sábado, 21 de enero de 2012

Aprendizaje

Enséñame a vivir: déjame que resbale por la piel de tu cuello y me mojen las aguas de tu boca. Déjame que perdure en el hilo tendido de tu abrazo y la luna me alcance con todos los perros ladrando en la tormenta. Déjame que te huela, te muerda, te deshaga para que yo pueda, entonces, hacerme a tu medida. Déjame que insista en enredar tu cuerpo, en oír tus relatos, en perderme en tus besos. Déjame que me sepa mutable, taciturna, inexacta, que me habite el aliento de lava del deseo, que pasen huracanes por mi voz y mi risa. Dejame que me demore saboreando tu nombre, tu relieve, tu historia, que queden los objetos suspendidos en el sitio donde todo se estrena, que los pájaros canten y crezcan madreselvas, que te llame dormida y te convoque en sueños, y te busque entre los libros donde habita mi mundo para encontrarte y escuchar los sonidos que producen tus manos. Enséñame a vivir: quiero ser la que llene tus días, tus noches y tus sueños.

1 comentario:

Lurio dijo...

Si vives tal y como escribes, nadie necesita enseñarte nada.
Al contrario, el que te acompañe aprenderá y mucho y si no lo hace , allá él.

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