritura. Como una marca. Sobre la superficie lisa. Virgen. Como una huella que perdura. Como un surco abierto apenas de donde nacen letras encadenadas. Como una sujección para atajar el viento del lenguaje que era un virus imposible de obviar. La escritura en el cuerpo. Como una historia que se hace y se deshace, se arma y se desarma. Y tengo tiempo de borronear, de intentar otra frase, de buscar otra verbo que justifique tanto vocablo suelto, tanto sintagma estampado en el aire que se aleja. La escritura que permanece. Sobre la hoja. Sobre la piel. Sobre lo que yo digo y se objetiva y ya no es yo y queda atado al dibujo inmortal de las letras. La permanencia cuando todo es efímero. La permanenecia en medio de la lluvia de palabras que se van.

Poner el cuerpo

Poner el cuerpo la sangre glóbulo por glóbulo la piel que se desarma y no limita lo ilimitado de la duda Poner la carne hasta que solo quede el alma descarnada y encranada en el aire el agua el fuego Poner lo que se tiene y lo que falta y no saber decir que no se puede más y al dormir cerrar los ojos y liberar los sueños que se vuelven manojos de palabras inconexas sin cohesión naufragando en sintagmas que se ahogan y al despertar saber que esto es mío que no tengo tus miedos que los míos son otros que puedo acompañar un paso titubeante pero voy por mi huella sin cuerpo porque lo puse tantas veces que me he quedado huérfana de músculos sin huesos pero más fuerte y duradera llena de ideas que titilan como estrellas de niebla llena de luces que se incendian en el hueco húmedo donde navega el alma. El cuerpo se diluye y ya me crece otro para volver a cero para ponerlo en juego para arriesgarme otra vez a perderlo y así nacerme cada día del barro del dolor y la alegría.

Pre festejo

Hoy, cuando se hagan las doce en todos los relojes, cambiaré otro año. El día se hará otro y tendré otra piel que brillará a la luz de la luna y las enredaderas estirarán sus hojitas de invierno para alcanzar mi nuevo año con sus aplausos de ramas y de verdes. A esa hora, miraré en mi maleta de cartón de colores: hay que empezar sin lastres, apenas las cosas necesarias; así que tiraré lo que viene sorbrando y guardaré lo que siempre atesoro: el amor transparente de mi hijo, un par de amigos, los libros, las palabras, el recuerdo trémulo de quienes son mis muertos, mi famila perdida en lejanos confines de su diáspora, mi casa de juguete, mis dibujos, mi gato, mis relatos. Entonces bailaré en el piso helado de la terraza con la ropa lavada hasta que salga el sol y sea mi cumpleaños

Mecer

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No puedo más de tanta pena, dijo la niña que yo había sido. La senté en mi falda y la acuné mientras le cantaba alguna de esas canciones que yo había aprendido después. Sentía apenas su cuerpo de pajarita y cristales que sonaban con el aire frágil de su respiración. Se quedó dormida y de su boca fueron saliendo colores, sonidos suavísimos, notas de niebla, perfumes de panes, aromas de cuartos cerrados donde había burbujas, princesas a caballo y príncipes que saltaban hasta ventanas imposibles, una casa de muñecas de la mano de un padre, papeles donde no se oían los gritos, manos que desgarraban la calma del agua, silencios espesos que solo se pasaban de rodillas que sangraban, dos niños que corrían, estantes de libros donde el dolor no podía subir, lápices y pinturas que eran altas murallas. La mecí tanto que yo y mis penas nos quedamos dormidas. También.

Mirada

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¿Qué miro? ¿Desde qué lejano andén antes de irme? ¿Qué dicen mis palaabras de aquello que no fue? ¿Por qué hablan del desencanto con la acidez imprecisa de la pena? ¿Acaso porque el mundo no revela la perfección soñada en las letras de molde? ¿Por qué miro en colores y entre las líneas del lápiz se me escapa la niña que desea, que quiere que la busquen, que la acunen, que le digan que existen otros cuentos todavía? ¿Por qué la mirada vuela entre la desazón y la esperanza eternamente frágil?

