lunes, 16 de enero de 2012

El amor

Necesito decirlo -que no quede en mi boca-, sacarlo de mi lengua, dejarlo que se airee con el viento, se moje con la lluvia, se ilumine con fuego. Necesito mirarlo con todas mis pupilas, con todas mis pestañas como suaves palotes de crayones. Necesito olerlo para atrapar sus notas de magnolia y de luna, de panes en la mesa, de café en la mañana. Necesito morderlo, pasarlo entre mis dientes, triturarlo y que viaje por el tubo afelpado que sostiene mi cuello. Necesito que sepa a agua, a limones, a almidón y lavanda. Necesito tocarlo, palpar sus humedades, sus durezas, la ternura perfecta que se duerme en los pliegues, estirarlo y que dure aunque lo gaste en cada madrugada. Necesito entenderlo con la cabeza sedienta de mi sangre, con la encarnadura profunda de la idea, con el profuso recuerdo del deseo. Necesito que sea y se haga un sol en medio de lo que fue mi cuerpo. Otra vez.

1 comentario:

Lurio dijo...

Lo he intentado pero no se me ocurre ningún comentario que a la altura de lo ya escrito quede, así que, callar prefiero y volver a leerlo.

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