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Mostrando entradas de enero, 2012

Cocinar en la noche

Esta noche estaré en la cocina, junto al fuego: habrá olor de panes en el horno, la salvia flotará con su perfume en la luz amarilla de las ollas, se cocerán los días con aroma de aceites traslúcidos y verdes, tintinearán las copas su cristal fragilísimo y los cuchillos rebanarán las horas para que suelten su jugo y maceren la noche. Las carnes se cocerán en su propio deseo bordeadas por manteles de purísima premura. Las cucharas rasparán con su temple callado de madera los fondos de barro de potajes en los que la luna habrá espolvoreado la harina de la risa. Lloverá a las 21 y 15 cuando suenen tus pasos y la mesa esté lista. Vos traerás la historia que estuviste buscando para darme y yo la beberé como un trago de vida: otra vez será la bienvenida del milagro que nos estaba, sin duda, destinado desde un tiempo infinito que situamos en julio.

Fórmulas secretas

"¿Cómo funciona esto?", se preguntaba mientras hacía un pocito en la tierra y lo llenaba con agua. "Las palabras son brotes", pensaba mientras un pajarito de pico azul echaba unas semillas en el pozo. "Yo digo, él me contesta. Él dice, yo respondo. A veces hablamos a la par y nos reímos. Otras, nos quedamos callados oyendo las palabras que tenemos revoloteando en la cabeza."
"¿Qué debo hacer para que dure siempre?", se decía mientras unos insectos ponían tierra encima de las semillas que estaban en el pozo y la tierra absorbía el agua que hinchaba la simiente y la explotaba. Iban saliendo unas raíces que daban vueltas por los terrones húmedos y se acariciaban de brazo a brazo cada vez más profundo, más adentro, más oscuro.
"¿De qué forma secreta hay que lustrar la vida para que brille en medio de la noche?", se decía mientras el tallo verde crecía como una vara para medir el tiempo de caricias, de besos, de abrazos a través de la noch…

Telar

Hilo.
Y la rueca se mueve.
Hilo.
Y la hebra se tensa, se moja, se hila.
Hilo.
Yo hilo.
Para bordar.
Una figura que tenga tu rostro.
Un rostro que tenga tu boca.
Una boca que tenga tus besos.
Unos besos que tengan tu lengua.
Una lengua que tenga tus palabras.
Unas palabras que tengan tus sentidos.
Unos sentidos que tengan tus yemas.
Unas yemas que tengan tus dedos.
Unos dedos que tengan tus manos.
Unas manos que tengan tu cuerpo.
Un cuerpo que tenga tu rostro.
Hilo.
Yo hilo.

Bautismos

Quiero que sepas mi nombre:
el que tejo con hilo de arañas blancas cuando la luna se esconde y brilla como un camino en medio de la sombra;
el que saben las hierbas que se doblan en su verdor como las sábanas de la tierra;
el que devoran las raíces de los tréboles cuando los pájaros pequeños tironean de ellos;
el que beben las águilas cuando baten con sus alas el viento húmedo de la montaña;
el que tallan los bueyes que trazan los surcos como cicatrices abiertas en el campo;
el que sacude sin cesar el trigal cuando entona su melodía amarilla y madura.
Quiero que sepas mi nombre:
un secreto escondido en el ruedo del tiempo.
Cada vez la copa se vuelca desde una perspectiva diferente.
Tengo alas en la espalda,
pero esta vez no deseo volar para ver desde lejos el dolor de los hombres.
Quiero dormir en el hueco que me hagan tus brazos
mientras decís mi nombre privado
y me hundo en tu boca para nacer entera en tu fe bautismal.