Caricias

Me quiebro entre tus manos como si fuera un junco que se hamaca en el viento que cerca las orillas que se hunden al borde casi al borde donde mueren los besos que estaban olvidados en los labios abiertos que se hicieron profundos como estanques donde crecen los juncos que como yo se quiebran y exhalan sus suspiros delgados que resbalan y tiemblan después. Siempre después.

Prisión

Se amontonan como piedras pequeñas, y cuando querés darte cuenta ya son un muro.
Impenetrable.
Opaco.
Sumado a otros muros que te cerca.
Y no hay escapatoria, solo mirar arriba y ver el cielo azul como un vidrio pulido y transparente.
Y las nubes que pasan: una tras otra con su carga de agua, con su viento enredado, con su aroma de campos.
Todo verdor florecerá entre las piedras limándoles la oscura contundencia.

50 años de prisión.

Dijo guerra y fueron mujeres embarazadas dando a luz esposadas, fueron cuerpos hundiéndose en las aguas cuando aún respiraban, fue carne lacerada en la tortura, fue robo, allanamiento, desmesura bestial. Dijo guerra y fueron bebés que quedaron sin nombre y sin fotos, fueron hombres enterrados en tumbas olvidadas, fueron balazos en medio de la nuca como flores abiertas, fue hambre y miedo. Dijo guerra y fue una adolescencia robada que no vuelve. Fue guerra dijo y morirá en la cárcel para siempre con todos sus fantasmas, si los tiene; porque no hubo batallas que asentar en los libros al lado de la suma de los muertos, los desaparecidos, los idos, los perdidos. Dijo guerra y abrieron detrás los calabozos: el último monarca de la muerte queda preso.

(Estás donde deberías haber estado siempre, Jorge Rafael Videla)

Lobos antárticos

La ciudad se estrellará en la imagen que tiene de sí misma, y sus partículas volarán en el aire como burbujas brillantes y vacías. Mientras eso suceda, tu boca buscará los lobos asilados en la frontera de mi piel y los empujará al exilio de mis besos. Veré tus colmillos fosforecer en la pradera de mi vientre, buscando los trigos suavísimos de mi cintura para mecer allí las horas que logramos robar a un día inexistente. Después se hará la noche, y, tras ella, el día será otro. Los lobos dormirán hasta que la luna vuelva a cargar su halo con la humedad de todas las estrellas y asaltarán mi cuerpo en cuanto duerma porque están cebados y buscan mi perfume por los helados horizontes de la Antártida.

Relatos diarios

Suena el viento entre las hierbas y la noche va dejando sus ropajes de gasa para ascender desnuda hacia la luz. Atrás quedan los párpadeos de los silencios y se puebla de voces el borde de las horas. El mundo se hace carne y canta. Burbujean las tazas, se disuelve en la imagen el viento que borró las siluetas. El día pone en marcha su rueda y gira. Vos pasás tu mano por mi cuello como quien acaricia a un animal dormido. Y me ofrecés otro relato para empezar el día.

Solo para que duermas

Me levanto como si no tuviera cuerpo, insonora, insomne, incierta. Para no despertarte, para que tu sueño de mandrágoras y bosques se prolongue y reverdezcan otros amaneceres pretéritos en que no nos sabíamos. Me levanto y no enciendo las luces y hago un café que desearía que fuera sin aroma para que no te busque. Me escondo de mí misma, de todas mis palabras para que no me oigas y duermas con las náyades azules de la noche que permanece sujeta por mis manos, solo para que estires tu respiración contra los horizontes donde el día pelea por nacer y abrirte los ojos. En un rincón escribo porque no conozco otra forma de ordenar mis fragmentos y mis vocablos entonan una canción de amor que es melodía solo para que duermas.

