jueves, 27 de diciembre de 2012

Helado de frambuesa

La de las mesas redondas era París. A veces la memoria mezcla los tantos. Circulares y mínimas, donde las miradas y los cuerpos se rozan y no hay espacio para más que dos. Y los demás, aunque estén cerca, se subieron al Metro y están a cinco mil años luz. Mesitas como redondeles brillantes donde se baja la cabeza y se susurra para que nadie -los otros inexistentes- oigan las palabras que se derriten.
-¿Qué va a tomar?
-Un helado de frambuesa.
-Pero esto es un café. Y en los cafés de mesas redondas no servimos helados de frambuesa.
-Pues, le voy a decir que hacen muy mal. En todos los cafés deberían servirlos. Sobre todo si se acerca el final de un año e inauguramos un calendario que ya hemos dibujado con pinceles de colores. ¿Cómo no van a tener helado de frambuesa? ¿Con estas mesitas que son como secretos, como rueditas que aceleran las pulsasiones? ¿No oye mi corazón que gotea como si estuviera lloviendo aquí, justo debajo del esternón, en ese huequito donde se oculta el sol?
-Ahora que lo dice, sí, lo oigo. Es un sonido de brisa sobre...
-Sobre campos de amapolas.
-Por supuesto. Amapolas. Yo conocí una chica que se llamaba Antoinette y tenía el pelo negro como la tarde y los ojos mojados de estrellas. Y usaba vestidos de seda roja que parecían amapolas. ¿Qué habrá sido de Amapola Antoinette?
-Ve lo que le digo. Estas mesitas remontan sus recuerdos.
-Tiene razón.
-Entonces, ¿me traería un helado de frambuesa? Pero que sea en una copa de cristal azul, con una larga cucharita que se ponga muy fría y me duela en el paladar. Arriba del helado, deje caer mis sueños. Los tengo acá, en este pañuelito que doblé en dos.
-¿No será usted Antoinette?
-No. Yo soy solo Julieta. ¿Lo hará?
-¿Y el caballero?
-Eso se lo dirá él. Y después, cuando nos vea enredados en las cintas  de las palabras, déjenos hablar sin interrumpir, recuerde a Scherezade, sáquese el delantal y corra a buscar a su Amapola Antoinette. Seguro que, en un balcón, ella lo espera para decirle hola a un nuevo año. Y tomen un helado a nuestra salud.

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