El club de las chicas de Letras (versión 2012)

Las chicas de Letras saben que el lenguaje vence al tiempo, solo porque este necesita del primero para existir. Conocen la manera de reinventarse cada día porque hablan de inacabable interpretación y contexto de producción. Las chicas de Letras juegan con las palabras, las disecan, las fragmentan, las acoplan, las violentan. Se paran en medio de la sintaxis y la patean, dan vuelta la frase como un guante, distorsionan sin paz la concordancia, y cuando todo parece aquietarse toman un verbo, pacífico e inmóvil, y lo lanzan en medio de un sintagma que empieza a rechazarlo, a crear anticuerpos, a encapsularlo para que sepa que no es bienvenido y que nadie le allanará el camino para que alcance al sujeto, ese que se hace esquivo, histérico y fóbico, tácito tal vez. Las chicas de Letras crean sentidos nuevos (por las dudas, al comienzo, no dejes que te toquen), tanto que los pronombres de ser indefinidos mutan demostrativos, o enfáticos; los relativos se vuelven posesivos y no hay imperso…

Aprendizaje

Enséñame a vivir: déjame que resbale por la piel de tu cuello y me mojen las aguas de tu boca. Déjame que perdure en el hilo tendido de tu abrazo y la luna me alcance con todos los perros ladrando en la tormenta. Déjame que te huela, te muerda, te deshaga para que yo pueda, entonces, hacerme a tu medida. Déjame que insista en enredar tu cuerpo, en oír tus relatos, en perderme en tus besos. Déjame que me sepa mutable, taciturna, inexacta, que me habite el aliento de lava del deseo, que pasen huracanes por mi voz y mi risa. Dejame que me demore saboreando tu nombre, tu relieve, tu historia, que queden los objetos suspendidos en el sitio donde todo se estrena, que los pájaros canten y crezcan madreselvas, que te llame dormida y te convoque en sueños, y te busque entre los libros donde habita mi mundo para encontrarte y escuchar los sonidos que producen tus manos. Enséñame a vivir: quiero ser la que llene tus días, tus noches y tus sueños.

Bienaventurados los que se dejen mojar

Quien toca el aire, roza el viento y deja que la lluvia lo penetre y le moje la carne, las vísceras, el alma; ese será salvado del silencio infinito porque todo su cuerpo se poblará de ninfas que nadarán en sus cursos de agua.

Intolerancias básicas.

No me tolero bien a mí misma. Hay momentos en que las vértebras me suenan y ya conozco sus sonidos en la boca del alarido. Se me vuelan los pájaros del alma. Estoy pero no quiero, pero no sé, pero. Hay horas que me incordio, me incomodo, me destrato, en algún efímero renglón me olvido de cómo me obligo a la templanza. Hay días en que querría ni verme, no ser mi vecina más próxima, dejarme esperando en cualquier estación de cualquier ciudad perdida en cualquier mapa. Sufro de intolerancia conmigo más a menudo que con cualquier otra cosa: me descentro de todo y huyo de todas mis ternuras para despejar mis propios pulmones que se ahogan y dicen que no puede ser ya posible que viva así: deshauciándome para perdereme definitivamente escondida detrás del muro que yo misma construyo. Soy un caso imposible para todos: y sobre todo para mí misma.

Elementos

Voy a morder el viento hasta extenuarte a dentelladas; a envolverte en un mar de saliva para que el mundo se disuelva inasible. Voy a besar la tierra lentamente para que el amor te huela a barro, a tormenta de sembrados caóticos y firmes. Voy a mojar el fuego para que te haga sombra sobre la piel ardida y sientas una llama en el centro del pecho. Voy a traer el agua para que te arrastre los días que ya fueron y haga germinar una palabra y luego otra y otra hasta que los vocablos nos doblen la mirada con su peso de sales. Y cuando todo eso haya pasado y estemos dormidos en el tiempo, comenzaré de nuevo para que nada cese y el infinito sea, entonces, música nacida de tus dedos.

De peces y conejos

Ha habido, en otros tiempos, peces que boqueaban en la orilla de mi cuerpo y se asfixiaban desnudos y etéreos sin poder ordenar las palabras. Ahora, siento tu voz en la distancia y el deseo, y los aleteos enfurecidos de tu aroma hunden su cabeza en el agua profunda donde bebemos las praderas en las que unos conejos saltan de alegría antes de caer rendidos en el sueño.