Amanecer

Suavísimamente lenta se desgaja la hora como si fuera azúcar ensalivada y densa. Los primeros instantes son gránulos perfectos y hieren los labios de la luna que se ha abierto en una luz oscura, azafranada y púrpura. En los bordes desparejos se ocultan algunos recuerdos taciturnos que no quieren morirse y resiten al río en que se oyen como pájaros los avisos del aire. Los últimos momentos van casi imperceptibles, disueltos como crímenes que nadie supo ver. Queda aún una mano demorada en un pliegue de sábana, la calidez perfecta de unas yemas dormidas en la piel que alojó su fragancias. Y no hace falta hablar, porque las palabras son los signos vacíos del día que comienza, huérfano todavía de memorias.

Disolución

Las miradas apenas aletean. Se disuelven bajo los párpados cerrados por el sueño mientras dibujan un prolongado universo de trazos, finos como gotas de rocío. Hablan las tintas con que la noche relató sus historias, las palabras de caligrafía perfecta con que el día anudó circunstancias y así dijo lo que quedaba como un sombra biselada atrás de los cristales. La medida inexacta trepa la hora para abrirla con sus dedos de luz anaranjada. ¿Quién podría asegurar que ya estamos despiertos si aún no han cantado los pájaros de este húmedo invierno?

Y yo me iré...

Y yo me iré y se quedarán los pájaros cantando... Juan Ramón Jiménez Cuando un día se sequen mis palabras y no corra en río la sintaxis hacia el nudo que habita en mi garganta, ese día ya no me busques porque estaré como un saco vacío, muerta, olvidada de todo y de todos. La muerte es un silencio en que algunos recordarán los verbos que yo dije y volveré a mi huerto para sembrar de sílabas los besos.

Laberinto

En el laberinto acerado de las palabras hallo el centro que es rojo como la sangre que circula, que hace río y se agolpa en el latido que me sacude el cuello. En el laberinto perdido de mi lengua me disuelvo y me encuentro, escribo como si hubiera, entre las sílabas, alguna grieta para colarme y escapar de mí misma. Afuera, junto al río, los alamos sacuden su cabeza. Yo no los veo, porque me circundan sustantivos abstractos, pero míos. Se me resiste el tiempo, encerrada entre muros de sintagmas que huyen, que se anudan, se mezclan, se penetran y nacen brillantes construcciones de palabras. Yo me quedo en silencio, me dejo fecundar por los vocablos que siempre me acunaron y me dieron sustento. Detrás del laberinto vive el silencio, viven los otros.

Despertares

La madrugada es niebla cuajada que se enreda en mis piernas. No hay una sola abeja libando las fragancias,pero las flores permanecen: abiertas, coloridas, expectantes. Entre las sábanas se colará el sol con su color de mandarinas tempranas. Hablo a la única voz que me responde.

Ocaso

La tarde se deshace en cicatrices rojas contra el cielo para implorarle que la quiera como él sabe querer.

Destinatario

No le hablo a otro más que al que me lea: a él mi pobre boca trémula, mis párpados cuajados de relatos, mis labios ensalivados donde caen palabras como húmedas frutas, mi paladar despierto al beso de las sílabas, el clásico vallar que traspasan mis verbos. A él le hablo, soplo mis adjetivos como fuego en su nuca, lo bordeo con suaves conjunciones, conjugo avenidas donde rodar la pureza infinita de todos mis sintagmas, armo para él la rebeldía de construcciones donde bulle la sangre profusa de la tinta y lato perfumada y oscura tan solo para ese destinatario que lee, que perdura en el rito y dice que la sintaxis es la copulación de los que beben textos y brindan con puntos suspensivos en la tarde. Nunca hubo luna: fue solo esa palabra

Declaración de principios

Podés criticar cada cosa que escribo: renegar de mi boca, escupir en el rastro de todas mis palabras, orinar mis sustantivos, pisotear todos los adjetivos que caigan de mis manos, decir que no tolerarás que diga, que a quién le hablo cuando digo las cosas que yo digo. Yo seguiré escribiendo, continuaré poniendo palabra tras palabra, esperaré que el día se encarne en algún verbo mientras voy por el mundo. No podrías pedirme que esté muerta: yo seguiré viviendo.

