domingo, 6 de enero de 2013

5 de enero: Les téléphones

Almas de ráfaga en vientos desmadrados.
Nocturnidad sin puentes ni ríos ni tímidas hierbas creciendo alrededor.
Una veleta boba que no sabía muy bien dónde apuntar.
Una mano.
Unos números en serie caprichosa
y el inefable misterio de la voz.
Sílabas como guijarros a través de las fibras.
Relámpagos de incierta luminosidad.
Hablantes que se quedan en silencio.
Luego evocan a Van Gogh.
Puertas que se abren a la luz estival.
Esa otra lengua, esta otra, y la que se comienza a inventar.
El reflejo del agua debajo del velador y el vaso color fucsia.
La extrañeza de extrañar.
Un teléfono de línea acrecienta la intimidad porque es posible imaginar el lugar en que esa voz -la de la otra lengua-, habla con esta voz -la de esta lengua- y la alquimia del verbo inventa una lengua que deja caer agua sobre la risa y las memorias que vendrán.
Más allá de Joyce, Ulises era un marino surcando islas de piedra emergidas del mar, mientras los dioses se divertían dibujando su destino fatal. Ulises, su nostos y un reino donde espera el amor.
Las palabras son rápidas y efímeras embarcaciones deslizándose en el agua azul de la oscuridad.
Cuando cortan, los hablantes de lenguajes inventados duermen acunados en la sintaxis de su calor.

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