martes, 15 de enero de 2013

Despertares

Ha salido el sol. Leo y tomo café en la cama. Sigo en piyama. Hay un benteveo que llama, cantos de pájaros que desconozco. La luz es amarilla y estival. Es como si trajera el calor en gotas de agua. Atrás se oye el ruido del mar que no está a más de media cuadra del borde de mi cama. En unos minutos me desvestiré, me daré una ducha y me pondré la ropa para el mar. Caminaré los diez kilómetros que hago cada mañana y sentiré que nada es más bello que el aire salado, el sol multiplicado en el agua y la inmensidad de la arena blanca y desierta. Mientras camine, pensaré en algunas personas en las que me gusta pensar. Miraré los perros zambullirse en la espuma y observaré las dificultades de las golondrinas al intentar volar contra las corrientes de aire. Sentiré esa satisfacción puramente corporal que otros llaman salud y para mí es la revelación de que la alegría tiene que ver con una cabeza feliz en su cuerpo y al revés. Pero ya la tierra ha girado; porque la luz del sol se escapa de mis sábanas. Es hora de empezar. Buenos días.

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