Reptil

Cuando posaste tu mano sobre mi piel, me transformó en lagarto y mis escamas eran de acero. Lentamente me senté a mirar de qué escuálida forma se te iba la vida. Sin inmutarme porque, ya se sabe, los reptiles tenemos sangre fría.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Mi familia/ Pespuntes azules

Leer: la mirada de los otros

La mujer incorrecta