lunes, 27 de febrero de 2012

Mariano Levin: Hace dos años

Querido Mariano:
Donde sea que estés (quizá con tus huesitos hechos polvo de estrellas bajo el sol y la lluvia de La Tablada), querría que escucharas lo que tengo para decirte.
Sabés cuánto me ha costado. No podés no haberlo imaginado: a una trotskista de las emociones -como te gustaba decirme- era lógico que esto le fuera tan caro. Al principio no hacía otra cosa que llorar. Necesitaba vaciarme hasta el final, que no me quedara lágrima por llorar. No podía comprender cómo alguien puede desaparecer de la vida en apenas siete horas y con tanto aún por vivir. Porque es preciso que sepas también que, a los vivos, siempre nos toca la peor parte; porque tendemos cada noche la mesa y nadie llega a cenar: el mantel se llena de migas, se pudre la comida y los insectos empiezan a rondar.
Después pasó lo de Pablito y solo te pude recordar cuando él se dormía en mis brazos. Vos sabrás disculparme, pero él estaba vivo y eso era lo más importante que yo tenía que hacer.
Intenté seguir con mi vida, como cada día, pero ya nada era igual. Porque -vos deberías haberte dado cuenta- no fue solo que te hubieras muerto; es que junto con vos se disolvieron mis nombres, los juegos que teníamos, los panes para tus pajaritos, tu risa encantadora. Pero la vida es una pulsión ineludible y-debo reconocer yo ahora- me dejaste rodeada de gente que yo no conocía y que me quiso bien: Lis, Andrea, Eleonora, Silvia, Jorge y tanta gente más.
Aprendí mucho, Levin: a mostrar mis debilidades, a aceptar que no puedo todo ni puedo sola. Te hice caso y me mostré. No fue tan difícil y trajo todo lo que vos me habías prometido que sucedería.
Intenté querer algunas veces y no pude, Mariano. Te habías transformado en un relato épico para mí. Y los héroes son imposibles de imitar. Tal vez mi corazón necesita más tiempo. El amor no es una figurita que se reemplaza: es un álbum que tiene diferentes siluetas y cada una tiene su propio lugar.
Quiero que sepas que hay días en que te pienso y otros en los que me olvido de vos. Al principio necesitaba nombrarte, ahora ya casi no lo hago: no es que te haya olvidado es que la vida va limando la angustia, inclina a la aceptación de lo irremediable, transforma el dolor agudo en una pena dulce y triste que llega por oleadas como el mar.
Así que quedate tranquilo, Mariano Levin, ahí donde fuera que estén tus huesitos de polvo de estrella y tu alma entrópica y navegante; una trotskista de las emociones como yo iba a pelearla hasta el final.
Te quiero porque la gente buena que nos hizo felices siempre se sigue queriendo .
Ya te dije que el Amor es la única puerta que la Muerte no puede atravesar.
Besos besos besos
Julie-Julis

3 comentarios:

GUÍAS DE PRÁCTICA CLÍNICA dijo...

Gracias por enseñar de qué se trata el amor genuino, y por acercarnos a las emociones que nos empeñamos en alejar. Buena vida.

Natacha dijo...

Gracias por enseñarnos lo que es el amor legitimo, y por acercarnos a los sentimientos que nos empeñamos en alejar. Buena vida.

La Co dijo...

Hasta las lágrimas.
Hasta la sonrisa,siempre.

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