6 de enero: Des/azar

En la húmeda planicie de tu cuerpo:
redonda boca donde sumerjo mis manos para volver viva.
Cantan los pájaros a la hora en que todos se duermen
y nosotros hablamos con palabras desnudas,
con besos deslizados sobre la espalda,
con roces apenas dibujados.
De tanta fragilidad se anochece la risa
como una enredadera verde en los brazos.
No sé cómo será,
pero hablan los árboles como prehistóricos gigantes.
Me quedo con tu perfume adherido a los dedos,
vuelvo a olerlo cuando me mezclo con la gente en el regreso.
Es un aroma a lluvia,
a peces sorprendidos en el agua plateada,
a dos veces que destruyen el atajo azaroso.
Después dormimos juntos que es mucho más que compartir la sábana.

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