Una historia de amor

Alguien ha dado vuelta la hoja del calendario: se termina un año. Mágica cifra que caduca y otra, a la par, que se inicia. Y pienso: "Que no se acabe el que se fue". "¿Por qué?, me dicen. "Fue bueno y tengo un temor irracional a que el futuro se emponzoñe y me ahogue."
El año nuevo se despereza, elonga sus calurosos días del estío rabioso. Y él se para en la puerta a esperarme. Golpea a la hora exacta, que no es hora redonda sino inusual momento fragmentado, y me aguarda. Después me va envolviendo con su boca y sus palabras tejen una red donde quedan atrapados los pájaros de mi risa. Bebemos para cazar el miedo y que deje, por fin, de incordiar con su sermón de párpados caídos y distancias estériles. Por eso, y en pleno desafío de los temores que suben por mis piernas para ahogarme, me sacudo los muslos y acudo corriendo a la cita del día subsiguiente: un café y las historias que se hacen adictivas sustancias que ciñen mi oído con sus labios, que llenan mi pe…

El amor

Necesito decirlo -que no quede en mi boca-, sacarlo de mi lengua, dejarlo que se airee con el viento, se moje con la lluvia, se ilumine con fuego. Necesito mirarlo con todas mis pupilas, con todas mis pestañas como suaves palotes de crayones. Necesito olerlo para atrapar sus notas de magnolia y de luna, de panes en la mesa, de café en la mañana. Necesito morderlo, pasarlo entre mis dientes, triturarlo y que viaje por el tubo afelpado que sostiene mi cuello. Necesito que sepa a agua, a limones, a almidón y lavanda. Necesito tocarlo, palpar sus humedades, sus durezas, la ternura perfecta que se duerme en los pliegues, estirarlo y que dure aunque lo gaste en cada madrugada. Necesito entenderlo con la cabeza sedienta de mi sangre, con la encarnadura profunda de la idea, con el profuso recuerdo del deseo. Necesito que sea y se haga un sol en medio de lo que fue mi cuerpo. Otra vez.

Los insectos

Se duerme mientras deslizo mis dedos por su espalda como si fueran pasos pequeñitos de insectos que trazan un sendero que termina en el sitio exacto de su corazón. Y allí mi mano pliega sus alas y se pone a dormir también.

Amanecer

Volveré sobre mis pasos en la vereda de la mañana con tus yemas adheridas a mi espalda y de los brotes me nacerán alas.

Tiempo

La piedra está allí: redonda, con aristas, negra, veteada, roja, verde. Si la moja el agua brilla en el silencio que impone su eternidad. La piedra perdura desde que Dios sopló el mundo y el polvo se amontonó, grano sobre grano, bailando en el hálito divino. El tiempo petrificó las grietas por donde los segundos se escurrían, uno tras otro; y no hubo transcurrir, sino, de tanto en tanto, para que piedra y piedra acoplaran sus bordes. Se hicieron las mesetas, los llanos, las montañas, las bahías, los golfos, las delgadas penínsulas, los desafiantes fiordos. Bajaron los ríos y los mares, los lagos, los arroyos y los hondos océanos. Y allí quedó la piedra como marca en la historia de lo que muta apenas, tanto que el ojo no percibe ni la gota que horada ni el viento que erosiona.
Pero se levantaron aldeas, pueblos, ciudades. Los hombres inventaron las guerras, las caricias, el samovar, el pan, las tortas de jengibre, los dulces, los pucheros. Abrieron los museos para colgar los corazones q…

Fotos con "!"

Por alguna razón imposible de comprender para mí, algunas fotos de este blog se fueron. Ni pienso preocuparme. Solo las borraré cuando me vengan ganas. Gracias.
Estoy en un año de no preocuparme por imbecilidades superfluas.