sábado, 29 de diciembre de 2012

La hora del silencio

No importa por donde empiece,
de nuevo otra vez llegaré hasta allí.

(Parménides, 4)
No diré ninguna palabra.
Dejaré que el vacío se llene con mi aleteo temeroso de pájaro,
que me habite la fragilidad en una esquina de mis remolinos
donde el viento se acuna con la lluvia.
Dejaré que se haga ancha la curva de mis piernas delgadas
y mi nuca se desnude con el perfume nocturno de los muros.
Que haya luz en partículas granulosas y densas
y el agua se derrame en los huecos del aire.
Me callaré cuando mi boca se entreabra
y el mar sea un aroma en mis cláviculas aladas.
Nadie sabrá mejor que el tiempo lo que debe ocurrir.
Por donde sea que comience siempre llegará la hora en que prefiera el profundo silencio

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