lunes, 17 de septiembre de 2012

El tiempo

El cansancio y no tener el tiempo para pensar que no hay tiempo para hallar el momento del descanso. La agonía del tiempo: verlo morir segundo por segundo y decir qué cosa estúpida eso de mensurarlo cuando cae la lluvia sin cronómetro sobre las paredes cerosas. El tiempo en que apoyo la cabeza en la almohada, digo se terminó y sé que estoy mintiendo; porque, en la oscuridad, mutan los signos que lo mensuran todo. Hasta el aire que sacude mi sangre, la oxigena de golpe y se lleva lo que queda en la noche latiendo dentro del saco del sueño. El tiempo que se fue sin que lo haya sentido y lo dejé partir en astillas saltando contra el viento. El tiempo en que lloré y ya te habías ido, lejos, a un mundo inaccesible, opaco, taciturno. El tiempo de las puertas que se cierran, golpéandose bajo el sol del desierto. Después me siento en el umbral y dejo pasar el tiempo: que entre, que ocupe todo con su infinito presente, que se haga el dormido y me deje unas horas en paz sin nada que me atormente: ni la costura, ni los hijos, ni la leche en el fuego. Sola de soledad profunda, abstraída de todos los relojes, de todos los espacios, en la profunda pradera del silencio.

1 comentario:

Anónimo dijo...

que bueno, Juli! Andi

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