domingo, 26 de febrero de 2012

Una tarde de domingo


Siempre quise las tardes de domingo. Tienen eso de sol y brisa fresca que me trae la nostalgia de la infancia que no pude tener. El aire se riza entre los árboles , sacude las hojas estivales y desnuda el calor. Me gustan las tardes de domingo porque son silenciosas de dicha y se siente el pasar de las hojas al leer. Sobre el olor de la mesa de madera quedaron las copas y las risas de tus hijas que se alejan. Rozo tu espalda suave para que duermas y en las grietas delgadas de los segundos, tu respiración se entrega a mi cuidado otra vez. Me gustan los domingos acodada en un rincón de tu cocina mientras te escucho hablar y mis ojos se llenan de burbujitas verdes: tan simple como el correr del tiempo que siempre va más allá.

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