Contra viento y marea

La mañana es oscura como una boca donde no ha nacido aún la luz de las palabras. Espero, acurrucada como una oveja nueva, que los verbos se enciendan como bengalas en la madrugada del día: otro huso de horas para tejer sintagmas que expliquen por qué escribo contra todo pronóstico de afecto.

Jugos

Debo exprimir los hechos hasta que larguen su jugo y me manchen las manos; que goteen mis dedos, mis brazos, mi pecho, mi vientre, mis muslos largos. Y cuando esté empapada de hechos, cuando el jugo se arrastre por la tierra, dejar que ella lo absorba. Ya crecerán retoños. La realidad es resistente en estos casos.

Reptil

Cuando posaste tu mano sobre mi piel, me transformó en lagarto y mis escamas eran de acero. Lentamente me senté a mirar de qué escuálida forma se te iba la vida. Sin inmutarme porque, ya se sabe, los reptiles tenemos sangre fría.

Descorazonada

Desde pequeña fingió no necesitar nada, anteponer los deseos de los otros, las necesidades ajenas. Se forzó a sentir que si los demás eran felices, ella lo era; que si estaba en sus manos tenía que construir el placer de quienes la rodeaban y se esmeró en tener siempre las manos ágiles, el corazón abierto, la sonrisa despierta. Y un día, cuando la vida iba cerrando el moño, se dio cuenta de que todos daban por supuestos su generosidad y su amor torrentoso; pero que a su corazón no le alcanzaba con ser bueno.

Temblor

El agua es una superficie temblorosa.
Debajo los peces tienen mil colores mientras, arriba, el cielo brilla azul.

De cumpleaños

Querido mío: No puedo evitarte la pena de la indiferencia de quien debería tener tu mano entre las suyas, pero puedo contarte uno por uno los hechos que dibujaron la trama de tu infancia. Puedo decirte lo que vos ya supiste cuando caminábamos por las frías madrugadas de julio para calmar lo que debía ser calmado. Quizá la vida sea eso: estar. Quizá; pero nunca se sabe. Solo se trata de seguir andando. En los abrazos queda el palacio de las respuestas.

Querer quererte

Todos los peces acaban de desnudarse en el filo de la noche que ya está por caer. Y yo, con los ojos abiertos, te miro llegar al centro de mi mundo -que es decir a mi alma- y hablar de cosas que se quedan y construyen ciudades en mis glóbulos rojos, y en medio de mi carne hay un cielo profundo, lento e inacabable, que traen tus palabras a mis frescas orillas. Vuelvo a ser niña tan solo para oirte: me recuesto en el hueco que me hacen los recuerdos y pájaros de plumas transparentes surcan el aire claro. Oigo el agua tejer una ruta de canales en medio del desierto y tu voz asesina una a una las hojas de mis miedos. Es tan simple querer quererte entonces que vuelvo a adormecerme: te escucho respirar.

Fuera posible

Quizá fuera posible que después del silencio haya otra vez la voz.
Quizá fuera posible que después del vacío haya otra vez el tacto que busca los espacios y los abre.
Quizá fuera posible que después de la boca cosida haya otra vez el beso y la calma en el aire que entra en los pulmones para llevar la luz.
Quizá fuera posible que después de la muerte -de esta, de otras, de todos los pasados que se fueron- haya otra vez el amor.
Quizá fuera posible que me llegue tu nombre, que me habite y me llame y que haya mañanas como si fueran siempres que no alcanzo a pensar.
Quizá fuera posible que haya otro ojalá.

