martes, 29 de enero de 2013

Danza de la lluvia (Para el viernes)

Desde acá te convoco
Que caigas estrepitosa y mansa en la ciudad dormida.
Que mojes cada hueco caliente y salga vapor oxigenado.
Que se hagan agua alcantarillas, parques, corredores viales, rampas, esquinas.
Que la gente se quede guarecida en sus casas mientras del cielo caen baldes, sapos, culebras, rayos, centellas.
Que no alcance un paraguas ni dos ni tres ni tan siquiera cuatro.
Que haya chaparrón, tormenta, tempestad, aguacero.
Que las bocas de tormenta floten en agua de sí mismas y sean surtidores por donde broten peces, algas marinas, medusas y tortugas.
Que las calles se vuelvan largos ríos de orilla a orilla y todos se lancen a hacer sus propios anchos o largos mientras los colectivos van y vienen en su función de oleaje.
Que llueva.
Pero que llueva mucho.
Que no deje de llover ni un segundo.
Nosotros miraremos detrás de los cristales cómo el verde revive
mientras la luz se va, desaparece, se deshace
y vuelan gotas de agua en nuestros brazos.

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