domingo, 30 de diciembre de 2012

Carta para Maïa al final de 2012

Buenos Aires, 30 de diciembre de 2012
Mi querida, mi pequeña querida:
Espero que al recibo de la misma te encuentres bien. Acá las festividades del fin de año han llegado con mucho calor y sin un mar donde refrescarnos. Pero no es este el motivo de mi carta, ya tendremos tiempo para decirnos nimiedades así.
La razón por la que te escribo es para proponerte un sueño, de esos que se tejen con hilos de rocío en telares de hada. Si todo sale bien, este año que comienza podría viajar para visitarlos. Desearía hacerlo en julio; pero septiembre es también un buen momento. Te ofrezco unos días las dos solas, vos y yo, en París. Pasearíamos por la orilla izquierda y la derecha contándonos cuentos de cosas que todavía no pudieron suceder, tomaríamos el té en la confitería verde y rosada del Musée d'Orsay donde parece que una está adentro de un pastel, subiríamos juntas hasta la punta de la Torre e imaginaríamos que somos pájaros a punto de volar entre la bruma de gasa gris, nos atragantaríamos, con los dedos y la ropa manchada, con todas las frambuesas que encontrásemos al caminar y tomaríamos millones de helados de chocolate de Berthillón, visitaríamos el Jardin des Plantes y el carrousel de Sacre Coeur en un día de lluvia en el que la tristeza sabe a dolor de princesa que no tiene lo que hacer, comeríamos crêpes en todas las esquinas y nos chorrearíamos los dedos de Nutella mientras nos reímos de todos les mesdames et messieurs. Te llevaría a conocer a Le dame et la licorne y te explicaría, a través de los tapices,  cómo solo se puede ser feliz si el deseo entra por los sentidos; después nos deleitaríamos con los peines, espejitos y cofres de la Abadía de Cluny. Por la noche, después de bañarnos y cenar, caeríamos rendidas en sábanas de seda hasta el siguiente y límpido amanecer. Compraríamos chucherías, pasearíamos por Place Vêndome, nos recostaríamos en los bancos del Jardín del Musée Rodin y les veríamos los pies a los reyes en Saint-Denis, cruzaríamos corriendo todos los puentes y nos extasiaríamos con las flores de lis de Sainte-Chapelle, pensaríamos que somos Esmeralda en Notre-Dame y María Antonieta yendo en el RER a  l'Orangerie.
Querida mía, mi pequeña querida: dicen que los sueños se hacen realidad si una los piensa todos los días. Espero que desde Marsella vos también empieces a pensar.
Feliz 2013.
Nos vemos pronto, Maïushka.
Je t'aime; je t'aime; je t'aime...
Beacoup de beacoup.
Un beso inmenso de alas vaporosas como suelen ser los besos entre hadas.
Llevo libros de cuentos, pero todos en español para que tu papá no me rete.
La tía Julieta

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