Theoria & praxis

Pido permiso. No entro si no me abren. No llamo si creo que puedo interrumpir. Me arreglo con casi cualquier cosa. No me creo en derecho de reclamar nada. No hablo demasiado de mis deseos porque los llevo adentro y solo yo los sé. Lo que me dan siempre resulta suficiente. Y si elijo la soledad es porque creo que nadie podría preferir mi compañía. Quizá sea hora de parar y ponerme a pensar. Aunque tal vez sea hora de comenzar a actuar.

Lo que resta del tiempo

Quiero que sepas algo. No sé muy bien de qué se trata estar y suelo irme: de mí, de la vida doméstica, de las mesas tendidas que deseo como jamás otra cosa en el mundo, de las pequeñas gentilezas. Mi cuerda son las grandes confesiones, los momentos terribles, las emociones fuertes, la paz que nunca llega. Puedo cuidar, pero no tolero bien que me cuiden. Últimamente siento que el tiempo no dura para siempre y quiero tener la voluntad de cambiarme, de la compañía que está, de las palabras casuales -no los grandes discursos-, de la siesta, del silencio. Estoy harta de las desmesuradas tragedias, de los dramas que finalizan con una miríada de muertos, de los héroes que se entregan al sacrificio. Quiero el susurro de los cuartos en un relato costumbrista donde la gente ríe - a veces-; llora otro día -un rato apenas; no tiene profundas cosas que decir todo el tiempo; hace el amor y se duerme; cocina si tiene ganas y si no no cocina. Quiero sentirme viva los días que me quedan

Personae dramaticae

La función siempre termina. Se produce la catarsis según el grado de compromiso del espectador y luego, en ese infinito que se denomina vida, queda el vacío después de la función que es tan triste como el que acontece después de hacer el amor. En el borde del escenario, los actores se quitan los ropajes que los hicieron reyes, magos o desdichadas diosas y vuelven a ser Pedro, Susana, Roberto y deben pensar cómo pagar el pan, cuándo lavar las sábanas, por qué a sus hijos no les entra la matemática, cuánto deberán trabajar para llegar a fin de mes. Las luces se apagan una por una y en la penumbra los ojos humanos no alcanzan a distinguir bien. A veces, en las sombras, surge un ramalazo de luz; pero es tan fugaz que no alcanza a iluminar más allá de la distancia de las manos que palpan el aire para avanzar a tientas, siempre a tientas. Y Pedro, Susana y Roberto saben que aunque sea necesario un destino con el que pelear para transformarse en héroes, la vida no tiene ninguna significación…

La llave y los miedos

Una llave es eso: una llave. Un instrumento metálico que abre o cierra puertas, ventanas, cofres, diarios íntimos, maletas. Por eso cuando él puso la llave sobre la mesa en la que estábamos cenando así, como si nada, mi pregunta ("¿Qué es esto?") sonó, cuanto menos, algo idiota. Era una llave. Y eso fue lo que dijo.Yo me hice la viva (como siempre cuando las cosas se me escurren de la mano), es decir, puse distancia, hablé como si fuera una mona sabia ejercitando el sutilísimo oficio de la ironía que todo lo distancia y encapsula. "A mí no me vengas con la transparencia del signo", dije, "ya sabés que los símbolos, los íconos, los indicios..." "Después hablamos", dijo él. Y yo me llamé a silencio.
Debería tener -yo, porque a mí me refiero- cierta honestidad intelectual y afectiva para decir que ciertas ¿llaves? que abren y cierran, que marcan un afuera y un adentro, la libertad y la pertenencia me aterrorizan porque me enfrentan con lo que sie…

