jueves, 2 de febrero de 2012

Amor líquido

Cae la lluvia y las calles se anegan como surcos.
Cae la lluvia y las esquinas desaparecen convertidas en Venecias imprevisibles.
Cae la lluvia y canta en las alcantarillas vacías con gorgoteo de burbuja.
Cae la lluvia y susurramos para que se nos mojen los besos que nos caen.
Cae la lluvia y los verbos se nos llenan de líquenes mientras los dejamos resbalar por nuestros cuellos.
Cae la lluvia y el musgo se extiende en nuestra lengua mientras los sustantivos florecen como medusas y nos nombran.
Cae la lluvia y se azoran los adjetivos en la sintaxis líquida de los cuerpos inmóviles y plenos.
Se desgajan los pájaros de la tibieza en nuestras espaldas adormecidas y desnudas.
La lluvia es una ola de oxígenos abrasivos que lo desviste todo aun los brazos que se anudan
y cae, cae, cae
en la noche distante,,
en los huesos, en la piel,
en la sangre que rueda, se moja, se habita con algas, con peces, con espuma.
Cae la lluvia porque el amor es agua que no cesa.

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