viernes, 4 de enero de 2013

3 de enero

No querría que el agua me borrara el perfume, el saturado aroma del abrazo, la línea de tus dedos rozándome. Estoy encerrada en una cápsula donde revivo una y otra vez los instantes en que volví a ser feliz con la forma infantil de la simpleza. No quiero que me hablen: no deseo tranformar el ayer en tercera persona, quiero que sea un infinito diálogo entre vos y yo. La luz entraba matinal y perfecta, y yo cabía en tus brazos para que nada, excepto tu mirada, pudiera alcanzarme en el sueño. Reviso las palabras para que me enseñen a comprender el encuentro. Solo deseo que me hables con esa voz suavísima de palabras que no son de esta lengua ni de otra: son solo tuyas. En ellas vuelvo a dormirme hasta que entre el sol y su luz resulte fosforescente sobre mi piel desnuda.

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