Mariano Levin: Hace dos años

Querido Mariano:
Donde sea que estés (quizá con tus huesitos hechos polvo de estrellas bajo el sol y la lluvia de La Tablada), querría que escucharas lo que tengo para decirte.
Sabés cuánto me ha costado. No podés no haberlo imaginado: a una trotskista de las emociones -como te gustaba decirme- era lógico que esto le fuera tan caro. Al principio no hacía otra cosa que llorar. Necesitaba vaciarme hasta el final, que no me quedara lágrima por llorar. No podía comprender cómo alguien puede desaparecer de la vida en apenas siete horas y con tanto aún por vivir. Porque es preciso que sepas también que, a los vivos, siempre nos toca la peor parte; porque tendemos cada noche la mesa y nadie llega a cenar: el mantel se llena de migas, se pudre la comida y los insectos empiezan a rondar.
Después pasó lo de Pablito y solo te pude recordar cuando él se dormía en mis brazos. Vos sabrás disculparme, pero él estaba vivo y eso era lo más importante que yo tenía que hacer. Intenté seguir con mi vid…

Decisión

Hay pasados que cierro para que la luz entre pura e ilumine como un chorro de agua las cosas que son buenas.

Una tarde de domingo

Siempre quise las tardes de domingo. Tienen eso de sol y brisa fresca que me trae la nostalgia de la infancia que no pude tener. El aire se riza entre los árboles , sacude las hojas estivales y desnuda el calor. Me gustan las tardes de domingo porque son silenciosas de dicha y se siente el pasar de las hojas al leer. Sobre el olor de la mesa de madera quedaron las copas y las risas de tus hijas que se alejan. Rozo tu espalda suave para que duermas y en las grietas delgadas de los segundos, tu respiración se entrega a mi cuidado otra vez. Me gustan los domingos acodada en un rincón de tu cocina mientras te escucho hablar y mis ojos se llenan de burbujitas verdes: tan simple como el correr del tiempo que siempre va más allá.

Amor líquido

Cae la lluvia y las calles se anegan como surcos.
Cae la lluvia y las esquinas desaparecen convertidas en Venecias imprevisibles.
Cae la lluvia y canta en las alcantarillas vacías con gorgoteo de burbuja.
Cae la lluvia y susurramos para que se nos mojen los besos que nos caen.
Cae la lluvia y los verbos se nos llenan de líquenes mientras los dejamos resbalar por nuestros cuellos.
Cae la lluvia y el musgo se extiende en nuestra lengua mientras los sustantivos florecen como medusas y nos nombran.
Cae la lluvia y se azoran los adjetivos en la sintaxis líquida de los cuerpos inmóviles y plenos.
Se desgajan los pájaros de la tibieza en nuestras espaldas adormecidas y desnudas.
La lluvia es una ola de oxígenos abrasivos que lo desviste todo aun los brazos que se anudan
y cae, cae, cae
en la noche distante,,
en los huesos, en la piel,
en la sangre que rueda, se moja, se habita con algas, con peces, con espuma.
Cae la lluvia porque el amor es agua que no cesa.

Cocinar en la noche

Esta noche estaré en la cocina, junto al fuego: habrá olor de panes en el horno, la salvia flotará con su perfume en la luz amarilla de las ollas, se cocerán los días con aroma de aceites traslúcidos y verdes, tintinearán las copas su cristal fragilísimo y los cuchillos rebanarán las horas para que suelten su jugo y maceren la noche. Las carnes se cocerán en su propio deseo bordeadas por manteles de purísima premura. Las cucharas rasparán con su temple callado de madera los fondos de barro de potajes en los que la luna habrá espolvoreado la harina de la risa. Lloverá a las 21 y 15 cuando suenen tus pasos y la mesa esté lista. Vos traerás la historia que estuviste buscando para darme y yo la beberé como un trago de vida: otra vez será la bienvenida del milagro que nos estaba, sin duda, destinado desde un tiempo infinito que situamos en julio.

