El tiempo

El cansancio y no tener el tiempo para pensar que no hay tiempo para hallar el momento del descanso. La agonía del tiempo: verlo morir segundo por segundo y decir qué cosa estúpida eso de mensurarlo cuando cae la lluvia sin cronómetro sobre las paredes cerosas. El tiempo en que apoyo la cabeza en la almohada, digo se terminó y sé que estoy mintiendo; porque, en la oscuridad, mutan los signos que lo mensuran todo. Hasta el aire que sacude mi sangre, la oxigena de golpe y se lleva lo que queda en la noche latiendo dentro del saco del sueño. El tiempo que se fue sin que lo haya sentido y lo dejé partir en astillas saltando contra el viento. El tiempo en que lloré y ya te habías ido, lejos, a un mundo inaccesible, opaco, taciturno. El tiempo de las puertas que se cierran, golpéandose bajo el sol del desierto. Después me siento en el umbral y dejo pasar el tiempo: que entre, que ocupe todo con su infinito presente, que se haga el dormido y me deje unas horas en paz sin nada que me atormente: ni la costura, ni los hijos, ni la leche en el fuego. Sola de soledad profunda, abstraída de todos los relojes, de todos los espacios, en la profunda pradera del silencio.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
que bueno, Juli! Andi

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