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Mostrando entradas de noviembre, 2012

Portate bien/Empezar a pensar qué hacer con los chicos en la escuela hoy

No te muevas, no te pelees, no contestes, no hagas eso porque no es el momento, no escribas con esa letra inentendible, no hables , esperá tu turno, no te olvides de tu tarea, leé este libro, hacé estas cuentas, no salgas al patio en este instante porque no es el instante, no mastiques chicle, no comás, estudiá todos estos datos, sentate, parate, vení al frente, andá al fondo, escribí, borrá, así no, así sí. Y las palabras terminan pesando tanto que aplastan, liman bordes y diferencias, aburren, se vacían.
Portate bien. ¿Bien? ¿Qué es bien? ¿Lo contrario de mal? ¿Y qué es mal? ¿Mal es para todos igual?
A veces desconfío de mí misma. ¿No será mejor empezar a decir: podés elegir qué hacer y aprender a hacerte cargo de cada cosa que elegís? La escuela tiene reglas para funcionar, y, como en toda comunidad humana,  uno puede respetarlas o trasgredirlas y cada cual no se porta bien o mal por hacerlo, simplemente debe saber qué está eligiendo y hacerse cargo. No puede ser que l…

Juicio ESMA

Voló tu cuerpo nuevecito en caída libre sobre el agua. Yo no lo vi. Alguien me lo contó. Y me dijo que tenías mis besos prendidos como estrellas. Y me dijo que te hiciste luz cuando las aguas se abrieron para dejarte pasar. Los peces se detuvieron y la espuma te abrazó. Yo te sostuve en mi memoria, pero me hice adulta mientras vos siempre tuviste esa edad en que la vida es brillo, y el amor es todo lo que se precisa saber. Voló tu cuerpo y el agua fue una cuna para tu cuerpo de ahombre, para mi otra mitad.

La muerte

Voy a ponerme mi vestido verde.
Con mis zapatos amarillo limón.
Voy a peinarme con un lazo menta.
Voy a sacar mi silla azul.
Va a pasar una golondrina violeta.
Y una mariposa naranja emperador.
Van a temblar las margaritas blancas.
Va a brillar espeso el sol.
Va a caer una lluvia celeste.
Van a crecer las lilas perfumadas.
Voy a mirar mi relojito negro.
Voy a beber un té color de miel.
Pero vos,
vos no vas a volver.

Polisemia

Verbo incluida yuxtapuesta conjugación género modo personas nominalizar pasivación el sintagma el paradigma núcleo sema fonema morfema constituyente construcción circunstancial directo subjetivo objetivo predicar proposición:
el lenguaje, ese gigante que no cesa de proliferar.

Pespuntes del amor

Cuando me alcance el viento con sus crepitaciones voy a ponerme otra vez tacones altos.
Tanto que alcanzaré las ramas más altas de los paraísos y sus flores doradas.
Tanto que la fatalidad mojada de la luna se posará en mis cabellos y yo andaré con mi vestido negro como las golondrinas de verano por ahí.

Cuando me alcance el viento con sus dulzuras raspadas de feriado me esparciré espejitos por los ojos y la luz tocará mis pupilas para entrar hasta el hueco de mi ensangrentado corazón.
¿Y qué dirán las venas cuando se columpien sobre el lecho florido?
¿O las arterias cuando se despierten de su sueño de volcanes dormidos?

Cuando me alcance el viento con su lengua alrededor de mi cintura voy a saber.
Habrá miles de grifos abiertos en el aire por donde manarán fuentes de grillos y luciérnagas de gasa sobre los calendarios que acabaron por fin.

Cuando me alcance el viento con su soplido de sentidos dispersos sin parte racional diré las palabras que se duermen en el vaivén de un piano y, e…

Amores náufragos: o cómo nadar en el recuerdo

Los amores que naufragan en las aguas turbulentas de la muerte se quedan sin orillas, se quedan sin mañana ni futuros. Los peces los habitan porque se van vaciando para llenarse de recuerdos que tienen luminosas fragancias.  Y los chicos les tiran piedritas que rebotan, y ellos -amores naufragados, amares que se quedan sin ropa, desnudos, tiritando- ellos no tienen cuerpo y las piedras los atraviesan con su pura tristeza.  Si vos supieras,  si tan solo tuvieras la posibilidad de saber cómo es vivir queriendo estos casi tres años con la piel enredada en las algas,  si tan solo pudieras verme buscar como una loca entre tus cartas las palabras que dijeron que ibas a morirte y hallar dibujos, flores secas, caracoles, ramitas, papelitos pegados y plegados, alas de mariposas,  si vos supieras... pero cae la lluvia otro día y lava los cristales y no te veo ya del otro lado poniéndole miguitas a cada pajarito.  Y es temporada de tilos en las casas. Y bailo. Sola.  Los amores que mueren de pronto, sin…

Reflexión

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Una reflexión:
Yo fui una niña solitaria. De esas de vida interior. No había peor mal que ir a la plaza. Desde que aprendí a leer, me la pasaba entre libros y ahí era feliz. Mi papá me traía todos los viernes, cuando volvía de su trabajo, unos libros con unas muñecas de cartón y ropa para recortar que se sostenía con unas pestañas. Yo aprendí a dibujar haciéndole nuevas ropas a esas muñecas y entonces empecé a ocupar mis horas en leer y dibujar hasta que descubrí que también podía escribir. Creo que no tenía más de diez años. El mundo fue entonces perfecto: podía olvidar el desamor violento de mi madre inventando historias donde las mamás siempre querían, cuidaban y salían a jugar. Un día, mi papá me construyó un mueble. Era muy habilidoso con la madera mi papá (y era alto, lindo y el mejor de los papás cuando lograba ocultarse de mi madre). Era un pizarrón verde con un escritorio. Ese día empecé a jugar a la maestra. En la casa de la calle Plaza, en Belgrano R, yo ponía en fila a mi…

Después de las tormentas

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Cayó la lluvia y los cristales se lavaron. Hacían ruido a música entre las hojas, mientras su superficie se pulía y el aire se llenaba de jazmines y de tierra mojada. Yo no tenía frío, y no pensaba en otra cosa que en las migas húmedas de los pájaros y el musgo que, a veces, crece en las fuentes donde el agua se estanca. Mi vestido era una lengua verde y flotaba en la electricidad azul de la tormenta. Había remolinos de fragancias que yo desconocía anudados como lazos en mi cintura fina, y el cabello lloraba agua de cielo que se anegaba en el hueco de mis clavículas donde bajaron las mariposas para saciar gotita a gota su sed insectiva. La lluvia entonces rebalsaba mis óseos bebederos y caía mojaba por mi pecho pequeño, se anidaba en mi vientre de húmeda llanura, bajaba por mis muslos delgados, mis tobillos y se hacía charco sin que yo me moviera en medio de las gotas que lamían mi piel, mi cuello, mi boca. Después el sol reverberó en las diminutas lagunas y yo extendí las alas para …