Fórmulas secretas

"¿Cómo funciona esto?", se preguntaba mientras hacía un pocito en la tierra y lo llenaba con agua. "Las palabras son brotes", pensaba mientras un pajarito de pico azul echaba unas semillas en el pozo. "Yo digo, él me contesta. Él dice, yo respondo. A veces hablamos a la par y nos reímos. Otras, nos quedamos callados oyendo las palabras que tenemos revoloteando en la cabeza."
"¿Qué debo hacer para que dure siempre?", se decía mientras unos insectos ponían tierra encima de las semillas que estaban en el pozo y la tierra absorbía el agua que hinchaba la simiente y la explotaba. Iban saliendo unas raíces que daban vueltas por los terrones húmedos y se acariciaban de brazo a brazo cada vez más profundo, más adentro, más oscuro.
"¿De qué forma secreta hay que lustrar la vida para que brille en medio de la noche?", se decía mientras el tallo verde crecía como una vara para medir el tiempo de caricias, de besos, de abrazos a través de la noch…

Telar

Hilo.
Y la rueca se mueve.
Hilo.
Y la hebra se tensa, se moja, se hila.
Hilo.
Yo hilo.
Para bordar.
Una figura que tenga tu rostro.
Un rostro que tenga tu boca.
Una boca que tenga tus besos.
Unos besos que tengan tu lengua.
Una lengua que tenga tus palabras.
Unas palabras que tengan tus sentidos.
Unos sentidos que tengan tus yemas.
Unas yemas que tengan tus dedos.
Unos dedos que tengan tus manos.
Unas manos que tengan tu cuerpo.
Un cuerpo que tenga tu rostro.
Hilo.
Yo hilo.

Bautismos

Quiero que sepas mi nombre:
el que tejo con hilo de arañas blancas cuando la luna se esconde y brilla como un camino en medio de la sombra;
el que saben las hierbas que se doblan en su verdor como las sábanas de la tierra;
el que devoran las raíces de los tréboles cuando los pájaros pequeños tironean de ellos;
el que beben las águilas cuando baten con sus alas el viento húmedo de la montaña;
el que tallan los bueyes que trazan los surcos como cicatrices abiertas en el campo;
el que sacude sin cesar el trigal cuando entona su melodía amarilla y madura.
Quiero que sepas mi nombre:
un secreto escondido en el ruedo del tiempo.
Cada vez la copa se vuelca desde una perspectiva diferente.
Tengo alas en la espalda,
pero esta vez no deseo volar para ver desde lejos el dolor de los hombres.
Quiero dormir en el hueco que me hagan tus brazos
mientras decís mi nombre privado
y me hundo en tu boca para nacer entera en tu fe bautismal.

El club de las chicas de Letras (versión 2012)

Las chicas de Letras saben que el lenguaje vence al tiempo, solo porque este necesita del primero para existir. Conocen la manera de reinventarse cada día porque hablan de inacabable interpretación y contexto de producción. Las chicas de Letras juegan con las palabras, las disecan, las fragmentan, las acoplan, las violentan. Se paran en medio de la sintaxis y la patean, dan vuelta la frase como un guante, distorsionan sin paz la concordancia, y cuando todo parece aquietarse toman un verbo, pacífico e inmóvil, y lo lanzan en medio de un sintagma que empieza a rechazarlo, a crear anticuerpos, a encapsularlo para que sepa que no es bienvenido y que nadie le allanará el camino para que alcance al sujeto, ese que se hace esquivo, histérico y fóbico, tácito tal vez. Las chicas de Letras crean sentidos nuevos (por las dudas, al comienzo, no dejes que te toquen), tanto que los pronombres de ser indefinidos mutan demostrativos, o enfáticos; los relativos se vuelven posesivos y no hay imperso…

Aprendizaje

Enséñame a vivir: déjame que resbale por la piel de tu cuello y me mojen las aguas de tu boca. Déjame que perdure en el hilo tendido de tu abrazo y la luna me alcance con todos los perros ladrando en la tormenta. Déjame que te huela, te muerda, te deshaga para que yo pueda, entonces, hacerme a tu medida. Déjame que insista en enredar tu cuerpo, en oír tus relatos, en perderme en tus besos. Déjame que me sepa mutable, taciturna, inexacta, que me habite el aliento de lava del deseo, que pasen huracanes por mi voz y mi risa. Dejame que me demore saboreando tu nombre, tu relieve, tu historia, que queden los objetos suspendidos en el sitio donde todo se estrena, que los pájaros canten y crezcan madreselvas, que te llame dormida y te convoque en sueños, y te busque entre los libros donde habita mi mundo para encontrarte y escuchar los sonidos que producen tus manos. Enséñame a vivir: quiero ser la que llene tus días, tus noches y tus sueños.

Bienaventurados los que se dejen mojar

Quien toca el aire, roza el viento y deja que la lluvia lo penetre y le moje la carne, las vísceras, el alma; ese será salvado del silencio infinito porque todo su cuerpo se poblará de ninfas que nadarán en sus cursos de agua.

Intolerancias básicas.

No me tolero bien a mí misma. Hay momentos en que las vértebras me suenan y ya conozco sus sonidos en la boca del alarido. Se me vuelan los pájaros del alma. Estoy pero no quiero, pero no sé, pero. Hay horas que me incordio, me incomodo, me destrato, en algún efímero renglón me olvido de cómo me obligo a la templanza. Hay días en que querría ni verme, no ser mi vecina más próxima, dejarme esperando en cualquier estación de cualquier ciudad perdida en cualquier mapa. Sufro de intolerancia conmigo más a menudo que con cualquier otra cosa: me descentro de todo y huyo de todas mis ternuras para despejar mis propios pulmones que se ahogan y dicen que no puede ser ya posible que viva así: deshauciándome para perdereme definitivamente escondida detrás del muro que yo misma construyo. Soy un caso imposible para todos: y sobre todo para mí misma.

Elementos

Voy a morder el viento hasta extenuarte a dentelladas; a envolverte en un mar de saliva para que el mundo se disuelva inasible. Voy a besar la tierra lentamente para que el amor te huela a barro, a tormenta de sembrados caóticos y firmes. Voy a mojar el fuego para que te haga sombra sobre la piel ardida y sientas una llama en el centro del pecho. Voy a traer el agua para que te arrastre los días que ya fueron y haga germinar una palabra y luego otra y otra hasta que los vocablos nos doblen la mirada con su peso de sales. Y cuando todo eso haya pasado y estemos dormidos en el tiempo, comenzaré de nuevo para que nada cese y el infinito sea, entonces, música nacida de tus dedos.

De peces y conejos

Ha habido, en otros tiempos, peces que boqueaban en la orilla de mi cuerpo y se asfixiaban desnudos y etéreos sin poder ordenar las palabras. Ahora, siento tu voz en la distancia y el deseo, y los aleteos enfurecidos de tu aroma hunden su cabeza en el agua profunda donde bebemos las praderas en las que unos conejos saltan de alegría antes de caer rendidos en el sueño.

Una historia de amor

Alguien ha dado vuelta la hoja del calendario: se termina un año. Mágica cifra que caduca y otra, a la par, que se inicia. Y pienso: "Que no se acabe el que se fue". "¿Por qué?, me dicen. "Fue bueno y tengo un temor irracional a que el futuro se emponzoñe y me ahogue."
El año nuevo se despereza, elonga sus calurosos días del estío rabioso. Y él se para en la puerta a esperarme. Golpea a la hora exacta, que no es hora redonda sino inusual momento fragmentado, y me aguarda. Después me va envolviendo con su boca y sus palabras tejen una red donde quedan atrapados los pájaros de mi risa. Bebemos para cazar el miedo y que deje, por fin, de incordiar con su sermón de párpados caídos y distancias estériles. Por eso, y en pleno desafío de los temores que suben por mis piernas para ahogarme, me sacudo los muslos y acudo corriendo a la cita del día subsiguiente: un café y las historias que se hacen adictivas sustancias que ciñen mi oído con sus labios, que llenan mi pe…